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La clase política berlusconiana

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La clase política berlusconiana
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 24 de febrero de 2012

La rebelión de internos y las decenas de muertes en la cárcel de Apodaca, Nuevo León, que sirvieron para encubrir la fuga de 30 reos, muestran un gobierno corrupto e incapaz.

El gobierno parece un zorro poco amaestrado, que busca sin cesar una señal de legitimidad en la caza del narcotráfico, cada vez mejor organizado, cada vez más sanguinario, cada vez más corruptor.

Es claro que el narcotráfico gana los terrenos que quiere, por más que el Presidente y sus aduladores opinen lo contrario.

Pero poco les importa a estos políticos de poca monta. Su obsesión, su verdadera preocupación, tiene dos vertientes: ganar dinero ilegalmente y no ser descubiertos.

Eso se obtiene siendo parte de las instituciones de poder y creando los ambientes propicios para el desvío de recursos. Esa es su vida.

Por eso es vital para ellos ser Presidentes, Secretarios, Directores, Diputados, Gobernadores, o que su familiar, amigo o compadre lo sea.

Otro botón de muestra es la publicación de las listas de candidatos a escaños por la vía plurinominal, donde no hay partido que se salve.

En el PRI se barajan los nombres de Marín (el del caso Lydia Cacho), Moreira (el de los miles de millones de endeudamiento) y Arturo Montiel (el de los departamentos de lujos por doquier)

En el PAN suenan los apellidos Molinar (el de la Guardería ABC), Cordero (el de los 6 mil pesos), Larrazábal (el del hermano que vendía quesos y se hizo rico)

En el PRD se comentan los nombres de Dolores Padierna (esa mujer convertida en lastre), René Bejarano (el de los dólares y las ligas) y Amalia García (la de las irregularidades contables en Zacatecas).

Lo que está podrido es el sistema, el Estado es fallido y la clase política es insuperablemente berlusconiana.

No es solo la incapacidad del Gobernador neoleonés, a quien no se le puede pedir la renuncia ante su escasa reacción y peores maniobras.

No es solo el cinismo del Secretario de Seguridad Pública, que niega el problema de la sobrepoblación en las cárceles mexicanas, con el mismo descaro con el que armó un show mediático para aprehender a una ciudadana francesa.

No son solo los disparates de Calderón (preocupado por el empate técnico que -según su ilusoria encuesta- mantienen los candidatos del PRI y del PAN a la Presidencia), cuando el país se le incendia hasta con un anafre.

No es solo Arturo Montiel, que se pasea tan campante por los informes y la campaña de su sobrino, Enrique Peña Nieto.

No es solo el PRD, infestado de grupos que se excitan como buitres ante la carroña de unos cuantos escaños y unas cuantas delegaciones.

No es solo el PAN, que cobija a Molinar a pesar de la desgracia de los niños muertos en una guardería.

No es solo el PRI, que pretende dar una nueva cara con un serio tamiz de desvergüenza. Sin autocrítica.

Es el sistema.

Ello implica que, con estos partidos políticos, con esta forma de elegir representantes y con estas instituciones el sistema seguirá fallando. Es una crisis profunda de la democracia representativa, sin precedentes, pero históricamente entendible.

La clase política se ha vuelto berlusconiana: corrupta, cínica y estable.

Ante ello, dos preguntas son vitales de cara a los próximos lustros en este país: ¿Cómo cambiamos el sistema? y ¿Cómo cambiamos a la clase política?

En su respuesta está nuestra suerte.

Ps. En la siguiente entrega vendrán algunas propuestas.

Staff Puebla On Line 2009
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