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Un vaso casi vacío

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Un vaso casi vacío
STAFF PUEBLA ON LINE 2009 7 de enero de 2013
Leo con sorpresa una nota que difunde la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) resalta (y eso es lo preocupante de la nota) que es considerada una de las mejores instituciones en el país como centro de investigación (http://cmas.siu.buap.mx/portal_pprd/wb/comunic/buap_de_las_instituciones_con_mayor_produccio_2136)
 
Los datos que utiliza indican que su producción científica en revistas especializadas supera los 1,900 artículos.
 
No obstante, el índice citado por la BUAP no resulta el más completo. El Ranking iberoamericano SIR 2012 (http://www.scimagoir.com/pdf/ranking_iberoamericano_2012.pdf) precisa que la BUAP produce alrededor de 1,600 artículos que se publican en revistas especializadas, de los cuales sólo el 36% se publica en las mejores revistas y el 7% son artículos de excelencia.
 
Estos números le permiten a la BUAP ser considerada la Universidad número 103 en Iberoamérica y la 52 en América Latina.
 
La UNAM no dista mucho de los números de la BUAP en términos cualitativos. Produce 18350 artículos que se publican en revistas especializadas, de los cuales 44.9% van a revistas de calidad y 7.9% son considerados de excelencia.
 
Las cifras son vergonzosas, si se miran los presupuestos destinados para esas actividades de investigación.
 
El problema mayúsculo que enfrenta la investigación en México pasa por tres vertientes: se está gastando mucho y se está gastando mal; se debería gastar más, pero la política en este ramo ha estado llena de buenas intenciones y pocas acciones reales traducidas en incrementos; y, por último, las universidades, que deberían ser los principales centros productores de esa investigación, están convertidas en feudos familiares o de grupos de intereses que, antes que tener un programa de calidad o un proyecto que genere importantes aportes, piensan en la conveniencia política y económica del mismo, no para la Universidad, sino para el grupo que la controla.
 
Sin investigación de calidad el país está condenado a ser difusor de información y su economía a seguir estancada. El modelo universitario debe cambiar para obligar a que tanto alumnos como maestros hagan investigación. No podemos esperar que el número de investigadores y la calidad de los proyectos sean altas sin que en el aula se le exija al alumno trabajos de calidad y con un mínimo de labor de investigación. Pero, mientras las universidades, facultades y centros de investigación sean controlados por verdaderas mafias (la palabra es fuerte, pero lo amerita en la mayoría de los casos), el alumno tendrá la tentación de pedir el amparo del jefe de la plaza que recrimine, amenace o cese al profesor por su osadía; o viceversa, el profesor acudirá al capo de capos para acabar con la carrera universitaria de un alumno que se queja de su mediocridad.
 
La solución, entonces, no sólo radica en dar mayor dinero a la investigación, sino en que éste se gaste de mejor forma y en que las universidades dejen de ser brazos políticos de gobernadores y partidos políticos.
 
Mientras eso no suceda, pocos avances podemos esperar, máxime cuando en el último evento en el que el Presidente Peña Nieto presentó su nombramiento al frente del Conacyt, poco o nada se dijo respecto de la evaluación de los programas actuales y de una transformación universitaria para incrementar y mejorar la calidad de la investigación en el país. Una mayor aportación estatal a la investigación, que fue lo único de lo que se habló, no garantiza avances en esta materia.
 
Es sólo una columna que sostiene un edificio que hoy es débil en su estructura y ofensivo en su estética, aunque algunos pretenden mostrarlo como un palacio sin igual. Con una política de ceguera por conveniencia, el vaso seguirá casi vacío, aunque, en su afán de megalomanía, algunos quieran alegar la plenitud del recipiente y la grandiosidad de su labor.
Staff Puebla On Line 2009
Staff Puebla On Line 2009