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Amo a mi Iglesia

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Amo a mi Iglesia
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 26 de febrero de 2013
“Benedicto es el siervo bueno  y fiel
que espera el momento de entrar
 en el gozo de su Señor”
Paz Fernández Coeto
Jesús ama al género humano, a las personas de ayer, de hoy y de siempre, por eso murió por todos en la cruz.
 
En la historia de la Iglesia ha habido Papas santos pero también muchos poco virtuosos.
 
Unos han llegado al martirio como San Pedro.
 
Otros, muchos, han sido tan pecadores como el que más.
 
En la Iglesia hay de todo: santos y demonios.
 
Benedicto XVI ha hecho bien al abdicar.
 
Él es un teólogo sabio, cuyo martirio es equiparable al  martirio de cruz en vida.
 
Benedicto ha procedido con generosidad para con los fieles y con fidelidad a Jesús.
 
No hay duda, Benedicto es un testigo de Jesús por su servicio durante su pontificado y por su renuncia al  privilegio, que representa dejar la cátedra de Pedro.
Benedicto es otro de los pocos grandes de la Iglesia católica, como San Pío X, Pío XI, Pío XII, Juan XXIII, Paulo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, todos Papas del siglo XX. 
 
Amo a mi Iglesia, es el título de un libro que escribió quien fuera arzobispo de Oaxaca, monseñor Bartolomé Carrasco Briseño.
 
La Iglesia católica la integran el clero: el papa, los obispos, los presbíteros, los diáconos, el clero regular,  los religiosos, las religiosas y más de mil doscientos millones de fieles en el mundo.
 
La Iglesia católica es la institución religiosa más antigua, lleva más de dos mil años de vida.
 
En Ella, existe un cuerpo de doctrina: la Biblia,  el Antiguo y el Nuevo Testamento. Este contiene los cuatro evangelios que son la doctrina de Jesús.
 
El Evangelio es un conjunto de normas y principios que todo fiel católico debe asumir, traduciéndolo en conducta para vivir en armonía y lograr la felicidad eterna.
 
La Iglesia ha tenido sus etapas de luz y de obscuridad. 
 
En los primeros siglos de la era cristiana, tuvo mártires y santos y también escisiones.
 
Esos primeros tiempos fueron difíciles para quienes predicaban esa nueva doctrina religiosa. Entonces se enfrento al poder establecido, principalmente el del imperio romano.
 
Después, el emperador Constantino consintió la propagación de la religión católica.
 
La Iglesia, habría de arribar a la edad media, periodo en el que la envolvieron más sombras que luces.
 
Durante ese primer milenio no faltaron las contrariedades, las infidelidades y las fragmentaciones de los grupos de católicos, que habrían de dar origen a la realización de varios concilios para restablecer la unidad y la primacía del obispo de Roma.
 
En el siglo XIII, se produjo el cisma de oriente que separo a los católicos de las Iglesias orientales de la Iglesia de Roma.
 
Después vendría el cisma de occidente con Martín Lutero, Juan Calvino y otros, en contra de conductas antievangélicas de muchos jerarcas católicos.
 
En fin, la Iglesia, incluidos los fieles, ha provocado sus propias cruces y periodos luminosos, representados por beatos, santos y millones de fieles practicantes del Evangelio de Jesús.
 
La Iglesia ha sido una gran civilizadora, maestra de la cultura, dadora de consuelo a los necesitados y a los enfermos.
 
También, una parte importante del clero y muchos fieles, en connivencia con los poderosos, hemos sido causantes de la corrupción que calcome a la Iglesia.
 
A partir de la revolución francesa, durante la modernidad y la posmodernidad, la Iglesia  parece que no ha entendido los signos de los tiempos.
 
No todo está perdido. En el siglo XIX  León XIII, con su encíclica Rerum Novarum, logró reposicionar a la Iglesia y devolver a un buen número de fieles a su seno.
 
El Concilio Vaticano I, intentó y logró recomponer la casa.
 
Durante el siglo XX, Pío XII enfrentó las crisis originadas por la segunda guerra mundial.
 
A mitad del siglo pasado, el Papa Bueno, Juan XXIII, primero con sus encíclicas reorientó el rumbo y luego a través del Concilio Vaticano II, logró abrir las ventanas para aerear esta institución milenaria.
 
Paulo VI, no sin contrariedades y dificultades procuró aplicar los mandatos del Concilio Vaticano II para poner a la Iglesia al día.
 
Juan Pablo II, durante casi tres décadas hizo todo lo que consideró prudente para devolverle a la Iglesia, esto es a sus fieles, el cumplimiento de los mandatos del Evangelio.
 
El Papa Benedicto XVI, como todo mundo sabe, ha cargado su cruz para renovar a la Iglesia católica desde sus entrañas.
 
Benedicto, un teólogo connotado, ha dado lo mejor de sí a la Iglesia y al abdicar, estoy cierto, ha dado paso para que su sucesor termine la gran tarea que él ha iniciado: purificar los diversos estamentos que conformamos la Iglesia católica, para así ser testigos de la fidelidad que debemos a su fundador y en consecuencia construyamos una sociedad fraterna y solidaria, que acredite que el sacrificio de Jesús, traducido en buenas obras es el único camino que la sociedad debe andar para aniquilar la explotación del hombre por el hombre.
 
¿Bertone le dirá a Scola, ganates pero no quedates?
Estimado lector tengo dos correos electrónicos a través de los cuales recibiré sus comentarios: vivereparvo45@yahoo.com.mx y/o vivereparvo45@hotmail.com
Staff Puebla On Line 2009
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