Gobierno-partido; ¿conflicto o relación virtuosa?
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Dos temas de debate ameritan esta reflexión: la polémica participación del Presidente Calderón en la reunión de consejeros de Banamex en la que presento una encuesta sobre los candidatos a la presidencia y las tensiones surgidas en Puebla entre el PAN y el gobierno, respecto de cuestiones partidistas.
El fondo del asunto, independientemente de las implicaciones de coyuntura, tiene que ver con la naturaleza del sistema político mexicano que es catalogado como “presidencialismo puro”. Inspirado en la constitución norte americana de 1787 y en la de Cádiz de 1812, fue plasmado en las constituciones mexicanas de 1824, 1857 y 1917.
El presidencialismo mexicano, como sistema de gobierno unitario, asumió características hipertróficas por razones históricas peculiares: las reformas impulsadas por Calles, después de la muerte de Obregón; la no reelección y la creación del PNR antecesor del PRI, como partido único integrador de las difusas fuerzas post revolucionarias. Bajo estas reformas el poder en México se concentro en el titular del poder ejecutivo, que a su vez fue el jefe del partido, con facultades meta constitucionales en la integración y funcionamiento de los otros poderes, destacadamente del poder legislativo. La derrota del PRI en el 2000, rompió la relación ejecutivo –PRI ; traslado su dinámica hacia los estados gobernados por el PRI y planteo una disyuntiva en la relación del gobierno de Fox con el nuevo partido en el poder el PAN. Al no incluirse en los sucesivos remedos de reforma del Estado , ni la limitación del poder ejecutivo, ni la clarificación del papel de los gobernantes en sus partidos; la confusión y la cultura de apego a la hegemonía de los ejecutivos federales y locales subsiste, incluso en los gobiernos que ha ostentado el PRD. ¿Por que subsiste, sin distingos de Partido? Además de la vocación de poder de “ los hombres fuertes”, subsiste por que el liderazgo político de los ejecutivos es condición de gobernabilidad y de viabilidad del proyecto que los condujo al poder. Estamos entonces ante el dilema de: ¿ cómo hacer de la relación partido-gobierno un intercambio virtuoso de convicciones y acciones compartidas?
Se trata de un problema de definición de competencias constitucionales y legales, pero también de cultura política, que se consideraba “priísta”, pero que hoy sabemos es consustancial a todos los partidos y tiene que ver con la forma en que en México se concibe y se ejerce el poder.
Es así que en el entorno nacional la criticada intervención del Presidente Calderón, lo ha obligado a realizar un acto de fe: se ha declarado demócrata y respetuoso del proceso en curso, a la vez que PRI y PRD han acudido a los tribunales. En tanto que en Puebla, ha trascendido a la opinión pública diferencias entre el gobierno y el PAN, sea por la inscripción de miembros adherentes, sea por la elección de consejeros, por el desempeño del ayuntamiento de Puebla o recientemente por la elección de candidatos y la promoción de un nuevo partido local auspiciado por el ex secretario de desarrollo social del gobierno del estado que no encontró espacios en el PAN.
La cuestión es: ¿Cuál debe ser el papel del titular del ejecutivo, respecto de la vida interna de su Partido? ¿ Es sano o no que el Presidente de la República o los gobernadores influyan en la confección de la lista plurinominal de candidatos a senadores y diputados? ¿ Cual es el alcance de las declaraciones, por un lado del Presidente de la República de abstenerse de influir en el proceso electoral y por otro del Gobernador de Puebla de que no asistir a los eventos proselitistas de los candidatos de su Partido? Me parece que ante la incertidumbre y desaliento que propicia el encono y la división, es apremiante una actitud prudente de los ejecutivos federal , de los estados y de los dirigentes de todos los partidos, sin que estos deban, desde luego, limitar su democracia interna..
En el caso de Puebla, la situación es más compleja por tratarse de un gobierno de alternancia que llega al poder con el apoyo de tres fuerzas políticas, el PAN, partido del Gobernador, PRD-Convergencia y PANAL. Tal coalición ha quedado parcialmente concluida, pero la relación Gobierno-PAN, debe persistir como una realidad objetiva e imprescindible, por razones de estado , de gobernabilidad y de congruencia. Desde su conformación, pasando por el triunfo electoral y la formación e inicio de la administración ; el PAN y el Gobierno han avanzado juntos, aún cuando la correlación de fuerzas ha cambiado. Las reformas aprobadas en el Congreso que prefiguran la construcción de un nuevo pacto social hacia el 2013, 2016 y 2018; solo han podido darse con el aval del PAN y el acuerdo político del resto de las fracciones. La metas se antojan improbables, bajo un escenario de ruptura.
De manera que si cohabitan por un lado las facultades meta constitucionales del ejecutivo del Estado, y por otro la indefinición , y aún la resistencia, respecto de cómo adecuar la dinámica partidista a la nueva realidad política; lo conveniente es el acuerdo y el consenso, que privilegien objetivos superiores.
Son tan complejas y trascendentes las disyuntivas para el futuro de Puebla , que sería un error resolverlas por impulsos, percepciones contingentes o bajo la inercia de una cultura política, propia del pasado autoritario, que aún permea a funcionarios y cuadros partidistas. Lo que esta en juego es algo más que la natural disputa por posiciones hegemónicas, en un proyecto compartido. Lo que esta a prueba es la viabilidad de la opción pluripartidista de alternancia, como instrumento para construir un mejor destino para Puebla y recuperar el espacio perdido en el contexto nacional.