Debate y educación: Lo esencial que nadie se atreve a tocar
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El pasado domingo 6 de mayo los mexicanos interesados en el futuro del país –por encima de la liguilla del futbol mexicano- tuvimos oportunidad de presenciar el primer debate entre los candidatos a la presidencia de la República.
Independientemente de la pésima producción del encuentro entre candidatos y de que el formato acordado por ellos y sus equipos de campaña fue tan rígido que difícilmente puede considerarse realmente un debate, el programa de dos horas pudo darle a todos los mexicanos una idea de quiénes son, cómo se comportan y qué piensan e incluso -en fugaces momentos- qué proponen los ciudadanos que aspiran a ocupar el ejecutivo federal durante los próximos seis años.
Uno de los temas tratados en este primer debate fue el de la Educación. La pregunta concreta fue: ¿Cuáles son sus propuestas para mejorar la calidad de la educación en México?
Contrario a lo que afirma el dicho popular, en este caso, “la respuesta sí se hizo esperar” porque los candidatos a esas alturas de la transmisión estaban enfrascados en atacar y responder ataques de sus rivales de los otros partidos. De manera que el candidato del PRI-PVEM no dijo prácticamente nada sobre el tema, al igual que el candidato del PRD-PT-Movimiento ciudadano que se limitó a seguir hablando del “grupo que tiene el poder y es dueño del país”. Por su parte, la candidata del PAN ocupó esa intervención para decir algo de la propuesta sobre el campo que no había tenido tiempo de tocar en su momento y a responder al cuestionamiento de sus inasistencias a la cámara de diputados.
El candidato del PANAL, a quien muchos dieron por ganador en el post debate, fue el único que respondió concretamente a la pregunta tomando como línea central de su propuesta la profesionalización y revaloración de los docentes del país, mediante su formación en las universidades para lograr una mejor calidad profesional y un reconocimiento social que es indispensable para que puedan encabezar el trabajo hacia una educación de excelencia que apoye al desarrollo del país.
Si bien se trata de una propuesta esencial para el cambio educativo, lo lamentable es que no sea creíble viniendo del candidato que representa los intereses de la lideresa vitalicia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) que ha sido un factor fundamental para bloquear y cancelar todas las propuestas de política pública orientadas hacia la mejora de la calidad, la más reciente de ellas la evaluación universal de los docentes que fue boicoteada hasta lograr su posposición.
La candidata del PAN retomó en su siguiente intervención el tema educativo para hablar de su propuestas de becas, de “escuelas de tiempo completo” – una propuesta inútil mientras no se reforme lo que pasa en los espacios escolares- y mencionó de manera no explícita a la profesora Gordillo –o eso quise entender- diciendo que iba a luchar porque “nadie tuviera los privilegios para manipular la educación hacia sus intereses particulares”.
Este fue el único instante en el que de manera implícita se mencionó al personaje que ha detenido los cambios estructurales de nuestro sistema educativo y que mantiene en la opacidad total al SNTE “por estrategia política” como ella misma ha declarado.
Sin embargo, si se analiza el problema educativo del país, sobre todo a nivel básico y medio superior, se descubre con relativa facilidad que el problema fundamental de cuya solución depende el futuro de la formación de los niños y jóvenes y en alto grado el desarrollo de este país, es precisamente el de la relación estructural viciada y perversa entre el SNTE y la Secretaría de Educación Pública (SEP) que hace inviable el ejercicio del gobierno y otorga facultades al sindicato más allá de su función central de defensa de los intereses de los trabajadores de la educación.
Pero es tal el poder que aún tiene este personaje de nuestra vida pública que aún cuando toda la noche y especialmente cuando se tocó el tema educativo estuvo presente como un fantasma en el estudio, jamás fue mencionada abiertamente.
Las frases desgastadas que han usado todos los candidatos y presidentes en los últimos sexenios sobre la “necesidad de una reforma educativa” y “el compromiso con el incremento de la calidad de la educación” se han vuelto huecas y se han convertido en lugares comunes ante la deliberada impotencia de los poderes legales frente al poder fáctico del SNTE.
Resulta triste constatar que ni en el debate, ni en las páginas web y los discursos de campaña de los candidatos se ha tocado lo esencial para la generación de condiciones de probabilidad para una reforma educativa real en el país: la revisión y reestructuración profunda de la relación SNTE-SEP para retomar el gobierno de la educación y democratizar al sindicato, a pesar de que todos saben que sin esa transformación no hay esperanza de un cambio que genere una mejor educación para las siguientes generaciones.
*El artículo expresa la opinión personal del autor, que es académico de la Universidad Iberoamericana Puebla
**Este texto se encuentra en: http://textoscirculo.blogspot.mx/
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