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La prudencia (I)

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La prudencia (I)
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 13 de noviembre de 2012
“Todas las artes se aprenden, pero no hay 
cosa más dificultosa que actuar bien”, 
Baltazar Gracián
Raúl Hasbún Zaror es sacerdote de la diócesis de Santiago de Chile. Nació el 6 de junio de 1933. Es profesor de teología del Seminario Pontificio y de la Universidad Gabriela Mistral. Es columnista y conductor de la televisión EWTN. Fue secretario del arzobispo Raúl Silva Henríquez, defensor de los derechos humanos durante la dictadura de Augusto Pinochet. 
Es un excelente expositor, por su método y su claridad de ideas. Ahora me permito compartirles, casi textual, uno de sus temas: la prudencia. 
Esta es una virtud cardinal, es como el gozne sobre el cual se articula el movimiento de una puerta giratoria. 
Las virtudes cardinales son cuatro: la prudencia, la justicia, la templanza y la fortaleza. 
Las virtudes teologales tienen por objetivo llegar a Dios: la fe, la esperanza y la caridad.
 
¿De qué se diferencian las demás virtudes de la prudencia?
Las otras virtudes apuntan hacia fines específicos, indican males que se deben rechazar o evitar. 
La prudencia, en cambio, tiene como objeto saber usar los medios para conseguir objetivos, evitar males o erradicarlos.
Tiene que ver con los medios, más que con los fines. 
¿En qué se parece la prudencia a todas las demás virtudes?
En que todas tienen como alma y motor el amor, de modo que justicia sin amor es fariseismo. 
Templanza sin amor es exhibicionismo, es soberbia.
Fortaleza sin amor es temeridad, es arrogancia.
 
La fe sin amor está muerta. 
La esperanza sin amor es ambición desmesurada.
La prudencia sin amor, es como el amor sin la prudencia. 
El amor es el alma de todas las virtudes, pero la prudencia es la que conduce a todas las demás virtudes, incluido el amor. 
Ninguna virtud puede darse el lujo de prescindir de la prudencia. 
La imprudencia causa tal vez los mayores males, peores males de los que ocasiona el dolo, que es la intención deliberada de causar daño. 
Hoy se cometen muchos cuasi delitos. 
Los delitos se cometen por dolo, los cuasi delitos se cometen por negligencia, por omisión del debido y exigible cuidado, por imprudencia. 
La imprudencia mata la vida y causa lesiones graves. 
A nivel Estado, las malas decisiones pueden trastornar a la economía, llevar a una crisis, a colapsar una nación.
Por eso la prudencia es una virtud tan requerida y evaluada. 
Lo primero que debe hacer una persona, un gobernante, al que se le asigna una responsabilidad importante es rodearse de consejeros prudentes. 
¡Que tengan serenidad y sepan discernir!
 
En la vida, siempre será necesario un consejero prudente. 
Jesús dijo: en las decisiones importantes sean sencillos, afables como las palomas, pero prudentes como las serpientes. 
La ternura amorosa de Cristo no tiene límites, al poner como ejemplo de prudencia a las serpientes.
Estos animales siempre tienen la sangre, la cabeza fría, para decidir. 
El poder capital, el gran tesoro, la gran fuerza de la serpiente radica precisamente en esto: su observación silenciosa de cada detalle.
Por eso, la prudencia tiene en cuenta el tiempo, la distancia y la oportunidad.
Santo Tomas de Aquino en su Suma Teológica, habla de las maravillas de la prudencia.
 
Que con inteligencia investiga y con intuitiva sagacidad elige lo que más conviene, al amor.
Sin el proceso de discernimiento el motivo no es el amor o la meta no es el amor, entonces es astucia, es ambición.
Existen ocho proposiciones, que son las partes integrales de un acto o una decisión prudencial. 
Consta de tres tiempos y un modo. El pasado, el presente y el futuro. El modo es imperativo.
¿Qué es lo que primero que debe hacer una persona prudente?
Recopilar, recabar información, datos exigibles, evaluables, que tengan relación con la decisión que se va a tomar. 
Santo Tomás a esto le llama intelectus, entendimiento, son los servicios de inteligencia y su función es recopilar información, luego se debe procesar y aplicarla deductivamente al caso que se va a resolver. 
Se aplica el raciocinio, la deducción lógica, consecuencial de los datos. 
En el tiempo pasado se hace memoria, recuerda uno cómo le fue cuando hizo esa experiencia, en un viaje, en un negocio, en un contrato, en un puesto político, etcétera. 
La sabiduría popular dice: no tropieces con la misma piedra, capitaliza. 
¡Si ya te enredaste y perdiste una vez, no lo repitas!
Si es una experiencia nueva, consulta a un experto. La actitud debe ser de docilidad, hay que escuchar, dejarse guiar. 
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Staff Puebla On Line 2009
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