¡Los líderes… los líderes!
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“Yo soy la puerta de las ovejas,
los que han venido antes que yo,
eran ladrones y bandidos”,
Jn 10, 7-8
Que el pueblo conozca y evalúe a los candidatos antes de acudir a votar parece un exhorto aburrido del IFE, de los empresarios o de la jerarquía católica, eso no es novedad ni llama la atención, lo que sí interesa es que algunos analistas adviertan de un posible gobernante populista, o de un falso líder.
¿Qué quiere decir esto? ¿Será posible? ¿Habría un Hugo Chávez, un Lázaro Cárdenas, un Juan Domingo Perón, un Getúlio Vargas, un Fernando Enrique Cardoso, un Rafael Correa, un Evo Morales, un Ronald Reagan o un Silvio Berlusconi? Es imposible.
Pero no hay que ir tan lejos e imaginar –acción inevitable de la mente–, es mejor conocer el perfil de un Presidente Populista:
1. Se empeña en hacer creer en la llegada oportuna de la figura indispensable: la persona que va a resolver todos los problemas de la gente.
2. Abusa de la palabra, monopolizándola a favor de sus intereses.
3. Fabrica la verdad, haciendo pasar su interpretación de los hechos como la única y suprema versión legítima.
4. Maneja a su antojo los fondos públicos.
5. Reparte recursos económicos a cambio de obediencia política.
6. Fomenta el odio de clases, acusando de antipatriota toda oposición.
7. Alienta a los grupos sociales enardeciendo a las masas.
8. Fustiga sistemáticamente a los países que define como enemigos.
9. Pasa por encima del orden legal.
10. Exalta el poder popular, pero abomina la democracia y sus instituciones, haciéndose él mismo intérprete incontrastable de lo que el pueblo quiere.
Estas son algunas características que define el historiador mexicano Enrique Krauze.
¿Habrá entre los candidatos alguien así? Quien sabe. Pero los votantes no deberían alarmarse de los gobernantes populistas porque ha habido buenos y malos.
Lo verdaderamente preocupante y eso sí alerta, es que el pueblo escoja como gobernante a un líder falso, confiando en que éste sí le resolverá sus problemas, lo cual es una ilusión.
Cuando los pueblos están bajo el yugo, esclavizados, siempre buscan en su yo colectivo a algún dirigente que puede ser bueno o todo lo contrario: detestable, nefasto, sátrapa, déspota, asesino, dictador, represor, intolerante, autoritario y corrupto.
¿Cómo advertir el peligro?
Pues en parte conociendo la trayectoria y la personalidad de los candidatos, aunque no se puede prever el futuro.
Por ahora, los electores tienen la oportunidad de observar a los candidatos.
Piense por un momento en ello.
¿Quién es un líder?
“Un líder –del inglés leader– es ante todo un guía que cumple su función al respecto de una colectividad, ayudándola a lograr los fines que ésta se propone. Es una persona cualificada; a la cabeza de un grupo, de un partido, de una comunidad. Tiene claridad de objetivos, amplitud de visión y es competitivo.
Un líder bueno es:
Un benefactor, un constructor.
Un personaje que con su voluntad de servicio arrastra, más que por sus promesas.
Una persona que convence con el ejemplo.
Un líder malo es:
Un populista, un astuto embaucador. Un simple agitador, un anarquista.
Un mero dominador, un sujeto hábil para explotar a las personas.
Un dictador que se impone sobre la colectividad.
Un demagogo que emplea sus artes para ilusionar al pueblo con miras a obtener su apoyo.
Si quiere saber más de un líder lea el libro “El Arte de Dirigir, El liderazgo al estilo de Pablo”, Juan Manuel Galaviz Herrera, Editorial San Pablo. Muy recomendable, por cierto.
Regresando al tema, México está a un paso de elegir a un nuevo líder que le ayude a salir de sus calamidades. Ojalá sea así.
El nuevo Presidente puede resultar el mejor de todos y pasar a las historia de los buenos mandatarios: Lázaro Cárdenas del Río, Manuel Ávila Camacho, Adolfo Ruíz Cortines y Adolfo López Mateos.
El problema, como se ha dicho, es que los electores escojan a un falso mesías o redentor. También ha sucedido en el país y en todo el mundo.
En la antigüedad, hubo gobernantes abominables como Nerón o Calígula. En la época moderna líderes sin escrúpulos: Antonio López de Santa Anna, Adolfo Hitler, Benito Mussolini, Joseph Stalin.
Buenos líderes: Julio César, la madre Teresa de Calcuta o Nelson Mandela.
No todo es virtuoso en un líder, hay formas de liderazgo no recomendables ni admirables, así como personajes funestos.
Lo que hace un líder no es la edad. Son más bien la inteligencia y la voluntad; y en los casos más admirables el amor; son las mejores fuerzas de las que puede disponer un líder.
Alejandro Magno vivió únicamente 33 años –la misma edad que alcanzó Jesucristo– pero ese breve periodo le bastó para que se revelara como uno de los más grandes estrategas militares y conquistadores de la historia.
También hay liderazgos intelectuales y científicos: Johann Wolfgang von Goethe, James Joyce o Albert Einstein. Y muchos más.
¿Líder bueno o malo? ¿A quién elegirán los electores?