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Peña Nieto y las celebraciones patrias

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Peña Nieto y las celebraciones patrias
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 25 de febrero de 2013
La llegada del PRI a la Presidencia de la República ha marcado un cambio sustancial en las celebraciones de los símbolos y los personajes de nuestra historia patria. Se le ha imprimido solemnidad y fuerza. Para algunos esta actitud representa el nacionalismo revolucionario ya caduco y para otros el orgullo por nuestras raíces de soberanía nacional.
 
A esta nueva administración le ha correspondido el Centenario de la Decena Trágica, etapa que culminó con el asesinato de Madero. También el Centenario  del Ejército Mexicano. Ambas celebraciones tienen sus luces y sombras, las situaciones valientes y las equivocaciones.
 
En el caso de Francisco I. Madero se le reconoce el valor de enfrentarse a una poderosa dictadura. Para ello puso su fortuna personal e incluso ofrendó su vida. Pero no puede soslayarse su falta de experiencia política y  su ingenuidad, actitudes que significaron su sentencia de muerte.
 
En 1910 compitió en las elecciones presidenciales. El 5 de junio de ese año fue aprehendido por orden de Porfirio Díaz bajo la estratagema de que protegía a Roque Estrada acusado de atacar al gobierno. En la cárcel en San Luis Potosí esperó el resultado de las elecciones. Su optimismo llegó al extremo de creer que a un sólo grito de rebeldía la Nación se erguiría imponente como un solo hombre, que los ciudadanos transformarían su patriotismo en municiones de guerra y que al cabo de unos cuantos días la República trocada en hoguera convertiría en cenizas los últimos restos del régimen porfiriano.
 
Las elecciones dieron el triunfo nuevamente a Porfirio Díaz y a Ramón Corral. Madero solicitó y obtuvo su libertad bajo fianza el 22 de julio de 1910. Y cuando el 27 de septiembre el Congreso emite un decreto declarando la legalidad de los resultados electorales, sale huyendo de San Luis Potosí con destino a los Estados Unidos.
 
Ya en ese país redacta un plan de acción para llegar a la insurrección y le ponen por nombre “Plan de San Luis” fechado el último día que permaneció en ese Estado, 5 de octubre. En ese documento acusa al Presidente y al Vicepresidente de haber burlado la voluntad popular, desconoce la legitimidad de sus cargos e insta a los mexicanos demócratas y amantes de la libertad a levantarse en armas el 20 de noviembre a las seis de la tarde. Se proclama a Madero como presidente provisional y se reafirma el principio de no reelección.
 
Madero esperó en San Antonio Texas, los primeros ecos de su llamado después del 20 de noviembre, pero estos tardaron en llegar. Por ejemplo: la derrota de Aquiles Serdán en Puebla. En febrero de 1911 entró a México. El 6 de marzo con lo mejor de sus fuerzas atacó Casas Grandes y fue derrotado. Sin embargo, el movimiento de insurrección se generalizó en todo el país e innumerables grupos de campesinos armados se unieron al movimiento revolucionario. En mayo Madero se dispuso a atacar Ciudad Juárez con tres mil hombres. Dudaba de la conveniencia de hacerlo y el 10 de mayo sus jefes militares Francisco Villa y Pascual Orozco la tomaron por iniciativa propia, con lo que la revolución maderista se hizo de una ciudad. Diez días después la Revolución del Sur tenía ya su capital, pues habían tomado Cuautla y el 21 tomaron Cuernavaca.
 
Los acontecimientos apresuraron el acuerdo que las cumbres dirigentes buscaban para evitar que la revolución campesina desbordara a todos. El acuerdo se firmó en Ciudad Juárez el 21 de mayo de 1911 entre Madero y los representantes del gobierno. Este fue un grave error de Madero que dio como resultado la permanencia en el poder de toda la maquinaria política del gobierno dictatorial. Y lo más grave: se pactó la disolución de los grupos armados maderistas para dejar al viejo ejército porfirista el dominio absoluto de la situación. Madero reconoce la presidencia de Porfirio Díaz y licencia a sus tropas. Al hacerlo firma su sentencia de muerte. El ejercito de viejos generales y la tropa reclutada en las cárceles o cogida de leva quedarían como la única fuerza que garantizaba la realización de los anhelos de justicia social e incluso la vida misma de quienes habían luchado por conseguirlos.
 
Ya en la Decena Trágica, cuando Madero confiere la jefatura de la Comandancia militar de la plaza a Victoriano Huerta a pesar de las advertencias hechas por sus colaboradores, amigos y familiares de su posible traición, ratifica así lo que sus cercanos consideraron su sentencia de muerte.
 
En los discursos de la conmemoración del asesinato de Madero, el secretario de Educación Emilio Chuayffet, equipara a Peña Nieto con Madero. Esperamos que sea en su afán de lograr la paz por vías democráticas, y no por la ingenuidad y falta de experiencia que, como quedó escrito, costaron la vida al prócer.
 
Tenemos que confiar en que las celebraciones cívicas recuperen su dignidad y se dejen de lado las ceremonias improvisadas en donde se nombra un representante u orador oficial que, sin avisar, se ausenta y deja en manos improvisadas el desarrollo de la conmemoración. Tal parece que a nadie le importa nuestro pasado.
 
alvarezenriqueta@hotmail.com
Staff Puebla On Line 2009
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