Yo Plutarco, LXXXIII Aniversario
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En este mundo en el que ahora vivo, en el que nos encontramos mis amigos, mis cómplices, mis súbditos, mis adversarios y mis enemigos, contemplo un México que no comprendo.
Ahí están los Estados Unidos, ahora gobernados por Barack Obama; actúan los curas de la iglesia que quise destruir.
¡Pobre México y yo tan lejos de él!
¡Entonces, Yo Plutarco, construí un partido!
Bajo mi poder y mi mando, reuní porfiristas arrepentidos que aun había, maderistas ilusos, villistas convencidos, zapatistas invencibles, carrancistas dolidos, obregonistas soberbios y muchos istas, que poblaban las regiones del país.
Así nació el PNR, el Partido Nacional Revolucionario.
Allí, impuse como Presidente al general Manuel Pérez Treviño. No duró ni un año en el cargo.
En esos tiempos tuve glorias y victorias y uno que otro coraje y hasta desasosiegos.
Nunca olvidé aquel día en el que Lázaro, me mandó en un avión de la Fuerza Aérea a San Diego, por andarme entrometiendo en sus decisiones, ya como Presidente.
Yo actuaba como si hubiera seguido siéndolo; hubo un momento que pensé, me lo merezco.
Cómo me acuerdo, que cuando estaba frente a Lázaro, que me ordenaba irme, me aguante como hombre, y aunque no le mente la madre, sí me acordé de ella.
Este no era como Emilio o como Pascual, “el nopalito”, o como Abelardo.
También, entonces rememoré que la gente cuchicheaba y se preguntaba ¿Quien mató a Obregón? y se contestaba ¡cayese la boca!
No cabe duda, el México de hoy no es el México que yo deje aquel 19 de octubre de 1945.
Hoy, gobiernan los adversarios y muchos amigos coludidos con estos enemigos.
Y el partido que yo fundé, desarmado y desfundado, con un montón de sinvergüenzas, montón es un decir, con pocos sinvergüenzas que han usurpado el poder, porque el pueblo sigue igual de jodido o más que entonces.
Bueno, ahora la mayor parte de mexicanos viven en las ciudades; en mis tiempos, el mayor número poblaba el campo.
Ahora el partido que yo construí, esta fraccionado como nunca antes, y cada gobernador de los nuestros es un virrey, algunos buenos para nada, y otros buenos para llenar sus bolsas.
También hay otros en las cámaras, que negocian las iniciativas, que no tienen recato ni vergüenza, ni identidad partidista.
¡Pobre partido, mi partido es un partido partido!
¡Los otros son iguales o peores!, sí, pero lo que importa es el nuestro.
La diferencia es que entonces el Presidente, Yo, Cárdenas, Manuel, Miguel, Adolfo, el otro Adolfo, el cabrón de Gustavo, Luis y todavía José López Portillo ponían orden, había unidad de mando.
Bueno, no se me olvida el caso de Carlos Salinas, el orejitas, que con golpes de timón “salvó” a la república. Tampoco he borrado el nombre de algunos hermanos, que son el muerto que aun carga el partido.
¡Puras vergüenzas!, tantas, que por eso en el 2000, nos echaron del Palacio.
Ahora esos virreyes, sin recato alguno, mandan maletas llenas de dinero, otros acusados de colusión con los narcos, y algunos de ellos ineficientes o convertidos en sátrapas.
¡Oh mis tiempos!, esos días en los que pusimos las bases de un México nuevo, esos años en los que no faltaban encuentros y desencuentros, esas épocas en las que por fin se imponía la Ley y dominaban los aciertos, esos tiempos en los que creamos las Instituciones de la república, ciertamente hoy necesitadas de renovación y transformación.
Yo, Plutarco, querido por muchos por conveniencia y odiado por otros tantos con razón o sin ella, entiendo este México distinto al que me tocó vivir.
Lo que no comprendo, es que mis hijos y mis nietos, como los priistas, muchos o pocos, no sé, no estén convencidos de que la nación, no se salvará, si no es con el esfuerzo de todos.
Sí de todos, panistas, priistas o izquierdistas, con una condición, que actúen con honradez, con autenticidad, por la nación, por sus hijos, por sus nietos.
Si no quieren seguir mis consejos, es indispensable que los priistas asuman el pensar y el actuar de Jesús Reyes Heroles.
Es necesario el sentido de cohesión y armonía.
Se requiere estrategia y mando.
El triunfo no se logrará si el partido no ofrece soluciones.
Hay que apuntar ahora, cómo se resolverán los problemas, cuándo se ejecutarán las soluciones, con qué recursos y quiénes serán los responsables.
Hay que echar a los ladrones, limpiar al partido.
Yo, Plutarco, tengo hechos de que arrepentirme, de lo que no me arrepiento es de haber creado un partido, de lo que, a ratos dudo, es si este partido es el partido que yo quise para México.
Yo, Plutarco, no olvido aquel 19 de octubre, en que me encontré con el jesuita, Miguel Agustín Pro, que en vez de reclamarme, porqué ordené al jefe de la policía, el general Cruz, que lo fusilara, me recibió con los brazos abiertos y me dijo: bienvenido general, déjeme contarle algo que escribí el 25 de septiembre de 1927: “Para desaburrirme le contaré la historia de la Fuente de las ranas de Chapultepec: una rana pidió a su mamá que quería ser rano. La madre le contestó, es mejor que calles”.
En otra ocasión aconsejé: ¡Ya es hora de no parecerse a los choferes. Es que a los choferes todo el día se les va en exclamar: ¡ah, qué calles!, ¡ah, qué calles!
Yo, Plutarco, confieso que, unos segundos antes de la ejecución del padre Pro, me llamó el embajador de Estados Unidos en México para pedirme que suspendiera su fusilamiento, y le prometí que daría la orden de no hacerlo, pero ya no era tiempo, ya lo habían ejecutado.
¡Yo, Plutarco, hago votos para que mi partido y su candidato, ganen la voluntad de la mayoría del pueblo mexicano!
Estimado lector tengo dos correos electrónicos a través de los cuales recibiré sus comentarios: vivereparvo45@yahoo.com.mx y/o vivereparvo45@hotmail.com