Una elección en clave exterior
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La elección del martes en los Estados Unidos de América es, como cada cuatro años, la más importante del planeta.
El punto medular para los intereses del mundo entero es la política exterior que seguirá la administración de Estados Unidos. Si será más o menos respetuosa de la soberanía de los países, con todas las implicaciones militares, económicas y sociales que ello acarrea, es cuestión de importancia suprema.
Estados Unidos es la potencia nuclear y militar por excelencia. Nunca un país ha tenido tanto armamento y ha invertido tanto en seguridad como lo están haciendo los americanos. Y eso tiene una repercusión significativa en el plano económico y social (Rápido y Furioso es una minúscula prueba de ello).
Cierto es que otros actores han comenzado a jugar papeles importantes en el escenario mundial. China, por ejemplo, ha ganado un espacio incuestionable. Basta ver su oposición a una invasión de la OTAN en Siria para que se deje a los sirios a su suerte, con un sometimiento brutal a los más débiles de parte de ambos bandos, en una Guerra Civil que está dejando como resultado un inagotable número de delitos de lesa humanidad y un genocidio más que evidente.
Aun así, por su peso específico y por su capacidad armamentística, Estados Unidos sigue siendo el eje del equilibrio bélico mundial y por eso es importante la elección del próximo martes (entre otras cosas).
De un lado tenemos a Mitt Romney, con quien las cosas parecen claras: sería casi inminente una invasión a Irán para derrotar al régimen de Mahmoud Almaninejab e impedirle que enriquezca uranio y construya una bomba atómica. Esta historia ya la vivimos hace una década, aunque con un país distinto (Irak) y los resultados no son alentadores.
Así mismo, Romney invita a mirar hacia Latinoamérica. Lo que para algunos puede ser una buena señal, a otros no nos parece que sea el caso.
Romney busca un interlocutor igual de grande que China y ha escogido una región. La diferencia entre la América Latina que quiere Romney y la China con la que hoy se enfrenta es la manipulabilidad de la primera y no así la del gigante asiático.
Romney quiere demostrar que Latinoamérica es la región en la que debe fijarse la política exterior y los intereses económicos de Estados Unidos pero, en su visión, es indispensable la uniformidad de la región y es ahí donde la “bondad” de los intereses de Romney comienza a resquebrajarse.
El mapa político y económico de América Latina es variopinto y si algo necesita de Estados Unidos (como miembro de la OEA) es el respeto a su soberanía y la ayuda para el fortalecimiento de sus instituciones.
Una política americana más intervencionista en Latinoamérica haría añicos los avances en la región.
Por ende, América Latina necesita que Estados Unidos dirija hacia ella su mirada, pero sólo para ayudarle a crecer y evitar que haya episodios como en Honduras y Paraguay (yerros fatales de la administración Obama)
Entre que la indiferencia sea la característica de la mirada americana hacia Latinoamérica (como lo ha hecho la administración Obama) o su objetivo sea intervenir directamente para “uniformar” a la región (como lo intentó Bush en Venezuela), es preferible la primera opción, con todas las desventajas que ello tiene.
El Presidente Obama parece tener una agenda expansiva a base de apretar el “gañote” a la contraparte y “convencerle” de la “bondad” de los intereses americanos.
Sus traspiés durante el primer periodo de su administración son evidentes en materia de política exterior, que se ha visto superada por un fenómeno mucho más trascendente: la Primavera Árabe.
Por eso, este primer periodo de Obama debe ponderarse en materia de política exterior con esa variable y ante la cual la administración americana ha respondido con grandes dudas, pero sin un ánimo 100% beligerante.
Con Obama, podemos estar seguros, no es que termine el afán imperialista de los Estados Unidos de América, sino que las decisiones en política exterior serán tomadas tratando de evitar los desastres de Afganistán e Irak dejados por la anterior administración. Esa es la clave en la que se mueve la política exterior de Obama.
Invadirá, seguro; pero sólo con el apoyo de la OTAN.
Obama tiene claro que las aventuras de Bush, Chenney y Rumsfeld de inicios de siglo han tenido un coste altísimo. Y evitará repetirlas a toda costa.
Por eso, quien piense que la elección del martes no es importante para el planeta, sólo debe recordar Afganistán e Irak como ejemplos de que la elección del martes vuelve a ser tan trascendental como lo ha sido desde hace 80 años. ¡Cuánto se hubiera ahorrado el mundo con un personaje distinto a George W. Bush.!
Por eso, si de los males hay que escoger el menor, la elección preferida termina siendo la continuidad del actual inquilino de la Casa Blanca: Barack Hussein Obama.