El nuevo presidencialismo
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Jorge Carpizo en su libro “El Presidencialismo Mexicano” destaca las características propias del presidente de la República en nuestro país como son: ser Jefe de Estado y de Gobierno; jefe del partido en el gobierno; un Congreso débil con legisladores afines; una Suprema Corte de Justica influida por el Presidente; dicta la política económica; la institucionalización del ejercito; injerencia y control en los medios de comunicación; definición de la política exterior sin participación del Senado; en suma, facultades constitucionales y “metaconstitucionales”.
A poco más de 100 días de iniciado el gobierno de Enrique Peña, destaca la autodenominación como el Presidente que va a transformar a México y no sólo quien va a administrarlo.
El “Pacto por México” que es una herramienta de cabildeo de reformas legales se ha convertido en una especie de “laboratorio legislativo”; donde se definen por parte del gobierno y las principales fuerzas políticas del país los “acuerdos que México necesita”, dejando de lado las tareas de las Cámaras de Diputados y Senadores, quienes sólo procesan las iniciativas surgidas de los acuerdos cupulares, renunciando a su función de análisis y de representación del interés popular.
El primer producto del “Pacto” es la reforma educativa, a la que se sumará la iniciativa de reforma en materia de telecomunicaciones en la que destacan la creación de dos nuevas cadenas televisivas y la conformación de organismos de regulación autónomos que buscan rescatar la rectoría del Estado en dicho sector.
El regreso del PRI a los Pinos demuestra el fortalecimiento del poder ejecutivo y el reposicionamiento del presidencialismo en ésta nueva etapa que no sólo se manifiesta en la supremacía sobre el poder Legislativo y Judicial sino también al asumir de manera formal el control del Partido en el gobierno.
Un presidente fuerte y un Estado que recupera el manejo de sectores estratégicos como la educación, las telecomunicaciones y el energético sin duda favorecerá en las elecciones de julio al partido del Presidente; sin embargo, corre el riesgo de que el poder ejecutivo monopolice las decisiones gubernamentales, restándole importancia a otras instancias y poniendo en riesgo el pacto federal en el que el equilibrio y la división de poderes aunado a la representación y participación de los gobiernos estatal y municipal deben estar garantizados no solamente por la Constitución sino hacerse efectivo su funcionamiento en los hechos, dado que México es una República democrática, representativa y federal como lo dice nuestra Carta Magna.