Conoce a la abuelita luchadora
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Tiene 75 años y radica en Neza
Tvnotas.com.mx informa que atentos y guardando respeto, un grupo de jóvenes luchadores rodea el cuadrilátero de un gimnasio en Nezahualcóyotl, Estado de México. Al centro del ring, la instructora, una mujer de 75 años, con cabello rojizo y de baja estatura, se prepara a recibir la embestida de Payaso de Rodeo, luchador robusto y ágil que se lanza rápidamente frente a ella. Justo antes del impacto, La campeona, como fue conocida durante 55 años de trayectoria en la lucha libre mexicana, alarga su brazo derecho, rodea el hombro de su contrincante y con una sutil maniobra hace palanca con el izquierdo derribándolo. Son las 8 a.m., y la clase de este deporte a cargo de Irma González, acaba de comenzar.
Con un caminar dificultoso por una lesión en las rodillas que le afecta desde hace años, Irma da indicaciones a sus pupilos. Después del despliegue físico delega la supervisión de la lección a Payaso de Rodeo, al tiempo que ella baja del ring y se dirige a la banca donde la esperamos para charlar:
A pesar de los años aún cuentan con la agilidad para aplicar las llaves.
-Doña Irma, ¿a qué edad comenzó a practicar la lucha?
“Desde niña me desenvolvía en el circo, porque mi padre era dueño de uno, ahí era acróbata y contorsionista, andaba de allá para acá. Pero de pronto un día el lugar se quemó y tuvimos que mudarnos a casa de mi abuela paterna, en la zona norte del DF. Vivíamos en una vecindad y un día, a mis 13 años, una vecina me invitó a participar en un evento, porque les hacía falta una luchadora para completar el programa que se presentaría en Puebla. ‘Pero yo no sé nada de lucha’, le respondí; eso sí, era atlética por mi pasado circense. ‘Tú no te preocupes, no vas a hacer nada, sólo te subirás y agarrarás de las cuerdas’, me contestó, y me convenció”.
-¿Tenía miedo de lo que pasaría en el ring?
“No, porque confié en mi vecina, pues me hizo aceptar sin pensar tanto en que podía lastimarme y hasta me prestó un traje bien chulo, con capa, que me gustó mucho; nomás que no me imaginaba lo que vendría, porque cuando me subí echaron para abajo a mi compañera y se dejaron venir hacia mí, me jalaron para la tercera cuerda y me dieron hasta que se cansaron”.