La renuncia y el deber cumplido
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Sergio García Ramírez dejará el cargo de consejero electoral. No es el mejor momento, ya que el IFE se encuentra en medio de la fiscalización a los partidos políticos por los gastos de campaña de las anteriores elecciones.
La renuncia genera más suspicacias si se toma en consideración que el PRI (partido en el que García Ramírez fue Secretario General) fue absuelto de toda responsabilidad en relación al rebase del tope de gastos de campaña, precisamente por el voto del renunciante.
Los momentos marcan la política y García Ramírez quiere hacer ver que ha cumplido un ciclo. Afirma, como un mesías electoral, que al ser invitado por la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados, les hizo saber su voluntad de dejar el cargo de manera anticipada.
Escribe el consejero en su carta de renuncia:
“En mis conversaciones con el Presidente de la Junta de Coordinación Política y con los coordinadores de las fracciones mencioné el propósito de asumir esta honrosa encomienda durante cierto tiempo, que desde luego comprendería el proceso electoral mismo.”
El consejero (capaz por demás, pero equivocado en esta ocasión) informó al Presidente de la Junta de Coordinación Política y a los líderes de las fracciones parlamentarias que permanecería en el cargo durante el proceso electoral, lo que, dice, también hizo saber a Leonardo Valdés, Consejero Presidente del Consejo General del IFE.
El jurista, insisto, se equivoca. Por más que hoy alegue haber anunciado su intención de permanecer únicamente durante el proceso electoral, protestó cumplir la constitución, lo cual, por más que lo haya hablado con los líderes de la Cámara, no lo exime de las responsabilidades que asumía. El alegato no es en el sentido de obligar a García Ramírez a realizar un trabajo que, por cierto, ejecutó de manera indebida. El punto es que el anuncio que él hizo a las fuerzas políticas y al Presidente del IFE es un verdadero fraude a la ley. Más que eso, es un fraude a la constitución.
No obstante, si su intención era permanecer durante el periodo electoral, hay una mala noticia para Sergio García Ramírez: el proceso electoral terminó hace muchos meses, con el dictamen y declaración de validez de la elección de Presidente de los Estados Unidos Mexicanos (art. 210 del COFIPE). Si García Ramírez quiere entender el concepto de proceso electoral en sentido amplio e incluir en él la fiscalización a los partidos políticos, el proceso electoral, en ese sentido, no habría terminado. En resumen, en cualquiera de los dos casos, el consejero no habría cumplido con su encomienda. O se tendría que haber ido hace meses o se tendría que quedar hasta que las fiscalización termine.
Lo que está detrás de la renuncia de García Ramírez es un deber cumplido, si se atiende al animus que produce su actuación, según el consejero. Pero, en todo caso, ese deber cumplido no fue ni con los ciudadanos, ni con la constitución, ni con el fortalecimiento de una institución a cuyo órgano de dirección pertenecía. El consejero es capaz de entender que su actuación y su votación, especialmente en el proyecto de sanción al PRI por el caso Monex, debilitó a una institución que busca la gloria de días pasados y no la encuentra por la pequeñez de sus actores.
La carta de renuncia de García Ramírez tiene un mesianismo innegable. El consejero se muestra como un maestro al que recurren para salvar la delicada situación del proceso en puerta. El Consejero acepta, con condiciones que esconde a la ciudadanía, pero no a los partidos políticos. García Ramírez asume y juega su papel de mesías electoral, cuyo momento máximo es la votación en el caso Monex donde sus amigos y su partido estaban en entredicho. Si a García Ramírez habría que darle las gracias, sería únicamente por irse. La credibilidad, de por sí en duda, la perdió hace algunas semanas, precisamente en el asunto donde benefició a su “otrora” partido.
El momento es delicado para una institución fundamental en la política mexicana. EL IFE está en terapia intensiva de credibilidad y a ello contribuyó el consejero que renuncia. Su actitud me recordó a una escena de El Padrino cuando todos besan el anillo de Michael Corleone. Sergio García Ramírez ha extendido la mano y pide reconocimiento. Pero no hay ahijado que quiera besar el anillo del consejero. Todo por el deber cumplido
Tiempo extra: El último año he gozado del espacio que Sexenio Puebla y Pueblaonline me han brindado para exponer mis opiniones. Hoy es momento de agradecer el espacio y la tolerancia de sus directores Mario Alberto Mejía y Arturo Luna, respectivamente, y de hacer un alto en mi participación en medios de comunicación, por razones estrictamente profesionales. A Mario y a Arturo, mi agradecimiento sincero y mi amistad duradera.