9 paraísos escondidos en México
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Descubre nueve rincones en BCS, Campeche, Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Quintana Roo, Sinaloa y Yucatán
Cuando creíamos que ya lo conocíamos casi todo, la revista México Desconocido nos presenta nueve rincones en BCS, Campeche, Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Quintana Roo, Sinaloa y Yucatán aparecieron para sorprendernos con su belleza sinigual.
1. Bosque de Maple en Talpa de Allende, Jalisco
El ecosistema es una herencia prehistórica -del periodo geológico del Mioceno- de hace 23 millones de años. En ese entonces, las bajas temperaturas de lo que hoy es México causaron que se trasladaran hacia el sur especies vegetales propias del norte del continente.
En otoño su belleza no tiene nombre. Sus hojas se van secando, y en ese proceso los árboles se iluminan en infinidad de tonos de fuego bajo los que uno avanza por frescos caminos. Además, las barrancas y laderas de esta zona de la Sierra Occidental se salpican de blanco y violeta cuando florean las magnolias, entre las que a veces cruzan veloces conejos y venados.
2. Ruinas de Calakmul, Campeche
La majestuosidad de Calakmul supera los más grandes esfuerzos de entendimiento: desde diciembre de 1982 ?cuando arrancaron las excavaciones a gran escala? y hasta hoy, cientos de investigadores auxiliados por ejércitos de jornaleros han mapeado la delirante cifra de 6,750 estructuras, y existe la certeza de que miles más permanecen ocultas bajo la tierra y el denso follaje de esta selva del sureste de Campeche. Aunque en relación a otras ruinas de la Península de Yucatán su explotación turística es insignificante, un hecho se ha vuelto casi incontrovertible: representan la metrópoli más importante de los mayas, la sede por varios siglos de su poder militar, cultural y económico. Y un dato impactante: este centro urbano, capital del llamado Reino de la Serpiente, estuvo poblado a lo largo de 1500 años.
3. Parque Nacional El Chico, Hidalgo
Abre bien los ojos para que contemples este valle colosal sobrevolado por aguilillas y halcones. Y ahora, aspira profundo: ya se desliza en tu cuerpo el poderoso frescor aromático de cipreses, pinos, abetos y encinos. Cualquier brecha del Parque Nacional El Chico, el sendero más ínfimo por el que camines, forzará tu umbral sensorial. Percibe cómo tus pies quiebran ramas caídas, esquivan raíces, saltan manantiales, aprisionan la tierra húmeda por la que hace un instante se escabullía una zorra gris. Ahora te apoyas en una roca amorfa de dos metros que es, en realidad, un rastro de la infraestructura con que los mineros ingleses de la Compañía de Aventureros de las Minas de Real del Monte extraían aquí oro y plata hace cerca de dos siglos.
4. Lago Camécuaro, Michoacán
El lago, cercano a la ciudad de Zamora se transforma físicamente en el otoño. Las hojas de los árboles toman distintos tonos de rojos que dan al agua, en que sumergirás tu remo, un denso color ladrillo sobre el que nadan grupos de patos blancos. El agua proviene de dos fuentes: del río Duero, y las bocas de manantiales que descubrirás en recovecos que borbotean. En este parque nacional protegido –te conviene ir entre semana? se puede nadar, acampar, chapotear en las pequeñas piletas tibias que se forman entre las raíces junto a los senderos, caminar o esnorquelear. Si no sabes nadar, abstente: este cuerpo de agua del municipio de Tangancícuaro en ciertos puntos alcanza 6 metros de profundidad.
5. Puerto Agua Verde, Baja California Sur
Escápate del mundo material, del confort prefabricado, vuélvete pionero de esta playa y cuéntale de su existencia a pocos; no sea que algo le pase a su secreta y austera belleza. El puerto pesquero de sólo 170 habitantes es un acuario natural que agasaja con la contemplación de lo desconocido. Quédate quieto en la playa y verás cómo desde su brillante agua verde salta, literalmente, su ajetreada vida oceánica: a plena luz del día grupos de impresionantes mobulas emergen de la superficie marina, igual que mantarrayas y delfines.
6. Bahía Santa María, Sinaloa
La panga zarpa en el primer minuto del amanecer y desde el pueblo de Reforma el sol es apenas un filo naranja que acuchilla el horizonte. “Verás al pájaro bobo patas azules”, promete el remero con que viajaremos por la Bahía de Santa María. “Pájaro bobo”, me repito confundido. Pero al llegar al islote El Rancho y ver al manto de aves que anida ahí, entiendo todo: las aves que se han vuelto emblema de esta región de Sinaloa caminan con torpeza, como si la naturaleza les hubiera puesto por error unas enormes patas membranosas destinadas a otro animal, y acentuara su falla pintándolas de un insólito azul encendido.
7. Cenotes de Cuzamá, Yucatán
Cuando en el pueblo de Chunkanán abordes tu truck, este trenecito sobre rieles que va tirando un caballo, no solo cumple un trámite para llegar a los cenotes de Cuzamá. Con ese viaje agreste de 7 km entre maleza replica el modo en que desde 1850 los agricultores de las haciendas llevaban hacia los talleres de procesamiento el henequén arrancado al campo.
8. Isla Danzante, Baja California Sur
La naturaleza alzó su escudo como si presagiara una devastación y dotó a la Isla Danzante de una defensa contra las embarcaciones: sus acantilados de hasta 150 metros continúan bajo el Mar de Cortés y hacen que el hombre desista de encallar. La diminuta isla es un templo virgen de leones marinos, 90 especies de peces, así como águilas pescadoras, pelícanos y gaviotas que vuelven en el ocaso luego de un día de pesca.
9. Playa Xcalacoco, Quintana Roo
Haz algo simple como poner un pie en la playa Xcalacoco y habitarás, en un mismo instante, varias dimensiones. Comencemos: atrás tuyo, a unos metros, aún existen porciones de selva de la Riviera Maya. Casi intransitable por lo cerrada, su hervidero de vida se manifestará, por ejemplo, cuando se despierten en la madrugada los rugidos de los ocelotes que caminan entre ceibas; o poco después que los aguaceros del verano arranquen el vapor de la tierra húmeda y lo impulsen hacia el océano.
Fuente: http://www.mexicodesconocido.com.mx/paraisos-perdidos-mexico-playa-xcalacoco-quintana-roo.html