Crear no restaurar (II)
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“El poder arbitrario es
una tentación natural
para el gobernante”,
Jonathan Swift
Bienvenidos César Camacho e Ivonne Ortega, nuevos dirigentes del PRI, garantía de transformación.
Ahora les comparto algunas reflexiones de otros ex presidentes.
Humberto Roque Villanueva, último dirigente del PRI en el período hegemónico, en 1997, con el Presidente Ernesto Zedillo, afirma:
“El único capaz de impulsar cambios de fondo a las estructuras políticas, económicas y sociales del país es el jefe del Ejecutivo federal y en esa responsabilidad, Enrique Peña Nieto, tendrá que contar con un partido fuerte”.
“Al presidente le corresponde ser factor de unidad dentro del gran espectro de las fuerzas políticas nacionales”.
“Para mí, no hay más que una forma de enviar un mensaje de unidad nacional y es con la integración del gabinete, que refleje un México plural e incluyente, lo cual no quiere decir invitar a los adversarios”.
“La sociedad mexicana tiene más pluralidad, más divergencias y por lo tanto se requiere un ejercicio de unidad nacional”.
“La relación del PRI con el presidente debe ser cercana, respetuosa, equilibrada. No creo en la sana distancia, sino en la cercanía, en la intercomunicación de tesis, de programas, de ejercicios autocríticos y de acuerdos de solidaridad”.
“El problema número uno del partido es la imagen de los gobiernos estatales, por los que la sociedad nos juzga, aunque también ha descuidado sus estructuras y sobre todo a los jóvenes”.
“No hay un gobierno en el mundo que no tenga ciertos rasgos de autoridad…”.
“Ahora, hay que esperar una curva de aprendizaje del gobierno entrante porque los panistas nos dejaron un país literalmente en ruinas”.
María de los Ángeles Moreno Uriegas, la primera mujer que condujo al partido, de 1994 a 1995, en el sexenio de Ernesto Zedillo, destaca:
“El PRI debe abrirse a la autocrítica, supervisar el desempeño ético de sus gobernantes y legisladores. Debe fortalecer a la sociedad civil para que haya democracia”.
“La relación con el Presidente debe ser de entendimiento, de respeto y de comprensión porque compartimos un programa de gobierno que es para los ciudadanos”.
“Le toca al Estado la obligación de poner orden, pero con la ley en la mano, no con arbitrariedades”.
“Respaldar al presidente es sustancial. En cualquier sistema democrático, un Presidente es apoyado por un partido de manera muy decidida, pero el PRI debe ser autocrítico, no sumiso”.
“Con derrotas, el PRI pagó sus errores. Nos alejamos de la gente. Por un lado iban las políticas neoliberales y por el otro el partido”.
“Ahora se debe exigir a los representantes que rindan cuentas y que haya una lucha a muerte contra la corrupción”.
Fernando Ortiz Arana, condujo al priismo de 1993 a 1994, en el gobierno Carlos Salinas, afirma:
“El Partido debe mantener su autonomía e independencia del gobierno, no debe ser un apoyador incondicional y con capacidad de crítica y rechazo a políticas que no correspondan a nuestros principios”.
“Debe ejercer sus funciones de fuerza política, que no haya sometimiento”.
“El PRI debe responder a la confianza de los electores, con soluciones reales. Peña es un priista y tiene que vérsele muy cercano al partido”.
“Cuando gobernamos cometimos muchos errores, pero ya aprendimos y ahora nadie viene a restaurar el pasado, sino a innovar”.
“En relación a los viejos políticos priistas, muchos ya se murieron, a los dinosaurios no les queda ni la cola”.
Pedro Ojeda Paullada, ex presidente del PRI de 1981 a 1982, con José López Partillo, afirma:
“El partido no se tiene que reformar; debe integrarse mejor porque un buen político se hace en las circunstancias de la sociedad”.
“No voy a hacer un catálogo de errores pasados, sólo digo que los nuevos se pongan abusados, sean sencillos, humanos, inteligentes, que hagan bien las cosas y actúen conforme a la ley”.
Gustavo Carvajal Moreno, presidente del PRI de 1979 a 1981, con José López Portillo, precisa:
“Hay que buscar nuevas dirigencias que releven a líderes de hace 30 y más de 50 años para que la gente vuelva a creer. Se debe expulsar a los que roban y venden posiciones”.
“El jefe del partido es el presidente de la república, pero éste debe oír”.
“El declive del PRI quedó marcado cuando se cerró y dejó de hablar con la gente. Entonces, un grupo de priistas pensó que tenía la razón y aplicó cambios sin consultar, sin negociar”.
“Esperamos que Peña sea garantía de lo que fue el PRI, gestor permanente de la población”.
“En este momento el PRI no puede ser el que maneje solo al país, sino debe apoyarse en los mexicanos. El Presidente tiene que demostrar carácter y cumplir”
“El priista ideal es una persona honesta, que dialoga, escucha y convence”.
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