La tarea es gigantesca
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“Somos lo que hacemos para
cambiar lo que somos”
Eduardo Galeano
¿Habrá en México algo qué cambiar? La respuesta es obvia.
En su mensaje de Año Nuevo, el presidente Enrique Peña Nieto expresó que este 2013 significa “una gran oportunidad para acelerar el paso en la transformación del país que todos queremos”.
Peña habla de cambios, de renovación, de acciones, de beneficios, de resultados, de oportunidades.
Mantiene un discurso alentador, de intenciones, de propósitos.
Urgen cambios reales y profundos porque sin ellos no habrá paz, tranquilidad, seguridad, empleos suficientes y bien remunerados.
Tampoco habrá calidad de vida para todos y menos justicia social y bienestar.
Muchos mexicanos padecen hambre y son presas fáciles de la desolación, por las crisis que provocan las insuficiencias y los déficits colectivos.
Gran parte del pueblo se debate diariamente entre la incertidumbre y la desesperanza.
Existe una marcada desigualdad entre ricos y pobres. Las clases medias se pauperizan.
El actual modelo económico neoliberal ha incrementado miseria y desolación.
Los gobiernos no son capaces, tampoco el Estado, de ofrecer soluciones reales al problema mayor que se llama pobreza generalizada.
El Presidente dice que su objetivo es “lograr que cada mexicano tenga mejores condiciones y oportunidades de vida”. Esto es correcto.
Para alcanzar el objetivo deberá impulsar cambios profundos en todos los ámbitos de la vida nacional.
El asunto no es sencillo, más allá de los discursos esperanzadores de gobernantes, actores y factores de poder.
Ahí están los aumentos.
El precio de los bienes y servicios se ha incrementado: el pan, el huevo, la harina, el gas, las tortillas, el predial, el agua, las gasolinas, el transporte público, etcétera; no así los ingresos personales y familiares.
Esto es verdad, no ciencia ficción.
El inicio de año representa una cuesta muy empinada para las familias mexicanas y en el horizonte inmediato no hay visos claros de recuperación.
¿Hay gran optimismo en las altas esferas del poder?
Lo cierto es que la economía mundial es débil y se encamina al desastre global.
Estados Unidos, el mayor mercado del que dependemos, atraviesa por un serio problema en sus finanzas y se debate entre subir impuestos o bajar el gasto público.
Europa amenaza la economía mundial e intenta resolver su crisis por la que atraviesan muchos países miembros de la Unión Europea.
Hay quienes creen que la economía mexicana está “un poco mejor”. ¿Será?
Registra un crecimiento medio y sus finanzas públicas no alcanzan para financiar los programas que el nuevo gobierno se impuso.
México tiene que cambiar para mejorar.
El gobierno asegura que en la segunda mitad del año se dará el paso decisivo, con la aprobación de las reformas fiscal y energética, independientemente de otros cambios que se deben impulsar.
Así, la discusión se centrará en el Congreso con la aprobación de estas y otras reformas.
Esto es verdaderamente importante, ya que de la capacidad de acción política del Ejecutivo dependerá el futuro de millones de mexicanos.
De la capacidad de diálogo, entendimiento y acuerdos dependerá que la crisis aguda e invisible que padecen grandes estratos de la población no se agrave.
Entonces, el asunto no es tan sencillo.
No bastan los discursos, el manejo de imagen y de medios.
Al inaugurar el foro México 2013, el Presidente afirmó que el reto de su gobierno es materializar las propuestas en acciones que permitan converger y explotar las potencias del país, así como alcanzar los objetivos trazados.
“Que los mexicanos ganen más y tengan mejores condiciones de vida. No es momento para pretextos, sino para dar pasos firmes en la construcción del país”.
Es hora de pensar en grande, de enfocarse en la prosperidad.
La política debe reflejarse en la vida cotidiana de las personas.
Tiene razón José Ángel Gurría, secretario Ejecutivo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, cuando advierte que las propuestas planteadas, como el crecimiento económico sostenido, la mejora de la educación y la transformación, no son una opción sino una necesidad inaplazable y urgente.
“Hoy hay una luna de miel que ha cambiado el tono y la temática para hablar de México, pero las lunas de miel duran poco”.
“Sin la Reforma Fiscal el gobierno no podrá cumplir sus compromisos”.
“La urgencia de la reforma se manifiesta en la alta desigualdad, en la incapacidad de crecimiento económico y en la falta de cohesión social y de seguridad”.
Gurría celebró que el Ejecutivo y los diferentes partidos políticos hayan alcanzado acuerdos para la firma del Pacto por México.
“Ahora, un paso crucial es asegurarnos de que lo acordado suceda, pues las mejores decisiones pueden convertirse en letra muerta”.
La tarea es gigantesca y es de todos.
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