Novedades de un gobierno conocido
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Si los priístas se quieren engañar(se) para intentar justificar(se), están en todo su derecho.
Pero, si Manilio Fabio y Emilio Gamboa controlan ambas Cámaras, Osorio Chong, Murillo Karam, Coldwell, Emilio Chuayfett, y Francisco Rojas son parte del gabinete de Peña Nieto, ese no es un “Nuevo PRI”, sino un PRI con un toque de Echeverría, López Portillo y De la Madrid y un tufo de zedillismo y salinismo.
Eso lo esperábamos.
Que nadie se sorprenda, pero tampoco que se ofenda a la inteligencia con el argumento del “Nuevo PRI”.
Este es el mismo PRI, con un par de rostros jóvenes. Eso es todo.
No obstante, Peña Nieto ha dado un paso que puede ser el sonido de tambores de guerra o un acuerdo siciliano: ha colocado a Emilio Chuayffet en la Secretaría de Educación.
Hombre culto, a Chuayffet le toca la encomienda de negociar con su otrora enemiga, Elba Esther Gordillo. El episodio más simbólico de esa rivalidad fue, sin duda, la defenestración de la “maestra” al ser expulsada de la Coordinación de los Diputados del PRI en el año 2003. El personaje que le sustituyó es el ahora Secretario de Educación.
Por eso, el movimiento de Peña Nieto huele a acuerdo siciliano y con él intenta mostrar los dientes porque o Peña Nieto pone frente a la “maestra” a un rival de ella o es que ambos personajes “negociaron” la llegada de Chuayfett.
Si Chuauyfett sigue enemistado con la maestra, Peña ha declarado la guerra con un manotazo en la mesa de la Educación. Un movimiento con el que trataría de quitar poder a la lideresa magisterial.
No obstante, sigue siendo un movimiento ambiguo; con riesgo, pero con cautela.
Si la maestra negoció con Peña Nieto el arribo de Chuayfett, la cuestión no es menor y detrás debe estar la mano de Ernesto Zedillo. Cercano a la maestra, pero sobre todo a Chuayffet (quien le sirvió como Secretario de Gobernación) no puede ser otro personaje, sino Zedillo, quien haya “gestionado” el arribo de Chuayffet a Educación.
¿Por qué a Educación?
Porque seguramente Zedillo le habrá aconsejado a Peña Nieto que un cambio importante habrá que darlo en ese ámbito. Él (Zedillo) es un experto en la materia: realizó la reforma más importante de los 90´s en la materia y los libros de texto, planes de estudio y visión educativa llevan su sello hasta la fecha. Eso lo sabe cualquiera. Pero no cualquiera sabe hacerlo. Zedillo sí y ha insertado a Chuayffet en un puesto importante, con peso y donde piensa dejar su sello nuevamente.
No obstante, para eso tuvo que haber aceptado no pelear con la maestra.
¿Qué habrá negociado Elba Esther?
¿Por qué aceptar a un tipo que detesta?
El destino de la maestra no es claro. Le preparan un golpe mortal. Y ella, de escudo, tendrá a “sus” maestros.
La cuestión tiene un tinte dramático: en medio de la lucha entre grupos, la educación se desangra.
A la pregunta de si la “maestra” es la líder sindical idónea para lograr una reforma educativa en México, la respuesta es más que obvia, porque ella es parte del problema y dista mucho de ser la solución.
El punto ahora es saber si Chuayffet es el hombre necesario para ello.
Peña ha tenido que dejar de lado la imagen del nuevo PRI para insertar a un “dinosaurio” en un puesto clave.
Chuayffet tiene las credenciales del viejo PRI.
La maestra tendrá que dormir con el enemigo.
El oprobio durará hasta que los intereses los separen.
O hasta que el negocio deje de ser atractivo para ambas partes.
O hasta que la educación comience a ser una prioridad.
Y entonces, y sólo entonces, sabremos porqué Peña envió a Chuayffet (a él y no a otro) a la oficina de Vasconcelos.
Aunque es un movimiento arriesgado, no tendrá consecuencias mayores en el corto plazo.
Todo queda en familia.
En la vieja familia tricolor.
La que ha vuelto.
La que, en espíritu, nunca se ha ido.