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Mitos electorales

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Mitos electorales
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 18 de junio de 2012
La reforma electoral de 2007-2008 no permitirá por sí sola tener campañas más equitativas, sin guerra sucia y con los ciudadanos como verdaderos actores del proceso electoral. Eso se sabía y ahora se confirma, aunque no en la hipótesis de las televisoras, que odian la reforma por quitarles parte del control en la compraventa de espacio en medios de comunicación; esa es otra historia.
La reforma ha sido un paso importante en materia de gasto publicitario en materia electoral, pero ha quedado coja por la intervención de los partidos políticos en su ejecución y por el desplazamiento del ciudadano como actor principal del proceso electoral. 
Tres aspectos sirven de ejemplo:
1. La ciudadanía en el proceso electoral
La reforma de electoral no logró que los ciudadanos participaran de manera más importante en el proceso electoral, ni como autoridad, ni como candidatos.
La reforma no ciudadanizó un IFE en el que se puede encontrar a un personaje como Sergio García Ramírez, de quien nadie pone un duda sus méritos académicos, como tampoco se vacila sobre su corazón priísta, al grado que en 2005 fue propuesto como líder del PRI, por no hablar de su paso por el gabinete de Miguel de la Madrid. Encontramos también a María Marván, cuyo pasado panista es innegable y podríamos continuar con la lista, pero los ejemplos son más que ilustrativos de que la ciudadanización del IFE es una falacia. El IFE es un coto de poder de los partidos políticos  y la reforma de 2007-2008 no ha cambiado esa dinámica. 
 
El IFE surgió como una respuesta del sistema a las exigencias ciudadanas de quitar al sistema el control del proceso electoral. Lo que sucedió es que el gobierno cedió el control y los partidos políticos fueron quienes lo tomaron. El resultado es el mismo: la ciudadanía sigue sin ser el árbitro de la elección y eso, en su sistema de partidos políticos como el mexicano, es un problema mayúsculo. 
 
El IFE es ciudadano porque el membrete así lo señala. Al interior del Instituto es claro que la lógica que se impone es la de los partidos políticos.
Por otra parte, la reforma no logró que se incluyesen ciudadanos que, sin afiliación partidista, pudieran participar como candidatos independientes. En otras palabras, la reforma constitucional que permitió la postulación de candidaturas independientes ha sido desdibujada por los partidos políticos a través de la falta de reglamentación de las candidaturas independientes. El resultado es que los partidos siguen siendo la única vía para postular candidatos. El actor, entonces, sigue siendo el partido político, no el ciudadano.
2. Acceso a medios
No todos los candidatos presidenciales tienen el mismo acceso a medios de comunicación, ni en el mismo horario, ni con la misma calidad. Los resultados finales que arrojarán las campañas confirmarán que se está ganando en la equidad en el acceso a medios, pero ello es solo aplicable a la elección presidencial, con sus matices.
 
El análisis es distinto y se vuelve más interesante en el resto de campañas, las de diputados, senadores, presidentes municipales y gobernadores. En ellas hay una enorme diferencia entre los candidatos del partido con mayores recursos y los candidatos que, sin recursos económicos, están condenados al ostracismo.
 
La reforma logró acotar el beneficio económico de las televisoras, pero no ha impedido darle la importancia debida a las campañas a diputados y senadores. La diferencia es brutal entre la campaña a Presidente y las campañas a diputados en los 300 distritos electorales. El dinero es la diferencia. En ello la reforma sigue dejando pendientes los retos de lograr una campaña más equitativa. Podemos cerrar los ojos y decir que ya hay campañas equitativas en todos los niveles. Sería una negación de la realidad.
3. Guerra sucia
Por supuesto que el aspecto más comentado es la “guerra sucia” –en la que los ataques del PRI y el PAN al candidato de izquierda, Andrés Manuel López Obrador, es el punto medular.
 
Llaman la atención algunas reacciones inocentes de quienes critican la guerra sucia. Lo que está en juego es un proyecto político y una forma de encauzar al país.
Para otros también están en juego sus intereses personales (contratos, permisos, concesiones, empleos, etc.). 
 
Lo que indigna es la pasividad de las autoridades electorales; lo que sorprende es la falta de respuesta contundente y con imaginación de parte del atacado. La guerra sucia se combate con argumentos fuertes y frontales; y con ataques al contrario. 
 
Es una elección. 
 
La guerra sucia no es el escenario óptimo, pero si se mira la elección de 2008 en los Estados Unidos, mucho se podría aprender de cómo el candidato Obama se defendió de acusaciones bajas. 
 
Una guerra sucia se corta con un árbitro electoral eficiente. 
 
Ante la falta de ese árbitro, se acaba con imaginación, fortaleza y atacando; que nadie se sorprenda. 
Staff Puebla On Line 2009
Staff Puebla On Line 2009