Elige bien, sé prudente
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“El hombre no es creador de su vida,
pero sí autor porque la hace”
Julián Marías Aguilera
En principio, doy gracias infinitamente a Dios por permitirnos la vida.
Yo agradezco a ustedes su tiempo y su paciencia, y a los directivos de este medio por su generosidad.
Al comenzar un nuevo año, deseo compartirles algunas reflexiones, esperando les sean útiles para ser mejores y superar actitudes negativas.
Valora lo que tienes y sé agradecido con lo que eres.
La autoestima es razonable, pero la vanidad y la soberbia, no.
Date cuenta de lo valioso y afortunado que eres. Piensa que Dios ha sido justo y bondadoso contigo. Te ha dado lo necesario para vivir.
San Pablo se preguntaba: ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿de qué te engríes?
Fíjate metas realistas, alcanzables, realizables. El Año Nuevo es el momento perfecto para renovarte, pero toma en cuenta tus fortalezas y tus debilidades.
Ten suficiente flexibilidad para ajustar tus planes.
Las personas que triunfan son aquellas que mejor se adaptan a sus circunstancias.
No te preocupes en exceso por los problemas que te aquejan, ocúpate mejor en resolverlos, dándoles su justa dimensión e identificando los pasos para superarlos.
No te quejes porque no tienes lo que quieres. No serás feliz hasta que no aprendas a sacarle provecho a lo que ya tienes.
Cultiva tu mente y tu espíritu para que tengas una buena cultura y amplíes tus conocimientos.
No olvides que la virtud es más importante que la cultura.
Aprovecha bien tu tiempo. El tiempo es oro y pasa veloz; ocúpalo sensatamente. No lo pierdas en dudas y temores.
Descansa sólo lo indispensable y nunca olvides rezar y meditar.
Controla los aspectos más relevantes de tu vida. Nunca los dejes en manos de los demás y recuerda que nadie puede decidir por ti.
Cuida tu salud para estar apto en todas las exigencias diarias.
Atiende tu imagen, no por vanidad, sino porque ésta habla de ti. Si lo haces, te verás y sentirás mejor.
Recuerda que si resultas repelente, el rechazo a tu persona arrastrará el rechazo a todo lo que hagas.
Sé prudente, elige bien. Es posible que se te presenten oportunidades para desviarte del camino y cometas errores. Sí caes, levántate.
Rechaza con firmeza todo lo que te lastime. No te creas invencible. Todos perdemos la cabeza alguna vez. No eres el primero ni el último en equivocarte; aprende y toma precauciones.
Sé austero, la codicia es peor que la lujuria. La austeridad es el otro nombre de la templanza, es la virtud cardinal que modera racionalmente la satisfacción de los apetitos.
Una persona austera distingue entre lo necesario, lo conveniente y lo superfluo. Come, bebe, invierte, gasta en relación proporcional a tus ingresos, necesidades, expectativas y responsabilidades.
El dinero hace falta. Mantente en el justo medio entre el consumo y el ahorro. Entre la satisfacción de lo presente y urgente y la provisión de lo futuro y contingente.
Sé fiel con quien tengas que serlo, pero no intentes quedar bien con todos ni tampoco te detengas por las opiniones negativas de los otros.
Procura hacer siempre el bien, te dará grandes satisfacciones. Si no puedes, sólo regala una sonrisa.
Atiende a todos con buena cara. Que nunca nadie pueda hacer un mal comentario de ti.
Cuida los juicios que emites en relación con los demás. No mientas.
Es cierto que hay que combatir el error, pero sin despreciar a la persona equivocada.
No lo digas si no conviene, tampoco si no es verdad y si ofende.
Si muchas veces te equivocas, reconócelo. Pide perdón si alguien se ha sentido agraviado por ti. La soberbia es funesta. La humildad es atractiva.
Toma cada crisis como una oportunidad para mejorar.
Las crisis a veces se producen por cuestiones afectivas o sentimentales, por la pérdida del patrimonio o de un ser querido, pero debes superarlas.
No tengas miedo a los cambios, a lo nuevo. Todo cambio debe ser visto como una posibilidad para renovarte.
No vivas con miedo, angustiado. No dejes que el temor te invada y te impida tomar decisiones correctas.
Aun con la crisis que experimenta la humanidad y la falta de amor que es un déficit inevitable de la postmodernidad, no caigamos en la tentación de la incredulidad, de la desesperanza y del sin sentido.
Hay desinterés por lo trascendente, un desprecio por la verdad, pero no debemos desanimarnos.
La esperanza cristiana coloca a Dios en el centro de toda motivación y no deja espacio para el fatalismo.
Mas aun, el Señor sigue dando vida y bendiciones.
Como prueba, no hay nada más maravilloso e irrepetible que un Nuevo Año. En este hecho, sin temor a equivocarme, podemos comprender el profundo amor por su creación.
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