El Presidente y sus apuestas
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No son casuales las acciones del Presidente de la República durante el último mes, de cara a las elecciones del próximo año. Tienen toda la intención de beneficiar a su partido político en el proceso electoral de 2012.
Lo preocupante no es eso, sino la forma en la que Calderón piensa beneficiar a su partido. Lo que tanto ha criticado a otros (con o sin razón) ahora es su modus operandi: la polarización.
El Presidente ha entrado en campaña y su primer objetivo es desdeñar a López Obrador (lo cree muerto) y centrarse en polarizar a la sociedad, tratando de hacerle ver una dicotomía que, de manera reduccionista, conlleva a dos opciones: 1) la vuelta del antiguo PRI; y 2) continuar este camino “difícil” hacia la democracia (obviamente liderado por un panista)
La dicotomía calderonista es equívoca y perjudica al país porque:
I. Al día de hoy, el segundo lugar en las encuestas lo ocupa el virtual candidato de la izquierda (AMLO) y minimizarlo puede ser una mala estrategia, electoralmente hablando. El Presidente y su séquito realizan la misma guía electoral que utilizaron en el Estado de México: no ocuparse de la izquierda, sino del candidato priísta que está a la cabeza de las encuestas. Y las consecuencias en el Estado de México fueron catastróficas para el PAN: el tercer lugar fue su ganancia.
II. El reducir la elección a escoger entre el viejo régimen priísta y la posibilidad de consolidar la democracia mexicana resulta ser un argumento vacío, si se toma en consideración que lo hace un Partido que ha gobernado durante los últimos 12 años al país.
Esta propuesta no muestra sino el retroceso de Acción Nacional y su falta de capacidad política y generadora de ideas. Piensan que pueden poner sobre la mesa las mismas propuestas que la elección de 2000 y olvidan que han estado doce años en el poder.
La postura de Calderón es errónea porque, electoralmente, se asume como oposición, a pesar de ser gobierno.
III. La dicotomía propuesta por Calderón es errónea porque el beneficiado (si la gente tiene efectivamente un antipriísmo) no será, necesariamente, su partido político, sino que puede ser el candidato de la izquierda.
El otro acto que muestra el tipo de campaña que quiere realizar Felipe Calderón es la invitación a que Benedicto XVI visite el país. Habla de un entreguismo calderonista y de un viejo zorro (Ratzinger) que sabe aprovechar coyunturas y que tratará de influir (y ganar) en la elección mexicana. Y si al Papa hay que consentirlo, pues la mejor forma es reformando la constitución que tanto molesta al Vaticano en algunos aspectos. Quien pretenda realizar una defensa jurídica de la reforma al artículo 24 constitucional lo puede hacer desde el punto de vista jurídico, porque desde el punto de vista político resulta un total entreguismo de una buena parte de la clase política mexicana a los deseos de Ratzinger y su élite eclesial.
¿En qué se beneficia Calderón de la visita de Ratzinger? Como en toda visita de Jefe de Estado, la de Ratzinger cobra importancia en dos aspectos: en sus declaraciones en público y en sus acercamientos en lo privado; por ello, se pueden inferir dos cosas.
1. Una declaración de Benedicto XVI a favor de la lucha emprendida por el Presidente y la probable influencia que ello pudiera tener en los votantes católicos.
2. Acercar a los grupos que hoy se encuentran alejados del panismo y mucho más afectos a Peña Nieto (con su antecedente en el Opus Dei) y que Ratzinger señale como su candidato al candidato de Acción Nacional lo que, finalmente, Calderón sentiría como su triunfo.
El último acto que no se debe pasar por alto es la reacción de Los Pinos a la información proporcionada por miles ciudadanos para que la Corte Penal Internacional investigue a Calderón y un conjunto de autoridades y narcotraficantes, por la posible comisión de delitos de Lesa Humanidad.
Pienso que la reacción de Calderón tiene un cálculo político: El Presidente apuesta a que en plena campaña la Corte se niegue a investigar los hechos denunciados por los ciudadanos. Esto traería dos consecuencias:
1. Que Calderón se asuma como mártir de las “injurias” que algunos ciudadanos fueron a “decir” a la Corte;
2. Enarbolar el discurso de que su lucha (su guerra) contra el narcotráfico ya fue avalada por instancias internacionales. Probablemente piense que así acallará las críticas que cargará el candidato de Acción Nacional, a quien se le señalará la errónea estrategia de Calderón para combatir al narcotráfico.
Lo anterior nos da sólo pequeñas líneas de que el Presidente está actuando en clave electoral. Probablemente a Calderón alguien le tendría que decir que a su candidato le conviene mucho más distanciarse del Presidente que acercarse a él. Apuesta a que si Fox pudo entrometerse en la campaña de 2006, él también puede hacerlo en la de 2012.
En suma, Calderón está dispuesto a poner en riesgo la elección presidencial (TEPJF dixit) y eso nos perjudica a todos.