Crónica: ¿Cómo vacacionar en Acapulco en medio del caos por “Ingrid” y “Manuel”?
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Esta es una crónica realizada por un lector del periódico Excélsior
Seguro han escuchado o leído historias de amigos de lo sucedido en Acapulco, y la verdad es que hay mucho que contar, pero quiero platicarles lo que mi familia y yo vivimos…
Un viaje que empieza con la idea de pasarla juntos en familia, disfrutar del sol y de los primos que quedamos de vernos para cenar y dar el grito juntos. Pero llegando al puerto te recibe una lluvia intensa que te hace pensar “chin ya me quede encerrada”, sin embargo no viniste a eso, así que paraguas en mano sales a pasear y dispuesta a mojarte mientras ves los comercios y sientes el calorcito tan familiar de Acapulco. Incluso los más aventados siguen en la playa hasta que los fuertes vientos los sacan del susto y por la noche observas, con cierta preocupación, que el agua ha empezado a subir e incluso da miedo pasar por esos mega charcos.
Día 1
Al día siguiente continúa la lluvia intensa, pero el ánimo no decae, y dejas que los niños brinquen charcos y persigan ranas, eso sí notas menos gente en las calles y deja de ser divertido cuando pierdes la señal del teléfono y el Internet, así que decidimos ir a dar una vuelta de reconocimiento y la suerte nos pone con un bombero que te cuenta de la situación. Para entonces la cena en el restaurante planeado esta cancelada y mejor pasas al súper por agua y alimentos para sobrellevar los días venideros.
Día 2
Al día siguiente ya sabes que esto es un caos, el súper está atiborrado de gente y las filas son de 7 horas. Afortunadamente estamos bien; con todos los servicios, secos y unidos, eso si no hay tele y seguimos sin teléfono por lo que te enteras poco y esos mínimos momentos de conexión te saben a gloria.
Mientras tanto mantienes la calma y buscas como entretener a los niños con papel, colores, rompecabezas, juegos de mesa y lees y duermes lo que siempre quisiste que hasta te hace pensar “estas si son vacaciones”, no hay de otra más que la sana convivencia sin tecnología. Los niños ven diferente la situación, ellos se entretienen con cualquier cosa y sólo esperan el momento de poder salir a nadar.
Día 3
Al día siguiente ya es un hecho que no hay un regreso pronto por carretera y buscas opciones de vuelo, escuchas que han abierto un puente aéreo pero la realidad ahí es que todo es un caos, muchas filas interminables, aglomeraciones, desesperación y poca información, entonces no te queda de otra que estar formado ahí con tus hijos y tu perro por largas horas y es cuando empieza como padres el reto más difícil, entretenerlos, explicarles y mantenerlos en paz.
Pero claro, hay que ir al baño y el lugar disponible es el albergue (fórum) en donde están todos los damnificados, y cuando entras a ese mundo de familias durmiendo en colchonetas y sabiendo que lo perdieron TODO, que ellos no buscan regresar a una casa, se quedaron sin casa!, sin muebles, sin cucharas, sin ropa, sin nada.. y te preguntas ¿cómo marcará esta experiencia a tus hijos?, ¿aprenderán que no todo es seguro en la vida?, ¿que tener algo requiere de mucho esfuerzo?, ¿que son muy afortunados?, ¿aprenderán a ayudar al prójimo en momentos como estos?, ¿o su temprana edad los hará olvidar esta experiencia tan intensa?
Como madre esperas que tomen lo mejor; que no se traumen, pero que no olviden la fuerza que tiene la naturaleza y a no ser indiferentes ante el dolor ajeno. Y continúas tu camino al baño y ahí descubres mucho orden, limpieza y organización y te das cuenta que es la única forma en la que esta sociedad improvisada puede sobrevivir dignamente.
Mientras tanto afuera las largas horas de espera promueven la plática y el intercambio de información que a veces angustia y a veces da esperanza y de pronto ya estas anotado en “una lista”, las lista 17, que se vuelve como diría mi esposo en “tu grupo de supervivencia”, te organizas, te cuidas las cosas, haces turnos, juegas con ellos, conoces de sus vidas y hasta haces tu grupo en Whats app, de la nada ya están en tu cel intercambiando información, pasando tips y siendo tus mejores amigos en la desgracia común.
Día 4
Otro día más y por fin el sol sale, el ánimo mejora y los niños no perdonan la alberca, para ellos esto siguen siendo vacaciones y para uno es una sensación rara de “estar a medias” con la preocupación de perder la escuela, el trabajo y las responsabilidades rutinarias. Y es increíble como en estos destinos, en donde se vive del turismo, se reactiva la actividad lentamente pero ya hay restaurantes y comercios abiertos, y entiendes lo difícil que debe ser salir adelante de una situación de pérdida y la vida sigue, las personas se arreglan y salen a pasear al centro comercial, incluso escuchas que en Acapulco viejo la fiesta sigue igual, sin embargo a unos cuantos pasos están los que se quedaron sin nada y la pura idea lastima, reconoces la importancia de los voluntarios que preparan y sirve la comida, que ayudan a sacar gente de sus azoteas, que reparten medicamentos y hasta aquellas valientes mujeres que ponen su mejor cara y organizan juegos con los niños de los albergues.
También te das cuenta del cariño de los amigos que con mensajes y llamadas están cerca y te ayudan a ponerle buena cara al mal tiempo.
Huyendo del paraíso
Total que el conseguir un vuelo se vuelve la experiencia más agotadora y decides desistir de exponer a tus hijos al sol intenso y largas horas de aburrimiento, pero cuando menos lo esperas esos amigos que hiciste en las filas te dan el tip de una nueva oportunidad y sales corriendo con lo que traes puesto y llegas a tiempo para un vuelo de la PFP, pero ya estando ahí te dicen ahorita los que se quieran ir hay un vuelo de la marina en avión militar y viviendo las experiencias pasadas decides que es ahora o nunca, te aventuras con otros 50 a vivir la experiencia, dirigida por un capitán estricto (Jorge Ignacio) que habla fuerte y da instrucciones claras, pero justo antes de subir te dice “aquí no importa la clase social, el color o creencia si yo no lo hago bien nadie llega, así que quiero sus buenas vibras, que dejan atrás esta mala experiencia y se suban con los mejores pensamientos” y con una porra de ¡hip hip hurra! Subimos a ese armatoste que hacía mucho ruido y era frío, ¡si con todo y perro temblando! volamos con la esperanza de llegar por fin a casa.