Lucro universitario
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No hay forma de ayudar a quien no tiene rumbo.
Quien deambula está destinado a la suerte.
Y es lo que sucede a las universidades mexicanas, que se pierden en el exceso de confianza; son gigantes en el espejo de las falacias.
Paradigma de la ciudad con universidades es Puebla; cuenta con decenas de ellas, que suelen ser centros de enseñanza pésima y de investigación nula. Enclavadas en edificios mal acondicionados, son la muestra más evidente de la corrupción gubernamental. Y en este punto habrá que señalar a esta administración estatal, así como a las anteriores. A éstas, por abrir el camino que sólo conduce a la distracción juvenil (ese es el término más adecuado, porque los jóvenes que asisten a esos centros poco pueden aprovechar de lo escaso que se les ofrece. Estudiar es un verbo casi desconocido) A aquéllas, porque a la actual administración le correspondía (y corresponde) dejar de consentir la mediocridad. Tiene los instrumentos para regular el desastre educativo que existe en la entidad, pero se ha negado a utilizarlo (¿Será porque le han encontrado el gusto al negocio?)
El problema es el lucro.
Ningún negocio (salvo el narcotráfico) es más jugoso y es más perjudicial (qué paradójico) que el educativo, siempre entendido en términos minúsculos, porque quienes lo han ejecutado son eso, empresarios de a peso y oportunistas de sexenio.
La actual administración debería revisar y clausurar las universidades que no cuentan con las instalaciones, el profesorado y la infraestructura necesarias para operar de manera “decente”. No hay razón para no hacerlo.
Otras razones solo encubren corrupción.
La educación como lucro, entendida en los términos desarrollados en este país, parece incluso ilógica: se acaba de anunciar que dos de las mejores universidades del mundo, Harvard University y el MIT, han lanzado una plataforma para ofrecer clases por internet GRATIS. Sí, mientras nosotros estamos en la ruta del lucro educativo, las universidades con más prestigio en el mundo están empezando a abrir sus puertas a la gratuidad. Con su lógica y dinámica propias, pero se está explorando un nuevo modelo. Eso demuestra que hay que discutir el actual, hoy más que nunca.
En México, el reto es para las Universidades públicas. De ellas depende aprender lo bueno y malo que hacen las universidades más importantes del orbe o seguir comparándose con los negocios familiares en que están convertidas la mayoría de universidades mexicanas.
El reto es luchar con Goliat o preferir ser el David en el mundo de los “pequeños”.
O se apuesta por la excelencia o seguiremos siendo universidades del montón.
Habrá que correr el riesgo que implica querer ser grande. Porque, el diagnóstico es claro: muchos están contentos con medirse con esas universidades “patito” e incluso presumen su excelencia frente a ellas. En el fondo, es querer ver el vaso medio lleno, cuando en realidad se sepa que, en el mejor de los casos, está medio vacío.