Margarita Zavala reclama a Calderón falta de apoyo a JVM
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Apenas arrancaba el segundo mes de campaña por la Presidencia cuando unos cuantos de los convidados a la cena de gala del 150 aniversario de la Batalla de Puebla fueron testigos de un monumental reclamo.
Aquella noche de 4 de mayo en Casa Puebla, un ligero descuido hizo que algunos de los presentes escucharan parte del diálogo que sostuvo la pareja presidencial con relación a Josefina Vázquez Mota.
En medio de la euforia por los festejos nacionalistas que patrocinaba el gobierno estatal, incluso antes de tomar el primer bocado, Margarita Zavala le soltó a su esposo un reproche por los acontecimientos que hasta ese momento habían venido desarrollándose en la campaña de la candidata del PAN.
Después de aparentemente leer un mensaje a través de la blackberry, en la que portaba adherida propaganda de Vázquez Mota, la primera dama se dirigió a Felipe Calderón para manifestarle lo siguiente:
“No se siente tu apoyo hacia Josefina, ¿eh?”.
Sorprendido por la dureza de las palabras, el presidente escuchó pasmado la segunda frase:
“Vengo de una reunión con ella, y le faltan muchas cosas”, atizó Margarita Zavala.
Entonces intervino Calderón.
Como quien pretende apagar fuego antes de que éste se salga de control, el mandatario, invitado de honor en esa cena de gala, asintió con movimientos de cabeza y respondió con un escueto: “estoy en eso”.
Hasta ahí duró el intercambio de expresiones de la pareja presidencial, ligadas a la abanderada panista.
Escasa en palabras y (muy) basta en contenido, la conversación aclaró algunas dudas a sus oyentes, pero una en particular.
Que la especie de que el presidente Calderón estaba dejando a su suerte a la candidata de su partido, el PAN, no era una versión exclusiva de mentes perversas vinculadas a sus rivales políticos, sino que se trataba de un sentimiento verdadero y existente, incluso, al interior del panismo.
Quizá, si por Felipe Calderón fuera, Vázquez Mota ya habría tirado la toalla en la contienda presidencial y habría declinado a favor de alguno de los otros dos candidatos: Enrique Peña Nieto, de Compromiso por México, o Andrés Manuel López Obrador, de Movimiento Progresista.
Con preferencias electorales en contra; con “aliados” en el panismo que se comportan como enemigos, como el ex presidente Vicente Fox que ayer pidió el voto a favor del PRI, y con una creciente percepción negativa montada sobre su espalda, es un acto heroico que Josefina hoy siga de pie.
Aun en medio de todo ese contexto desfavorable, la ex secretaria de Educación y de Desarrollo Social ha respondido claro: “No me rindo”.
Así que no se rendirá.
Y no lo hará por varios motivos.
Uno de ellos, relevante, el apoyo incondicional de Margarita Zavala de Calderón.
Remando contra corriente en el propio hogar, como quedó evidenciado en la cena de Casa Puebla, la esposa del mandatario mexicano tampoco ha tirado la toalla.
Ya nada más faltan 27 días.
***
En el Tribunal Superior de Justicia las cosas cambiaron, sí, en efecto, pero para seguir igual.
Hace unos días fueron obligadas a renunciar de sus cargos Lourdes Zavala Leal y Berenice Ozuna Franco.
La primera se desempeñaba como directora general administrativa y la segunda como jefa del área de presupuesto.
A las dos, sin mediar mayores argumentos que los acostumbrados en la gestión actual, les dieron las gracias y las echaron literalmente a la calle.
Ahora se dice que en lugar de Zavala Leal será nombrada Beatriz Gayosso Ponce, y que en el sitio de Ozuna Franco entrará Karenina Acosta.
Los nuevos nombramientos no tendrían nada de extraño si no fuera porque la primera de ellas, que ya labora en la subdirección de recursos materiales, es hermana de la magistrada Margarita Gayosso Ponce, y que la segunda, de la misma manera, tiene lazos familiares con otro influyente integrante del Tribunal, el magistrado Saúl Acosta, de quien es hija.
Se supone que David López Muñoz emprendería una depuración de los vicios que durante años se han apoderado del Poder Judicial, como la entrega de nombramientos a parientes, amigos y conocidos de magistrados y jueces.
El Tribunal, se dijo, dejaría de ser una agencia de colocaciones en beneficio de sus servidores públicos de mayor rango.
¿Qué pasó entonces?
¿Acaso el compromiso se convirtió en letra muerta?
Esperemos que no.
Tal vez el trascendido aquí expuesto es incorrecto.
Y a lo mejor, ni la hermana de una magistrada ni la hija de otro están cerca de ascender sólo por sus méritos consanguíneos.