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Mario Hiriart, un chileno ejemplar

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Mario Hiriart, un chileno ejemplar
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 22 de enero de 2013
“Felicidad no es hacer
 lo que uno quiere sino 
querer lo que uno hace”,
Jean Paul Sartre
Lo más grande y satisfactorio en la vida es realizar con éxito todas las actividades cotidianas, incluso las más simples. 
Nicolás Maquiavelo, inspiración de muchos políticos escribió acerca del éxito y de la felicidad: 
“El príncipe que confía ciegamente en la fortuna, perece cuando ella cambia. Creo que es feliz el que concilia su manera de obrar con las circunstancias, y que del mismo modo es desdichado el que no logra armonizar una cosa con la otra”. 
¿En la vida será así? 
Sirva esta cita para compartirles ahora un perfil de Mario Hiriart Pulido, un chileno ejemplar que sólo vivió 33 años y murió de cáncer, una enfermedad que traía desde hacía años. 
¿Pero qué hizo de extraordinario este hombre para ser santo?
Vivir con plenitud cada momento, sin esperar nada a cambio y menos grandes éxitos, como él mismo se lo propuso.
Mario Hiriart nació en Santiago de Chile el 23 de julio de 1931. 
Fue hijo de una familia unida y devota.
Cursó la primaria y la secundaria en un colegio católico, donde germinó la semilla de su fe.
Luego se integró a los jóvenes del movimiento Hermanos de María para consagrarse a Dios y a los demás a través del servicio. 
Tiempo después estudió ingeniería en la Universidad Católica de Chile y logró mención honorífica como el mejor alumno por sus excelentes calificaciones durante los seis años de licenciatura. Ahí creó un banco de libros para estudiantes de escasos recursos. 
Para él, el cristianismo exige cierto grado de santidad y debe manifestarse en el ejercicio de la profesión, pero con un sentido espiritual. 
Durante su formación religiosa, impartió clases a jóvenes obreros de Brasil, y posteriormente trabajó con matrimonios cristianos en varias ciudades como Porto Alegre, Montevideo, Sao Paulo y Buenos Aires.
Hiriart fue un joven sonriente y culto. 
Le gustaba la poesía, la música y el canto. Tocaba la guitarra y tenía un especial interés por la contemplación de la naturaleza.
Quiso “ser como María, cáliz vivo y portador de Cristo”.
Desde niño conoció el sufrimiento y la soledad pero no se detuvo ahí pese a que su enfermedad lo martirizaba siempre con permanentes e “insoportables” dolores. 
Asumió su vida con heroísmo, como los mártires de la Iglesia. 
Para él, la perfección cristiana no radica en el tamaño de sus hazañas o de sus obras, sino en la fidelidad y en el amor en las cosas pequeñas.
 
De esta manera logró su más grande anhelo:
“Ser un santo de la vida diaria, un santo sin bulla, un santo desconocido”, decía.
Hiriart murió el 15 de julio de 1964 en Estados Unidos y su elevación a los altares está en proceso. 
La causa de su beatificación inició en 1994 en la Congregación para la causa de los Santos. 
Hoy se le reconoce como Siervo de Dios y sus restos descansan en el Santuario de Schoenstatt de Bellavista. 
Si usted desea conocer más de él, puede consultar el libro Biografía de Cuerpo y Alma de Mario Hiriart Pulido, de Isabel González Morandé.
La autora relata las luchas y los sueños de un joven que vivió y creció en la perfección cristiana poco a poco.
Cuenta que su grandeza no radicó en el tamaño de sus hazañas o de sus obras, sino en la fidelidad y en el amor puesto en los detalles, a veces invisibles. 
En Hiriart todo tenía un sentido trascendente, la vida, el universo, las flores, etcétera, todo estaba ordenado hacia Dios y hacia la eternidad. 
Su espiritualidad maduró en el amor a Cristo sufriente. 
Este joven es ejemplo de un cristiano auténtico, renovado que alcanzó el Reino de los Cielos.
¿Acaso la felicidad está en hacer y disfrutar de las cosas ordinarias? ¿Esto basta para vivir en paz?
Parece que sí, es la lección que nos deja este hombre humilde.
Un requisito es estar bien con Dios, con uno mismo y con los demás. 
Otro es asumir la responsabilidad de la propia vida aún con el dolor a cuestas, en las enfermedades e infortunios. 
La clave es esmerarse siempre y dedicarse hasta en lo más mínimo para alcanzar la paz y la felicidad interior. Nunca se debe uno dar por vencido. 
Hay que asumir la vida con carácter, con sentido de lucha y sacrificio.
La santidad a la que están llamados todos los cristianos no es fácil, pero tampoco imposible. No se requieren títulos académicos, grandes puestos o dinero.
vivereparvo45@yahoo.com.mx 
vivereparvo45@hotmail.com
Staff Puebla On Line 2009
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