Opacidad legislativa
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El escenario de la política actual nos muestra que las instituciones encargadas de proporcionar certidumbre sobre las acciones y procedimientos de gobierno, atraviesan por un bache de credibilidad social, surgido por la falta de resultados y la poca disposición de escuchar de cerca las demandas ciudadanas; al problema se agrega que los representantes de dichos órganos -muchas veces autónomos- tienen nexos con el gobierno en turno, y por lo tanto, existe un interés al momento de tomar decisiones.
Situación que trae consigo que las personas antes de identificarse con las instituciones, opten por alejarse de ellas, quitándoles el reconocimiento social y poniendo su mirada en las asociaciones civiles y los movimientos sociales; acercándose a éstos con la esperanza de encontrar mayor participación social y la respuesta a sus peticiones. Puebla no es ajena a tal escenario.
En días pasados se escribió un capítulo nuevo en el libro de la transparencia poblana, el cual, permanecerá escrito en el archivo histórico de la democracia nacional, por supuesto, me refiero a la campaña CAIP Ciudadana, donde un grupo de activistas en pro del desarrollo y el crecimiento de la transparencia y el acceso a la información pública, buscaron esclarecer el procedimiento para la elección del nuevo comisionado de la CAIP, y de esta forma, impedir que el pago de facturas, el manejo de influencias, el nulo conocimiento y la falta de experiencia en el tema, además de los intereses políticos, se opusieran al avance de la transparencia y la democracia.
Sin duda, al final del procedimiento hay mucho que reflexionar, ya que se pudo obtener mejores resultados, pero siendo muy francos, quienes se opusieron a tal éxito fueron los legisladores locales, quedando a deber mucho. En fin, el Congreso no respondió, los observadores y participantes sí.
Por ello, queda rescatar la suma de voluntades, la insistencia, la paciencia y la perseverancia de los actores que participaron en el proceso de elección, desde los contendientes hasta los promotores de CAIP Ciudadana, quienes por un instante pusieron a temblar al Congreso local al colocar el tema en los principales diarios de circulación nacional.
Pero tal presión fue posible gracias a años de trabajo mediante redes sociales, y no precisamente del internet, sino aquellos lazos de amistad que han logrado consolidar a nivel nacional asociaciones como México Infórmate, la Asociación Mexicana de Derecho a la Información, Colectivo por la Transparencia, Fundar y Puebla Vigila, entre otras.
La participación de las asociaciones civiles fue muy restringida, pero estuvo presente y quedará como precedente. Desafortunadamente teniendo la oportunidad de revindicar su credibilidad en la sociedad, los diputados optaron por alguien cercano al gobierno en turno, e ignorando mejores perfiles favorecieron a un personaje sin experiencia en transparencia, cayendo en el error de siempre: se avanzó en la ley, pero no se pudo reafirmar dicho avance en la elección de comisionado. Seguimos con la enorme brecha entre teoría y práctica.
Por último, para colmo la elección final para comisionado del organismo que promueve la transparencia en el Estado, no fue transparente, la votación decisiva fue secreta. ¡Por favor! ¡Secreta! Además en la misma sesión pública se realizó el debate de la polémica reforma federal al artículo 24 Constitucional, es decir, dos pájaros de un tiro, la opinión pública habló de dos temas fundamentales en un sólo día, dando preferencia por lógica a uno de ellos.
Lo que debería hacer el Congreso local es preocuparse por ser una institución transparente y no sacar ese 56.5 de calificación que le otorgó esta semana la organización Ciudadanos por Municipios Transparentes.
Por cierto, deberíamos estar de manteles largos ya que el pasado 10 de diciembre celebramos el Día de los Derechos Humanos ¿Qué incongruencias verdad?
Cospen@hotmail.com
@JaphetAlcocer