Juventud, ¿Radicalismo e intolerancia?
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Los estudiantes de Querétaro, se cierran al diálogo con Gabriel Quadri; los de la Ibero, insultan a Enrique Peña Nieto y corean a Andrés Manuel López Obrador; los de La Salle dialogan y aplauden a Josefina Vázquez Mota. Conclusión, los universitarios mexicanos están en pie de lucha haciendo política sobre asuntos del país.
Sobre de ello cabe la pregunta: ¿esto es bueno para México?, ¿es bueno para nuestros jóvenes y la vida universitaria?.
Era el mes de diciembre de 1972 y el expresidente socialista chileno, Salvador Allende, dictó una conferencia en la Universidad de Guadalajara asegurando que la única obligación de un estudiante era estudiar. Con toda intención realizó esta aseveración, para justificar su oposición hacia quienes querían que los jóvenes latinoamericanos asumieran un papel más activo en la revolución social armada en nuestros países.
En aquel tiempo, la izquierda le exigía a la juventud convertirse en: “la chispa que incendiara la pradera”, “el detonante de la revolución”, “la conciencia y la dirigencia del pueblo”. Nunca como en aquellos años, los estudiantes de todo el país participaron en la política nacional y tampoco nunca hubo tantos guerrilleros y tantos jóvenes muertos -exceptuando los de éste sexenio víctimas del crimen organizado-. Claro, los dirigentes izquierdistas que los azuzaron sobrevivieron, se empoderaron y enriquecieron.
Por ello, es conveniente volver a hacer esta pregunta ¿realmente nuestro país, requiere que sus estudiantes ingresen a la política radical desde las universidades?
Mi respuesta es no, porque si algo demuestra nuestra historia y la del mundo, es que los estudiantes son vulnerables y pueden llegar a ser manipulados. Los maestros universitarios ejercen sobre sus alumnos una influencia cultural e ideológica más grande que la de los propios padres, por eso es tan fácil que, según sus preferencias políticas, acerquen a sus alumnos al radicalismo y a la violencia.
Hoy, el amor de estos jóvenes hacia Josefina Vázquez Mota o AMLOVE representan, en parte, el amor de sus profesores hacia estos personajes, y de igual forma sucede con el odio por Peña y Quadri.
Lo preocupante es que en este momento ya existen políticos que requieren mártires para anular las elecciones y, por desgracia, algunos estudiantes han alzado la mano autoproponiéndose para el papel. También los hay que pretenden acallarlos y anular su conciencia. Los dos tipos son igual de dañinos.
Por ello, regreso a lo dicho por Allende, nuestros estudiantes deben dedicarse a estudiar y yo agrego, sus profesores solo deben ser acompañantes y orientadores, nunca movilizadores; y los políticos jamás deben caer en la tentación de manipularlos o usarlos.
Hoy más que nunca requerimos de una juventud participativa de los asuntos públicos, de una juventud que cuestione a la mala política y a los políticos, que audite y fiscalice las acciones de sus representantes populares, que exija mejores candidatos y contribuya con el fortalecimiento de la democracia, sin radicalismos, sin violencia, sin inmolaciones.
Y ya que estamos en ello, muchas felicidades a todas las maestras y maestros que lejos de direccionar la vida de sus alumnos, les enseñan a vivir.