Pobreza y elecciones
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A finales de 1988 el presidente Carlos Salinas de Gortari, instrumentaba a lo largo y ancho del país el primer programa social en la historia del país denominado Solidaridad, que estaba encaminado a la superación de los rezagos sociales más lacerantes de los grupos vulnerables de la sociedad mexicana. Dicho programa no fue desechado por el siguiente mandatario, sólo fue un cambio de nombre a Progresa, mientras que en la administración de Vicente Fox fue llamado Oportunidades, que Calderón continuó y lo conocemos hasta hoy.
Como hace 25 años, el actual presidente Enrique Peña, ha anunciado con “bombo y platillo” lo que será su programa estrella al decretar la creación del Sistema Nacional Contra el Hambre (Sin Hambre).
En un evento realizado en Chiapas, estado que cuenta con un número de población en circunstancias de pobreza extrema, arropado por toda la clase política, el gabinete así como mandatarios estatales que no perdieron la oportunidad de poder placearse y hacer labor política, Peña Nieto se comprometió a que esta política no es asistencialista sino de inclusión y bienestar social.
Bajo cuatro ejes de trabajo: orientación focalizada, corresponsabilidad de dependencias federales y gobiernos locales, implementar una estrategia social para fortalecer las capacidades de desarrollo de las comunidades e involucrar la energía comunitaria y social de todos los mexicanos. Esta primera política pública emprendida por el gobierno federal, parte de un diagnóstico hecho por la administración anterior, propiamente por el CONEVAL, el cual reporta que más de la mitad de la población se encuentra en pobreza y muchísimos más propensos a ser los nuevos pobres.
La Cruzada se enfocará en primera fase en 7 millones de personas, quienes se encuentran en condiciones de pobreza extrema.
Lo que hay que tomar en cuenta es que éste año se llevarán a cabo elecciones locales en distintos estados de la república, entre ellos Puebla, que adolece en varios municipios condiciones de pobreza extrema. Siempre se ha criticado los programas asistencialistas como simples paliativos para combatir condiciones de pobreza. Hoy no se han levantado las voces contra lo que podría ser el programa que lucre con la situación de millones de personas que también equivalen a millones de votos, el clientelismo electoral se verá en estos estados, donde el programa comience a operar.
En Puebla el desarrollo social no ha sido una prioridad por parte de las autoridades de los tres niveles, hoy el gobierno federal ha marcado una línea y sin duda, los gobiernos locales aceptarán y desarrollarán estrategias para el combate a la pobreza; sin embargo, es una lástima que sólo se proporcione en tiempos electorales y se aprovechen de las condiciones en la que sobreviven algunos poblanos.
Sin duda, las promesas por parte de los candidatos en gran medida estarán basadas en el desarrollo social y serán estratégicos en las plataformas de campaña por parte de los partidos que van solos o en alianza, sobre todo para los aspirantes a una presidencia municipal, quienes no perderán oportunidad en prometer toda clase de beneficios sociales.