El poder del Presidente
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“Toda derrota es odiosa, y si es
sobre el jefe, es necia o es fatal”,
Baltasar Gracian y Morales
Si el PRI quiere mantenerse en el poder por más de un sexenio deberá gobernar conforme a los nuevos tiempos, sin restaurar vicios y sin excesos.
Enrique Peña Nieto lo sabe y su gobierno se concentrará en servirle al pueblo. En esto no hay duda, de lo contrario, el partido, muy pronto volverá a perder los comicios como en 2000 y 2006.
Lo que llama la atención es que algunos de sus principales colaboradores, aún sin asumir cargos, ya piensan en el 2018 y hasta se emocionan y se imaginan en la silla presidencial.
Lo real nunca puede alcanzar a lo imaginado.
¿Puede usted creerlo?
Así es el poder, las ambiciones de los hombres no tienen límites.
Pero más allá de aspiraciones legítimas, habría que valorar antes que nada la gran fuerza que tendrá el Presidente para la definición de candidaturas.
Además, ante el difícil entorno económico, social y político del país, el mandatario, deberá ejercer el poder de manera eficaz, dando resultados y propiciando una mejor calidad de vida para todos, y principalmente a los millones de mexicanos sufrientes por falta de empleo, por ejemplo.
Hasta hace algunos años, el Presidente era poderosísimo y se sentía más que un dios, superior a los emperadores romanos, a los faraones, a los reyes y a cualquier otro gobernante de la historia.
Era el único que otorgaba candidaturas, ponía y quitaba del poder a quien quería.
Hay que recordar que durante 80 años, los presidentes impusieron su voluntad sin restricciones.
Por eso, los políticos de ahora, pero sobre todo los priistas, deben entender que con el regreso del PRI a Los Pinos, el Presidente es el verdadero jefe, los demás, todos sin excepción, se quiera o no, tendrán que acatar sus decisiones. ¿Quién podrá impedirlo?
Algunas circunstancias han cambiado y el Ejecutivo deberá negociar, ceder, y ocuparse de múltiples actividades, pero se dará tiempo para asuntos electorales.
La designación de sus colaboradores es fundamental, quienes una vez en sus puestos se sentirán también “presidentes”. Es una locura, pero es cierto: todos los días se verán, en sueños, con la banda presidencial atravesando su pecho.
Trabajarán sin descanso para lograrlo, incluso conspirando contra su jefe y sus homólogos.
Algunos hasta desearán que el Presidente muera para remplazarlo. Es parte de la naturaleza humana.
Tratarán de aprovecharse del cargo, robarán a manos llenas, traicionarán su confianza, lo decepcionarán. Habrá excepciones: dos futuros secretarios que conozco, eficaces, honrados y leales.
En fin, los hombres cercanos al jefe máximo actuarán dislocados, como poseídos. El poder los cegará.
Pero de cara a las elecciones que vienen, el control político y todos los recursos estarán en sus manos, podrá vetar y designar a quien considere.
En la cultura política priista, el Presidente es muy poderoso, por encima de gobernadores, de dirigencias estatales, de sectores y de organizaciones.
Él tomará las decisiones trascendentes, como se hacía en los viejos tiempos. Se aplicará el dicho conocido: “quien se mueva no sale en la foto”. El “dedo divino” ha vuelto.
Esta afirmación tiene lógica y sustento, pues el PRI, en el fondo no ha cambiado.
Los políticos lo saben y hasta ahora, mantienen la disciplina y se comportan como soldados del Presidente. La mayoría prefieren apegarse a las reglas no escritas y hasta son capaces de comer sapos por conveniencia, para no disgustar a quien manda. No quieren quedar fuera de las mieles del poder.
Todos los tricolores deben entenderlo así, incluidos los coordinadores legislativos.
Si no lo hacen, simplemente serán remplazados para siempre, condenados a las tinieblas.
A partir del 1 de diciembre, el verdadero poder vivirá, como se sabe, en Los Pinos, ¿en dónde más?
Entonces, la lealtad, la obediencia, la disciplina, los resultados, serán indispensables para mantenerse en sus afectos
¡No podrá ser diferente!
Para muchos, las posibilidades de disputar realmente la candidatura presidencial en 6 años, no se trata más que de un sueño.
La razón principal está en el regreso, aunque sea parcial, del modelo presidencial que caracterizó al PRI por décadas.
Los integrantes del equipo de primer nivel de Enrique estarán en primera fila para la sucesión, pero su futuro, es incierto.
Poquísimos se ubicarán en el lugar y el momento correctos, esperando la fortuna, la famosa señal.
Falta mucho, demasiadas variables estarán en juego.
¡Más vale conducirse con prudencia!
¿Será verdad, como ocurrió, que el Presidente Plutarco Elías Calles y sus secuaces quisieron que mataran al Presidente electo Álvaro Obregón?
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