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El bulevar de los vidrios rotos

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El bulevar de los vidrios rotos
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 10 de diciembre de 2012
En relación a los actos de violencia del 1 de diciembre y sus consecuencias, no habría que olvidar ciertos aspectos:
A. La violencia que nadie desea
En su sano juicio, ningún defensor de la protestas puede justificar la violencia que se generó el 1 de diciembre. La violencia, dicho sea de paso, se generó en ambos bandos: por parte de quienes protestaban y por parte de la autoridad. Es el aspecto más indeseable: nada bueno trae.
B. La autoridad incapaz
Quien sale perdiendo en esta batalla de culpas es la autoridad. La pregunta crucial puede ser la siguiente: ¿Había una manera distinta de controlar la protesta?. Dicho de otra forma: ¿Se pudo evitar que no costara el ojo a una persona y severas lesiones a varias más? Si la respuesta es sí, la autoridad, lo dicho, está en un problema: puede utilizar la fuerza para controlar, pero no para reprimir, porque se vuelve autoritaria, incapaz.
 
Lo siguiente es consecuencia de lo primero: las detenciones ilegales al mayoreo sólo exhiben a la policía incapaz de detener a los verdaderos agresores y hacer pagar los platos rotos a otros muchos.
C. Los porros, los vándalos
Eso no quita que entre los protestantes hayan habido porros. Gente que, ya perteneciendo a los protestantes “originales”, ya como infiltrados, tenían como misión “hacerse sentir”, no solo protestar, sino amedrentar. En Twitter (campo de batalla de discursos encendidos) algunos se rasgan las vestiduras diciendo que la represión fue brutal. Pero esos mismos, poco han hablado contra quienes no sólo protestaban, sino eran parte de la violencia. Dicen que respondieron a la policía. Me niego a creerlo: tantas bombas molotov no pueden ser únicamente una reacción. 
 
Dicen que había infiltrados. Puede que tengan razón. Pero, de este lado también pega el viento.
D. El espectáculo lamentable
Hay quienes apuestan que el gobierno de Peña se desestabilizará con acciones como la del 1D. Se equivocan. Mucho más logró el #YoSoy132 con acciones de protestas inteligentes y pacíficas, que los responsables del espectáculo grotesco que se presentó en la Ciudad de México. Había que volver a los orígenes, donde un plantón, un silencio, una lectura, valía más que una bala (aunque fuera de goma). Porque la eficacia es mayor y el espectáculo es más democrático. 
 
El 1D está lejos de esa eficacia y de la democracia.
E. Un discurso de odio en ambos bandos
Es penoso leer la prensa, el twitter, las opiniones en blogs, las entrevistas en los distintos medios. Casi todo tiene por denominador común la descalificación. 
 
A quien no apoya en todo, se le tilda de traidor. 
 
Quien está con los otros, es un porro. 
 
Los protestantes son revoltosos y violentos. 
 
Los vidrios se quebraron por culpa de tal. 
 
El reportero que dice que hubo porros es un vendido, porque no cuenta con la misma exactitud la detención de fulanito.
 
Es un discurso de odio que no se acaba. Seis años pasaron, dos elecciones, y el punto sigue siendo el mismo. El discurso en el que hay que elegir el bueno y el malo está imbuido en ambos lados. En los dos. En la prensa buena y en la prensa mala. 
 
Y les nubla la vista.
 
Pierden objetividad.
F. La clase política en la zona de confort
Tirios y troyanos, protestantes y policías, deberían entender que, mientras ellos se atacan, mientras se golpean, mientras se disparan, mientras agreden y reprenden, la clase política sigue pactando el mantenimiento de su estatus. Mientras que hubo policías lastimados y civiles con graves lesiones, la clase política firmaba un acuerdo al día siguiente. 
 
Los golpes los reciben y los dan ciudadanos. 
 
La clase política se reparte secretarías, negocia delegaciones, acuerda la conformación de la Corte, reparten el nuevo botín, al que llaman Gabinete.
 
Los protestantes y policías se lanzan bombas de odio; un odio creado por quienes, lo más que se llegan a dar, son bonos de navidad.
 
El resentimiento, la frustración, la ira, están en los ciudadanos. 
 
La clase política sigue siendo un paraíso, una zona de confort. 
 
El lugar donde todo se puede. 
 
Incluso, negociar con el “enemigo”. 
Staff Puebla On Line 2009
Staff Puebla On Line 2009