Pensando en una sociedad del afecto
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Estar al pendiente del día a día a través de la información que nos presentan los medios de comunicación puede ser desalentador. Los temas de políticas y las elecciones, la inseguridad en la que vivimos y la economía mundial en una crisis evidente, entre otros temas, nos dejan una sensación de desesperanza que conspira contra el poder de sentirnos capaces de enfrentar los retos con ánimo. En medio de esta situación no dejo de pensar en la necesidad de confiar en el ser humano, confiar en nuestra capacidad para poder esclarecer nuestra mente y encaminarnos a un pensamiento esperanzador. De esto quiero reflexionar hoy, de cómo desde el individuo único, desde la acción de cada quien podemos cambiar las realidades sociales; para ello debemos prestar más atención a lo que pudiera ser el reconocimiento y generación de la “sociedad del afecto”.
En los años recientes podemos ubicar que las relaciones interpersonales se han visto favorecidas por los vínculos donde las emociones y los afectos están desdibujados. Lo fundamental parece ser no lo que se siente sino aquellos elementos que median las relaciones humanas y que muchas veces toman un matiz material. Esto es preocupante porque es en las emociones donde podemos ubicar unos de los elementos básicos para hablar de humanidad, los afectos y los sentimientos nos deben distinguir.
Uno de los errores más comunes que se han presentado son aquellos momentos históricos que han buscado satanizar las emociones humanas, limitar los derechos del ser humano para sentir y expresar sus emociones. Situaciones en las que se nos indica que la expresión de emociones puede ser entendido como una debilidad porque las emociones nos fragiliza. Si aceptamos la propuesta nos llevaría invariablemente a alejarnos de nuestros afectos básicos, o cuando menos de la expresión de ellos.
Estamos viviendo en un mundo en el que está presente un desarrollo tecnológico muy avanzado. Éste nos invita a usar la tecnológica para ser más eficiente y más productivos, pero poco nos enseña de cómo sentirnos más a gusto y felices con nuestras acciones. Vivimos en sociedades marcadas por la competencia, las utopías, el afán del saber y del conocimiento y yo me pregunto ¿cuándo viviremos en una sociedad marcada por los afectos?
Los afectos, las emociones, los buenos sentimientos, deben ser aceptados como aquellos valores humanos sobre los cuales se deben construir los vínculos y el desarrollo humano. En este sentido todo lo que no tenga en cuenta los vínculos y afectos humanos está condenado a generar una sociedad desvirtuada pues sólo en nuestras emociones está el ejercicio de la libertad como individuo.
La redención del afecto se debería aceptar como el espacio de vínculo posible de una cultura de la liberación subjetiva; el malestar que se manifiesta en una sociedad puede ser entendida como consecuencia del olvido del afecto, de la necesidad de expresar nuestros sentimientos, nuestras emociones humanas y esta expresión no debería estar en pausa.
Debemos estar altamente motivados a entender lo que sucede con nuestras emociones, pues considero que la capacidad latente de expresión de los afectos nos brindará sin lugar a dudas las herramientas necesarias para generar o replantearnos nuestros proyectos de vida. Al poder expresar nuestros afectos nos veremos favorecidos a entender y aceptar el cambio de como pensamos las cosas, analizaremos las creencias con relación a nuestras potencialidades y aceptaremos la necesidad de creernos capaces de enfrentar un cambio de mentalidad, primero de nosotros mismos y posteriormente de aquellos que nos acompañan en nuestra vida.
Si lo reflexionado en este escrito es aceptado por ti y te identificas con la idea, nos invito a que hagamos lo que esté en nuestras manos para que la sociedad del afecto sea la sociedad de este siglo. Enfrentar situaciones difíciles como las que nos compete en estos momentos puede y debe ser un catalizador para generar cambios significativos de pensamiento y de acción.
Dialoguemos desde nuestros afectos y seamos sujetos críticos de nuestro pensamiento y nuestro actuar.
*El artículo expresa la opinión personal del autor, que es académico de la Universidad Iberoamericana Puebla
**Este texto se encuentra en: http://textoscirculo.blogspot.mx/
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