La reforma laboral
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No entiendo, no comprendo o simplemente no “agarro la onda” de lo que sigue sucediendo entre la llamada clase política, para nadie es un secreto que apenas ayer, el PRI le facilito el paso al todavía presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, lo legitimo y le garantizo la estabilidad requerida para su mandato. En el Congreso general pactaron e hicieron todo tipo de alianzas para sacar adelante algunas reformas y otras “reformitas” que en nada cambiaron de fondo las cosas en el país.
Los legisladores del PAN y PRI, siempre mantuvieron a raya a la izquierda en el parlamento, la dejaron que protestara o que desplegara sus pancartas, como los conocen, solo les daban “avión”. Hoy no debemos extrañarnos, la iniciativa preferente sobre la reforma laboral enviada por el ejecutivo federal, aparte de ser una buena provocación para Enrique Peña Nieto, terminaran por aprobarla antes del 30 de septiembre estos dos partidos aliados.
Es cuestión solo de interpretar, durante esté sexenio por fenecer, ninguna gran reforma estructural pudieron llevar a cabo quienes nos gobiernan, fueron incapaces de consensar una sola. Siempre se interpusieron sus intereses políticos y los costos que nadie se arriesgó asumir. La reforma energética, fue una de sus principales prioridades y se vino abajo por muchas causas y razones.
Tal vez por eso, la reforma laboral de Calderón, se convirtió en una de sus obsesiones personales y termino por impulsarla al costo que sea. También vale la pena entender que son parte de las recomendaciones de varios organismos internacionales, como el FMI, Banco Mundial y la OCDE, que exigen a los gobiernos grandes reformas hacendarias, sociales, energéticas y laborales y él quiere quedar bien con estos organismos financieros, para presumir ser un reformador en el ámbito internacional.
En concreto, nuestro todavía presidente quiere dejar estas reformas laborales, para demostrar que es un buen neoliberal y para generar las condiciones necesarias e insertar más a nuestra economía en el mercado global.
Más capitales golondrinos, más inversión trasnacional, cero pago de impuestos, mano de obra calificada, bajos salarios, cero prestaciones, más subcontratación, empleo por destajo y cero responsabilidad con el país de estos capitales extranjeros.
Obvio, la nueva elite priista en el poder, no tiene objeción alguna en oponerse, porque son tecnócratas y ambos coinciden plenamente sobre el actual modelo económico.
Esté conjunto de cuadros técnicos no son ningunos improvisados, tienen una buena formación académica sobre el manejo de las políticas públicas y la economía de mercado, son defensores del modelo neoliberal y llevan años en las estructuras burocráticas del gobierno. Se mantienen, no les importa el color, no tienen ideas políticas, son fríos, el país no les interesa, son los que dirigen nuestra economía.
Los cuadros políticos no dirigen el gobierno, los llamados líderes los ocupan para hacer “grilla”, para dirigir partidos y grupos, para negociar o pactar con las oposiciones en el congreso, quiénes dirigirán al país serán los nuevos tecnócratas.
El sector obrero oficial esta en agonía permanente, jamás defendieron a los obreros, perdieron credibilidad y corrompieron a sus propios sindicatos. El sindicalismo en México es letra muerta y los llamados independientes casi están igual.
La clase obrera en nuestro país no está en el paraíso, jamás lo conocerá, solo un pequeño sector es privilegiado con los beneficios sociales que les da un contrato colectivo de trabajo. Mientras una gran mayoría de ellas y ellos no tienen nada, ninguna prestación social o beneficios de aseguramiento.
Los millones de mujeres u hombres que trabajan en el mercado informal que les va a importar dicha reforma, si por años han estado “jodidos”. En nuestro país hay mucha gente que por tener un empleo y ganar algún dinero para poder sobrevivir con sus familias, se emplean bajo condiciones inhumanas e injustas.
Las elites de poder que nos han gobernado, debieron haber garantizado primero las garantías y derechos sociales para todos los trabajadores y empleados, antes de hacer una reforma laboral que solo los “joderá” más y en donde los jóvenes serán quien asuman sus graves costos sociales.
Por supuesto que nadie se opone a las reformas, más aún cuando estas sirvan para transformar al país, para la justicia, para mejorarlo, para hacerlo más fuerte y para desarrollarlo en beneficio de todos. Sin embargo habrá reformas que pueden causar daños irreparables para la sociedad, que pueden generar injusticias y violentar nuestras propias instituciones. Aplicar políticas neoliberales de manera cruda, puede destruir el tejido social en México.