Desempleo juvenil, una problemática global
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Uno de los principales problemas que actualmente aquejan a la sociedad es el incremento acelerado del desempleo, el cual se ha agudizado de manera particular en el estrato de población joven. El desempleo juvenil es una problemática de dimensiones globales, los jóvenes se enfrentan con mayores incertidumbres y dificultades para ingresar al mercado de trabajo; las expectativas de conseguir un empleo de calidad y estable son cada vez más limitadas.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2011) señala que el desempleo a nivel mundial va en aumento y ha alcanzado uno de los niveles más altos de la historia, contexto en el cual estima que el número de jóvenes desempleados en el mundo, en el rango de 15 a 24 años, es de alrededor de 86 millones; afirma también que las tasas de desempleo entre los jóvenes se deteriorarán aún más a nivel mundial a medida que las consecuencias de la crisis de la zona euro se propague hacia las economías emergentes.
En la actualidad todos los países y regiones enfrentan importantes desafíos respecto al empleo juvenil y, aún cuando las características de los empleos pueden variar, la gran mayoría enfrentan situaciones de precariedad. En los países desarrollados, los jóvenes están atrapados en trabajos temporales y a tiempo parcial, pero también ha aumentado el número de jóvenes que ni estudian ni trabajan, lo cual es motivo de gran preocupación, ya que este grupo representa al menos el 10% de la población joven y el problema es que su número va en aumento. En las economías en desarrollo, además de presentar el mismo problema, muchos jóvenes realizan trabajo familiar no remunerado o en la informalidad y también en estos países se acrecienta el número de los “ni-ni”, población que corre el riesgo de exclusión laboral y marginación social (OIT, 2012).
Las proyecciones realizadas por esta institución en su Informe 2012, muestran que 12.7% de la fuerza de trabajo juvenil del mundo estará sin empleo este año. Lo realmente dramático es que estas cifras serían aún más altas si se consideran aquellos jóvenes que “con frecuencia desmotivados por la falta de perspectivas, abandonan o posponen la búsqueda de trabajo”. Este ajuste situaría la tasa mundial de desempleo juvenil cercano a un 15%, lo cual significa que millones de jóvenes alrededor del mundo han dejado de buscar empleo. La OCDE afirma que el hecho de que actualmente aparecen tasas inferiores de desempleo, no quiere decir necesariamente que los jóvenes se integren al mercado de trabajo, sino que lo más probable es que indiquen “un efecto de desaliento laboral” (2012), situación realmente preocupante reflejo de las bajas expectativas de no encontrar un puesto de trabajo digno.
Esta situación, además de evidenciar la incapacidad del modelo económico actual para crear empleos, genera una gran preocupación por el futuro de los jóvenes excluidos del trabajo, ya que la carencia de empleo repercute en la vida de las personas y, sin duda, en el potencial de las generaciones actuales de jóvenes por los peligros sociales y humanos que conlleva la falta de trabajo y la inactividad prolongada (OIT, 2010). Amartya Sen sostiene que las implicaciones que genera el desempleo en las personas son de diversas magnitudes, no sólo entraña la pérdida de ingresos, lo preocupante es que produce consecuencias graves en la vida de las personas “… entre ellos se encuentran los daños psicológicos, la pérdida de motivación para trabajar, de cualificaciones y de confianza en uno mismo, el aumento de las enfermedades y de la morbilidad (e incluso de las tasas de mortalidad), la perturbación de las relaciones familiares y de la vida social, el aumento de la exclusión social y el empeoramiento de las tensiones sociales y de las asimetrías entre los sexos” (2000).
Por todo ello resulta apremiante encontrar alternativas que favorezcan la inserción laboral de los jóvenes al mercado de trabajo, ámbito en el que la Economía Social puede jugar un papel relevante, porque promueve la generación de empleos basados en el trabajo de las personas y en sus capacidades, creando emprendimientos y empresas organizadas bajo esquemas asociativos. Estas unidades empresariales crean un empleo estable y de calidad porque al estar basadas en la aportación de trabajo, las personas cuidan la perdurabilidad de sus propios emprendimientos de manera colectiva, atendiendo de manera paralela su viabilidad económica y su permanencia en el mercado.
La propuesta es crear empresas basadas en el empleo asociado y llevar a la práctica los principios y valores que promueve la Economía Social como son la colaboración, la ayuda mutua, la redistribución de los beneficios y la sostenibilidad económica, social y ambiental. Este enfoque privilegia lo colectivo sobre lo individual, lo asociativo y solidario sobre lo competitivo, y promueve la construcción de relaciones estructuradas en torno a la cooperación.
Es compromiso de todos los sectores abrir caminos distintos para la creación de empleo, reconocer que no podemos seguir buscándolo en la misma dinámica económica que hoy está generando la desaparición acelerada de puestos de trabajo y una creciente precarización y exclusión laboral que se agudiza de manera preocupante en el sector de población joven.
*El artículo expresa la opinión personal de la autora, que es académica de la Universidad Iberoamericana Puebla
**Este texto se encuentra en: http://textoscirculo.blogspot.mx/
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