Santa Hildegarda de Bingen
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“Hay un vacío en forma de Dios en el corazón de
cada hombre que sólo Jesucristo puede llenar”,
Blaise Pascal
En el Cristianismo primitivo y durante toda la historia del catolicismo, las mujeres han tenido una participación determinante para la preservación y la difusión del Evangelio de Jesús.
En la crucifixión ahí estaban su madre y las mujeres que lo acompañaron durante sus años de predicación.
Sin embargo, en pleno Siglo XXI la jerarquía católica es cuestionada por no permitir a las mujeres, la ordenación sacerdotal. Un tema polémico, sin duda.
Las mujeres siempre han ocupado papeles fundamentales dentro de la Iglesia, aun cuando no sea en cargos jerárquicos.
El Papa Benedicto XVI anunció que Hildegarda de Bingen será Doctora de la Iglesia.
Tal vez sea porque el Vaticano está preocupado por la crisis actual. El cristianismo, el catolicismo, necesita renovarse, actualizarse, volver al Evangelio.
El Papa ha dedicado dos catequesis a Hildegarda, a quien con sus visiones en la Edad Media la comparó con los profetas del Antiguo Testamento.
Fue una mujer entregada a Dios.
Joseph Ratzinger la proclamará doctora de la Iglesia el próximo 7 de octubre, previo al Sínodo sobre la nueva Evangelización, que se llevará a cabo a partir del 11 de octubre de 2012 en Roma.
Este encuentro de obispos -50 años después del Concilio Vaticano II- es importante por la situación actual de crisis de valores, de fe, de cultura, de ética… Un panorama posmoderno desolador por el desánimo, la violencia, el cansancio y la falta de alegría.
En fin, en estas circunstancias, la Iglesia declarará doctora a Hildegarda, una destacada religiosa por la que Dios habla a la humanidad, como en los tiempos antiguos. Hebreos 1, 1-2.
Doctor o Doctora de la Iglesia es un título atribuido a santos o santas que con su vida y con sus obras han sido testigos del Evangelio.
La Iglesia ha reconocido a treinta y tres doctores, de los cuales tres son mujeres: Teresa de Ávila, Catalina de Siena y Teresita de Lisieux. Las primeras dos proclamadas por Pablo VI en 1970 y la última por Juan Pablo II en 1997.
Ahora, se añadirá una cuarta doctora.
Hildegarda de Binger fue la hija menor de diez hermanos. Nació en 1098 en Bermesheim, en Renania. Murió a los 81 años, en 1179.
Su nombre significa “aquella que es audaz en la batalla”.
Ingresó desde muy pequeña a la vida religiosa. Pronto recibió visiones místicas y para corroborar que no fueran sólo ilusiones buscó la aprobación de autoridades eclesiásticas como la del propio Papa Eugenio III, quien mientras presidía el sínodo de Tréveris leyó un texto de Hildegarda.
El Pontífice le autorizó escribir sus visiones y hablar en público. Su fama se difundió pronto. Sus contemporáneos le atribuyeron el título de profetista.
Fue reconocida como una santa para su pueblo, pero no había sido canonizada.
Su obra más conocida “Scivias” (conoce los caminos), resume en treinta y cinco visiones la historia de la salvación, desde la creación del mundo hasta el final de los tiempos.
En sus visiones proféticas resaltan fragmentos apocalípticos, traiciones dentro de la Iglesia, etc.
Hildegarda fue monja, teóloga, cosmóloga, botánica y música, considerada la primera mujer compositora de la historia cristiana.
En su tiempo, condenó la inmoralidad, el pecado de los sacerdotes y los laicos.
Al emperador Federico Barbarroja, quien “provocó un sisma eclesial oponiendo tres antipapas al Papa legítimo, Alejandro III”, le hizo llegar un mensaje de parte de Dios para recordarle:
“¡Atento, atento a esta malvada conducta de los impíos que me desprecian! ¡Escucha, rey, si quieres vivir! ¡De lo contrario mi espada te traspasará!”
Sus visiones están llenas de contenido teológico, subrayan la relación humana y divina, centrándose entre la virtud y los vicios.
Benedicto XVI subraya: “Vemos cómo la teología puede recibir una contribución peculiar de las mujeres, porque son capaces de hablar de Dios y de los misterios de la fe con su peculiar inteligencia y sensibilidad”.
“Esta es una experiencia auténtica del Espíritu Santo, fuente de todo carisma”, sostiene Ratzinger.
Juan Pablo II escribió la Carta Apostólica Mulieres Dignitatem en la que resalta la importancia de las mujeres en la Iglesia.
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