Monex. Entre la burla y el derecho
joomla.2009
“En general, el juzgador que se excusa o es recusado… se encuentra bajo sospecha de parcialidad, o en todo caso se ha cuestionado… su objetividad para intervenir en el caso.”
Sergio García Ramírez
La investigación del caso Monex finalizó con la decisión del Consejo General del IFE de no sancionar al Partido Revolucionario Institucional, a pesar de la propuesta en sentido contrario de la comisión que investigó la trama financiera.
La polémica no sólo viene dada por el origen y destino de los fondos, las triangulaciones que se adujeron y los intereses en juego, sino, sobre todo, por tratarse del Partido que hoy gobierna y que fue absuelto por un grupo de consejeros, entre los cuales se encuentran algunos demasiado afines al PRI.
La figura de Sergio García Ramírez encarna esos intereses que enturbian la decisión.
García Ramírez se apartó de investigar el asunto Monex bajo la excusa, que él mismo manifestó, de que su amistad con la familia Fraga –involucrada en el caso- podría empañar la investigación.
La propuesta de la Comisión que investigó el caso Monex era sancionar al PRI por el destino incierto de los recursos. En un salto mortal lleno de incoherencia, García Ramírez pensó que decidir el asunto no empañaba la resolución y decidió participar en la votación que hasta ese momento se encontraba empatada con cuatro votos a favor y cuatro en contra de la propuesta de la comisión. El voto de quien se había excusado de manera informal fue definitivo y absolvió al partido del cual fue Secretario General.
Además, la actitud de García Ramírez fue “salvadora” porque, arguyó, participaba dado el empate que se presentaba hasta esos momentos y retomaba su “participación” para destrabar el entuerto en el que estaba metido el Consejo General. Un mesías electoral en la mesa del Consejo General.
No había un impedimento legal, sostuvieron los consejeros y el propio García Ramírez, para participar en la votación, pero puede afirmarse que se equivocaron. Existe un impedimento legal cuando existe sospecha sobre la parcialidad o se duda de la independencia de quien debe juzgar un asunto.
García Ramírez y los consejeros debieron interpretar la norma de forma laxa y determinar que había impedimento porque no se puede alegar imparcialidad e independencia cuando, dentro de la trama que se juzgaba, se encontraban amigos del consejero, tal y como éste lo manifestó en la carta por la cual se excusó de investigar el caso Monex.
Si bien se puede sostener, en una interpretación estrecha y conservadora de la norma, que no existía impedimento expreso para que García Ramírez participara, lo cierto es que el consejero fue quien planteó las dudas sobre su parcialidad en la toma de decisiones e investigación del caso. Incluso, su abstención en una primera votación del asunto confirma que la discusión no era si había un impedimento legal o no, sino que, por su amistad de 50 años con los Fraga, era mejor hacerse a un lado y dejar que el Instituto y los 8 consejeros restantes decidieran.
Era una cuestión de ética, más allá de las razones jurídicas.
Era una cuestión de imagen, más allá de los pros y contras legales.
No basta que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo. El IFE, la llamada joya de la transición mexicana, parece que decidió sin imparcialidad.
La solución en el caso Monex no sólo tiene que ver con la multa al PRI y el mensaje de impunidad que se está transmitiendo, sino con el debilitamiento del Instituto más importante para la transición y consolidación de la democracia en México.
Para lamento de todos, el IFE, la mujer del César, ya no es que sea honesto, sino que no lo parece.