La hipocresía del PAN “Semáforo de Contingencia Democrática”
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Los gobiernos de todas las tendencias políticas utilizan los programas sociales con fines electorales. El Ejecutivo federal y los estatales hacen hasta lo imposible para preservar el poder aunque sea necesario violar la ley. Estas son premisas irrefutables para todos los actores políticos de México. La diferencia está en la eficacia de la implementación.
Por ello resulta ridículo y patético ver a Gustavo Madero tratando de desligarse del Presidente de la República, después de que Ernesto Cordero lo acusó de llevar al PAN a ser un satélite del PRI.
Para lograrlo ha inventado un “ingenioso” programa, aprovechando la actividad del volcán Popocatépetl , denominado “Semáforo de Contingencia Democrática”, en el que acusa a los gobernadores priistas de trabajar en el apoyo electoral de sus candidatos acompañándolos a actos proselitistas, apareciendo en publicaciones e influyendo en los Institutos estatales electorales. Esta actitud resulta incongruente cuando los gobernadores de su partido están haciendo exactamente lo mismo, sólo que son menos y por ello no se notan tanto.
En Puebla, cuando se estableció la mesa resultante del Adéndum del Pacto por México, los priistas sacaron la casta y se atrevieron a denunciar la intromisión del gobernador en los procesos electorales. Rafael Moreno Valle, visiblemente molesto, declaró que iba a mandar imprimir unos ejemplares del Código Electoral para que conocieran a qué tenía derecho.
Y seguramente tiene razón. Ya que el PRI estatal, después de que Mario Marín entregó la gubernatura a cambio de impunidad, quedó totalmente al garete, decepcionado y resentido por la traición. No podían entender por qué no se apoyó a los candidatos, empezando por Javier López Zavala; por qué no se dejó operar a los enlaces electorales y sí se dejó esa acción en manos de los profesores enviados por Elba Esther Gordillo para operar a favor de la Alianza Compromiso por Puebla; y por qué muchos priistas fueron utilizados para obstaculizar las acciones de su partido.
Después, sin saber cómo actuar, decidieron subordinarse a las decisiones del nuevo gobernador y se dedicaron a apoyar sus acciones y en el Congreso aprobar sus iniciativas sin siquiera discutirlas.
El presidente del partido en Puebla se entregó totalmente al gobernador supuestamente de oposición y por ello Fernando Morales operó para acabar con el instituto que llevó a su padre a la gubernatura. En lugar de llamar a todos los integrantes del PRI, a los que habían tenido puestos de elección popular y de dirigencia para presentar un frente unido como partido de oposición, se dedicaron a ignorarlos, a hacerlos a un lado y a inducirlos a colaborar con quien se dedicó a cooptarlos.
Moreno Valle demostró una gran habilidad política ya que en su afán de preservar el poder y utilizarlo para un proyecto político personal en el 2018, fue tejiendo un programa legislativo que le permitiera el control electoral. Los diputados de “oposición” se durmieron o conscientemente lo permitieron y ahora no pueden más que lamentar su error. Esto fue desde la integración de los órganos electorales hasta la autorización de que los candidatos puedan promocionarse a aparecer en las boletas electorales con sus diminutivos o apodos, obviamente dedicados a Tony, a Migue y a Leo.
Por otra parte, desde su llegada al poder, el gobernador pidió listas de priistas que estuvieran resentidos con Marín, por haberlos traicionado y hacer una labor de “lavado de cerebro” para que aceptaran ser candidatos por alguno de los partidos de la Alianza. Tuvo éxito y vimos el éxodo de antiguos valiosos elementos, que por cierto después quedaron decepcionados porque no recibieron el apoyo prometido.
El actual presidente del Comité Directivo Estatal, Pablo Fernández, llegó con la desconfianza de los militantes debido a los antecedentes familiares que lo ligan al PAN. Y no faltó quien lo señalara como un infiltrado que trataría de seguir desarticulando a su partido. A última hora se ha atrevido a cuestionar la intervención del gobernador en las elecciones, al grado de exhibir las fotografías en las que se promocionó junto con el ahora candidato a la alcaldía poblana; lo hizo frente a los representantes de gobernación en la mesa político¬-electoral del Pacto por México.
Como una reacción a esta actitud digna y valiente el “inefable” contestatario, ríspido y demás atributos de Javier Lozano Alarcón, olvidando su obligación como Senador de la República, se prestó para ser vocero de un candidato panista. Y después de decirle al Presidente de su partido (que por estatutos es su jefe político) que cometió una doble estupidez al defenestrar a su amigacho calderonista Ernesto Cordero y nombrar en su lugar a Jorge Luis Preciado, viene a pontificar que invita a Moreno Valle a asistir a todos los actos partidistas del PAN, porque es un gobernador que “esta para presumirlo”; de paso ataca al delegado del PRI acusándolo de ser un operador electoral y lo reta a un debate. Es obvio que se le olvida que a pesar de ser un eterno candidato perdedor ha llegado al máximo órgano legislativo, como producto de las habilidades electorales de los “mapaches” políticos.
¿Si todos los gobernantes hacen lo mismo para preservar y ampliar su poder, por qué molestarnos con las acciones del dirigente panista Gustavo Madero? Desde luego porque constituyen una acción hipócrita, que señala a sus adversarios y no ve lo que sucede en los estados gobernados por su partido, ya sea solos o en Alianza.
El resultado de las acciones políticas de Moreno Valle para controlar a todos los actores políticos del estado, se verán en poco tiempo, después del 7 de julio. El PRI con el apoyo político y moral de su jefe máximo Enrique Peña Nieto, tiene escasos días para recuperar el rumbo, tratar de obtener la unidad de sus militantes, olvidando filias y fobias recuperando a sus promotores electorales cooptados ya sea con dinero o con promesas, utilizar discursos cercanos a la gente y volverse un verdadero partido de oposición. Si no lo hacen, seguirán siendo solo eso.
alvarezenriqueta@hotmail.com