#Ayotzinapa, miles claman por justicia en calles y redes sociales
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Por tercera ocasión las calles de la Ciudad de México se llenaron de personas que piden justicia y el esclarecimiento del caso de los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala hace 40 días. La marcha partió de la Residencia Oficial de Los Pinos y se dirigió hacia el Zócalo, la plaza más emblemática de la capital
Por tercera ocasión las calles de la Ciudad de México se llenaron de personas que piden justicia y el esclarecimiento del caso de los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala hace 40 días. La marcha partió de la Residencia Oficial de Los Pinos y se dirigió hacia el Zócalo, la plaza más emblemática de la capital.
A la llamada #AccionGlobalporAyotzinapa se unieron también otros países como Estados Unidos, Argentina, Chile, Holanda y Reino Unido. Como parte de las acciones que se llevan acabo, las principales universidades públicas y privadas del país convocaron a un paro de 72 horas que inició el miércoles y terminará el viernes.
Pasadas las cuatro de la tarde hora local, arrancó en la sede presidencial de Los Pinos la tercera gran manifestación ciudadana por la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa el 26 de septiembre.
A mitad de camino, y a falta de cálculos oficiales, la protesta ocupó gran parte del Paseo de la Reforma, una avenida nuclear de la ciudad, y alcanzó un volumen de decenas de miles de personas, sobre todo estudiantes universitarios.
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“¿Por qué-por qué-por qué / por qué nos asesinan / si somos la esperanza / de América Latina?”, cantan los estudiantes. “¡Ayotzi vive, Ayotzi vive, Ayotzi vive y vive-la lucha sigue y sigue!”. El predominio de los estudiantes es abrumador frente a la presencia aún discreta del ciudadano medio, del trabajador, del funcionario, del profesional liberal, de familias, aquellos sectores que, unidos al creciente impulso estudiantil, podrían hacer que las protestas actuales alcanzasen un nivel mayor de masa crítica. La indignación es notable y masiva, pero parece que de momento no ha roto diques.
“Este caso ha removido conciencias, pero todavía no es suficiente la respuesta”, dice Ilda Rosales, una profesora de 52 años que participa en la marcha con su hija Silvana, estudiante de cine. Detrás de ellas avanza una pancarta blanca con grandes letras negras en la que se lee: “El Estado ha muerto”. Silvana explica que los muchachos que llevan ese cartel son parte del “contingente” de escuelas de arte -un concepto organizativo que remite más a la disciplina marcial que a la rebeldía social, pero así se organizan las marchas masivas en México: por contingentes-. Su madre opina que falta que más gente de su generación se sume al movimiento, y cree que una de las razones de que eso no ocurra aún en mayor medida se debe a que a través de la televisión, el medio de más influencia en todo el país, se transmite “un discurso de conformismo y pasividad”.
“Aquí estamos, pegándole. Ayotzinapa está abriéndole los ojos a mucha banda”, dice Ana, estudiante de 16 años de Procesos Industriales en el Instituto Politécnico, un centro público de tradición reivindicativa, como demostró en octubre con una serie de marchas, relativas a aspectos de la reforma educativa del actual gobierno, que acabaron provocando que el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, bajase de su despacho a la calle para atender sus reclamos. A la izquierda de Ana hay un pequeño cartel en manos de otra joven: “Seguimos en pie, por la sangre de nuestros compañeros”.
Las marchas no están siendo canalizadas por partidos políticos. El caso Iguala, ocurrido en la zona de Guerrero, un Estado gobernado por la izquierda, el PRD, dentro de una República dirigida por un partido de centro, el PRI, ha potenciado en la opinión pública la idea de que la corrupción que aqueja al país hunde sus raíces en todas las formaciones.
A la cabeza están los alumnos de la mayor universidad pública de México, la UNAM; los del Instituto Politécnico, las escuelas de Magisterio rurales y los de la Universidad Iberoamericana, un prestigioso centro privado. Estas universidades han decidido hacer paros desde este miércoles hasta el viernes. El movimiento también incluye organizaciones sociales, sindicatos, colectivos de artistas o miembros críticos de la Iglesia.
Los estandartes no están siendo políticos ni figuras públicas, sino los padres de los desaparecidos, que al final de cada marcha anterior han expresado sus urgencias y sus emociones subidos a un estrado en el Zócalo, la plaza principal de la capital y el centro simbólico de México. En un país donde en los últimos años ha habido tantos asesinatos y desaparecidos que se hablaba —se sigue hablando— de una sociedad “anestesiada” ante el crimen, el caso Iguala parece abrir la vía a una reacción civil pacífica que exija un pacto social contra la injusticia.
Fuente: http://internacional.elpais.com/internacional/2014/11/05/actualidad/1415226712_360955.HTML