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Descalificar lo secundario

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Descalificar lo secundario
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 14 de enero de 2013
Es demasiada la atención que se le ha puesto a un asunto secundario: el nombramiento de Calderón como fellow en la Universidad de Harvard. Con esto no quiero descalificar las protestas contra el mismo. Yo mismo he manifestado mi sorpresa ante los calificativos que algunos integrantes de Harvard tienen respecto al ex-presidente. 
 
Sin embargo, si Calderón es parte o no de la Universidad con más prestigio en el mundo, si ésta revierte el nombramiento o lo mantiene o si Calderón se enrola en una universidad extranjera distinta, todo ello no tiene consecuencias mayúsculas en el país. La protesta es necesaria para dejar constancia del malestar, pero bastante falta nos hace en el país distinguir lo accesorio de lo principal.
 
Mucho mayor preocupación me causa el lenguaje que se utiliza para rebatir las posiciones de aquellos con quienes no se concuerda. 
 
De hecho, más que rebatir se descalifica la trayectoria, el trabajo, la familia o el conocimiento del contrario.
 
Parece ser que el único argumento con que se quiere ganar la discusión es a partir de rebatir el expediente académico, profesional, personal o social de la contraparte.
 
Todo ello implica una reducción de la discusión a niveles preocupantes para una democracia.  
 
Esto tiene un implicación porque no se admite que el contrario puede hacer o decir algo bien y, de igual forma,  se infiere que todo lo que uno dice es correcto.
 
Para muestra, el botón mayor: el periodista Carlos Marín escribió una columna contra de quien protestaba contra la aludida admisión de Calderón en Harvard y calificó a uno de los impulsores como un empresario de “medio pelo”. ¿Qué necesidad del calificativo? Ninguna.
 
Todos caemos en excesos, cierto. El problema es que esos excesos sean la constante de nuestra labor. 
 
Y en eso se va nuestro discurrir diario. Hay cuestiones que no discutimos, sino sólo calificamos. Poco analizamos, escuchamos o discutimos, por ejemplo, de las soluciones al endeudamiento de Estados, de las estrategias para revertir el cáncer de la corrupción que sigue aminorando al Estado y a la sociedad, de la reforma universitaria que tanto necesitamos, de los alcances y límites de las reformas fiscal y energética, del necesario replanteamiento de la financiación a los partidos políticos, por sólo mencionar algunos. 
 
Nada de eso. 
 
Estamos preocupados y discutimos por lo secundario. 
 
Por lo que tiene sentido sólo para la coyuntura.
 
Para despedazar el argumento del contrario, que no se dude, siempre estará a la mano la descalificación como arma letal.
 
Estamos imbuidos en una discusión entre lo secundario y la descalificación.
 
Entre la banalidad y la mediocridad.
Staff Puebla On Line 2009
Staff Puebla On Line 2009