miércoles, 03 junio 2026
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¿Por qué Josefina Vázquez Mota no crece en intención de voto?

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STAFF PUEBLA ON LINE 2009 16 de mayo de 2012
Autenticidad” podría ser la palabra que explique por qué Josefina Vázquez Mota no crece en la intención de voto y por qué Andrés Manuel López Obrador puede convertirse en el receptor del sufragio útil.
 
El discurso de la candidata panista ha sido inconsistente, al igual que su estrategia de campaña, la cual hoy va por su segundo relanzamiento, con un desenlace muy previsible: seguirá estancada y perdiendo simpatías.
 
Y es que la ex secretaria de Educación Pública se ha mostrado —en términos de marketing— como una política hipócrita, simuladora, acomodaticia y falsa, que no dice lo que piensa ni obra en consecuencia, sino que actúa y procede según convenga a las circunstancias del momento. Es decir, carece de autenticidad.
 
Al menos en el terreno educativo, donde la figura de Elba Esther Gordillo Morales juega un rol protagónico, Vázquez Mota ha sido esquiva y voluble. Hoy, cuando las encuestas la ubican en tercer lugar, ha endurecido su discurso en contra la presidenta vitalicia del SNTE y la resistencia de ésta a la evaluación universal de maestros, acusándola de ser una dirigente corrupta y un obstáculo para la educación en México.
 
Sin embargo se olvida de explicar por qué el presidente Felipe Calderón y ella misma, cuando estuvo al frente de la SEP, fueron omisos en acabar con su cacicazgo, por qué permitieron que aquellos profesores reprobados en las pruebas de evaluación continuaran dando clases, o por qué nunca transparentaron los millonarios recursos (6.5 millones de pesos al día) entregados al SNTE por concepto de cuotas sindicales.
 
O por qué, cuando decidió buscar la candidatura del PAN a la presidencia de la República, trató de lograr, a pesar de sus diferencias, un acuerdo político con Elba Esther como el que pactaron Felipe Calderón y el ex dirigente nacional de su partido, Manuel Espino Barrientos, con la dirigente nacional del SNTE en las elecciones de 2006.
 
Ciertamente, López Obrador tampoco se ha distinguido en esta contienda por ser un político genuino. Nadie le creyó su discurso ético ni su república del amor, que lo hacían ver más como un pastor cristiano, como un líder idealista, utópico y moralino, que como un candidato presidencial.
 
Pero a diferencia de la panista, el candidato de la coalición de izquierda pronto enmendó su error y entendió que un cambio tan radical como el aconsejado por sus asesores sólo le restó confianza y credibilidad. Sin volver al radicalismo de antes, López Obrador retomó los ejes centrales de su discurso y enfocó sus baterías en contra del candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, y de los poderes fácticos que lo apoyan, entre ellos Elba Esther Gordillo.
 
Y en este tema, me parece, el mensaje de López Obrador es más congruente que el de su adversaria panista, realidad que está viendo un porcentaje importante de electores, de votantes indecisos o decepcionados de los dos últimos gobiernos panistas y que tampoco quieren al PRI de regreso en Los Pinos.
 
Esta situación explica, en mi opinión, el crecimiento en las preferencias electorales del candidato de la coalición Movimiento Progresista, el por qué López Obrador comienza a capitalizar el llamado voto útil, además de reacciones airadas como las de Germán Martínez Cázares que postulan que con AMLO ni a la esquina y desechan a priori la conformación de un bloque opositor anti PRI y Peña Nieto.
Staff Puebla On Line 2009
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