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El escritor leguleyo

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El escritor leguleyo
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 17 de febrero de 2012

El ex Coordinador de Difusión Cultural de la UNAM cometió un error (según las palabras que utilizó) al copiar párrafos de otros autores sin citar la fuente de la que provenían. Corrijo: no cometió un error, sino varios errores (por sus constantes desvaríos).

En entrevistas radiofónicas posteriores a su renuncia (al cargo que hasta hace dos días tenía en la Universidad más importante de Latinoamérica) sostuvo que no cometió plagio porque, sustancialmente, están plasmadas sus ideas y no la de otro autores.

Lo que Alatriste argumenta es que en sus obras aparecen plasmadas ideas originales y que, técnicamente, el plagio solo existe cuando se copia en lo sustancial obras ajenas.

Pero, si no es plagio ¿qué es?

El peor escenario, para aquellos que en algún momento hemos escrito, es si se acepta esta interpretación reduccionista que Alatriste alude.

Bajo sus supuesto, si yo tengo una idea original y copio diez ideas secundarias que circundan a la mía, y lo plasmo en un mismo texto, no estoy cometiendo plagio, sino cometiendo errores.

Lo malo es que, quien lo dice, es un hombre que está acostumbrado a editar trabajos y cuya labor era darle difusión a la cultura en y de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Lo grave es que, ya separado del cargo, Alatriste está difundiendo la cultura del medio plagio.

Por Medio Plagio entiendo que no es mi idea la que plasmo, no son mis palabras, no son mis líneas, no es mi párrafo; pero, como no es sustancial y no es la idea principal de mi trabajo, entonces no cometo plagio.

Lo que Alatriste dice es cantinflesco. Sí copié, pero no hice trampa (legalmente hablando)

Ahora resulta que el escritor salió leguleyo.

La  figura de plagio tiene dos trasfondos:

1.    Uno, para proteger al autor de una obra, porque cuida la invención, el razonamiento original, la creación, el trabajo, el análisis. Finalmente, porque protege la propiedad intelectual, que no deja de ser una propiedad privada.

2.    Otro, para señalar (para castigar, en su caso) a quien hace trampa.

Es como despojar a la Venus de Milo de dos brazos. No se le quitó la belleza, pero le mermó. Alatriste dice que no le ha quitado la belleza, sólo los dos brazos.

Es una alegoría (parafraseando a Silva Herzog) al medio plagio.

Al plagio a medias.

A quien copia sin cometer delito.

A quien engaña, sin delinquir.

A quien es un tramposo, sin ser delincuente.

A quien plagia, sin plagiar.

A quien escribe, sin escribir.

A quien engaña sin engañar.

Es una oda a la mediocridad.

No es hacer un escarnio público. Es tratar de decir que, quienes escribimos, tenemos derecho a la crítica de los otros. A la crítica sobre lo que hacemos.

Alatriste no lo merece.

Porque la crítica no es a él, sino una crítica a quien él plagia.

Es una crítica a su medio plagio.

Es una crítica a quien engaña a medias.

Al medio escritor.

Un plagiario a medias.

A un mediocre a medias.

A un tramposo.

Ccp. Guadalupe Loaeza

Staff Puebla On Line 2009
Staff Puebla On Line 2009