El de Bárbara López, otro crimen de odio sin resolver en Puebla
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Las personas con preferencias sexuales diferentes han mantenido, por años, una lucha por reivindicar los derechos a los que, como humanos, tienen derecho. Puebla ha tenido a dos activistas, Bárbara López Lezama y Agnes Torres, quienes han luchado por esos derechos. Ambas fueron asesinadas: Bárbara, el 30 de abril de 2011 y Agnes, el pasado 10 de marzo en la ciudad de Puebla.
Los dos crímenes, afirman las madres de ambas, Benicia Hernández y Oliva Lezama Cariño, aún no han sido esclarecidos. Oliva Lezama, madre de Bárbara López Lezama, en entrevista con Milenio Diario, aseguró que recuperar el cuerpo de su hija para ella fue un “calvario”, porque a pesar de que le avisaron alrededor de las tres de la mañana del 30 de abril del 2011, el cadáver se lo entregaron al día siguiente a las 3 de la mañana, cuando les permitieron entrar al departamento donde fue estrangulada con un cable y le golpearon el cráneo.
Bárbara, de 24 años de edad, se empleaba como estilista. Le gustaba tejer y bordar; su paciencia en estas manualidades hacía que con frecuencia llegaran al local donde su mamá vendía estambres y revistas, varias personas para pedirle que les enseñara; las atraían su habilidad y paciencia y las combinaciones de colores que ella lograba.
También hacía trabajo social con niños de la calle a quienes apoyaba con comida y ropa; lo mismo que a personas enfermas de Sida, tenía acercamiento con órdenes de religiosas a quienes frecuentaba y ayudaba porque eran sus tías. A finales del 2010 decidió dejar Tehuacán para trabajar en la ciudad de Puebla como estilista y para estudiar.
Allá conoció a “Yía” y como le gustaba sobresalir acudió a Televisa a solicitar trabajo como modelo; su solicitud fue canalizada y la citaron para la segunda semana de mayo a una sesión fotográfica, a la cual ya no llegó. Sus asesinos se lo impidieron.
Se menciona a sus asesinos porque “Henry”, su amigo en esta ciudad, señaló que en la última visita que Bárbara hizo a Tehuacán estuvo los días miércoles 27 y jueves 28, los aprovechó para despedirse de sus conocidos más cercanos, anunciando que iría a México. Fue a visitar a “Armando Alfonso”, persona con la que trabajo en su estética; él le pidió que se regresara a Tehuacán, ‘¿qué vas a hacer a Puebla?’ –le dijo–. Su amiga “Yía” le indicó “mejor quédate, ya sabes que allá todas te quieren pegar”. Bárbara respondió: “como si no me pudiera defender”.
Dos semanas antes de que Bárbara estuviera por última vez con vida en Tehuacán, uno de sus amigos fue golpeado y vía Facebook ella le aseguró:
“A mí también me quieren pegar”, y le preguntaron “¿Qquién?” y ella respondió, “nadie con quien no se pueda solucionar platicando”. Ella contestaba así porque, aseguran sus conocidos, no le gustaban los escándalos ni hablaba con palabras altisonantes y siempre buscaba la unidad entre sus amigos.
Se regresó a Puebla el viernes 29 y el sábado por la madrugada sonó el celular de Armando. Era una llamada del teléfono de Bárbara. Él comentó que escuchaba “bulla”, entonces comenzó a decir, “Bárbara, Bárbara qué pasa, qué está pasando” y de alguien escuchó, “hay no ma… ya valió; ya se murió el pu…”.
Armando se quedó preocupado. Le marcó a un amigo de nombre Adán y le dijo que se fuera al departamento de Bárbara, porque había recibido una llamada de ella y escuchó mucha bulla.
A la media hora nuevamente le vuelven a marcar del celular de Bárbara y volvió a escuchar muchos gritos. Él le dice “Bárbara, Bárbara” y le colgaron. Le marcan nuevamente de ese mismo número y le dicen, “oye Armando, te tenemos una mala noticia, que crees, mataron a Bárbara”. Él le contesta a “Yía”: “no digas estupideces, no estés jugando” y ella le respondió sin sobresaltos: “no estoy jugando”.
A las tres de la mañana Alfonso le habló por teléfono a la mamá de Barbará y le informó que su hija había sufrido un accidente, que estaba grave y que iría por ella a su casa. Una vez que se reunieron le platicó lo ocurrido y se trasladaron a Puebla para hacer el reconocimiento del cadáver que después de 24 horas trasladaron a Tehuacán.
Once meses después de este crimen, los familiares de Bárbara desconocen el avance de las investigaciones y la falta de recursos económicos ha impedido que viajen con frecuencia a Puebla para exigir que agilicen las indagatorias que den con el o los asesinos.