Daphne Selfe, la modelo octagenaria
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Daphne Selfe inició su carrera de modelo a los 20 años, pero fue cuando cumplió 70 cuando su carrera despegó: lucir arrugas y canas con estilo la ha colocado en un lugar privilegiado
Daphne Selfe inició su carrera de modelo a los 20 años, pero fue cuando cumplió 70 cuando su carrera despegó: lucir arrugas y canas con estilo la ha colocado en un lugar privilegiado.
S Moda hace un recuento de su vida.
A sus 85 años, esta esbelta mujer, de sobresalientes pómulos e interminable melena plateada, ha aguantado siete horas posando de pie, con una actitud envidiable y más energía que todos los que la rodeamos en la sesión de fotos (y al terminar se va al teatro a ver Hamlet, ni más ni menos). Las arrugas de su rostro delatan su edad o, más bien, una vida vivida intensamente, sin miedo al paso del tiempo. «Creo que uno debe enfrentarse a la vejez sin darle muchas vueltas», comenta sentada en el sofá de su casa, en una pequeña localidad al norte de Londres. «Es cierto que hay cosas que ya no funcionan como antes y, a veces, tengo que recordarme a mí misma que debo bajar el ritmo», confiesa.
Desde que Daphne cumplió 70 años ha visto cómo su carrera de modelo ha despegado (y eso que la descubrieron en los grandes almacenes donde trabajaba cuando solo tenía 20 años). Su prodigiosa naturaleza adulta la ha llevado a posar para Mario Testino o Nick Knight, participar en campañas de Olay, Nivea o Dolce & Gabbana (con Bianca Balti y Monica Bellucci –«recuerdo que solo hablaban en italiano, así que no pude conversar mucho con ellas»–), o a participar en el último videoclip de Paul McCartney, Queenie Eye, donde comparte escena con Johnny Depp, Lily Cole, Meryl Streep y Jude Law, entre otros.
Según Selfe, la principal razón de su reciente popularidad es que tiene una buena figura para su edad (asegura que su receta es hacer ejercicio y comer sano). Sin embargo, no le resta méritos a su larga melena y a sus facciones, claro. Jamás se ha planteado la cirugía estética o el uso de bótox, que define como «puro veneno». «Mi físico es lo que hace que las fotos funcionen. Antes solía teñirme el pelo, pero dejé de hacerlo porque era demasiado caro y trabajoso». También destaca su ética a la hora de trabajar: «Soy puntual, sé comportarme y trato de tener siempre una actitud positiva», afirma.
En 1998 la llamaron para participar en una pasarela benéfica. Y una periodista de Vogue UK le propuso posar en una sesión de fotos en la que se representaban diferentes edades. «Yo simbolizaba la vejez», comenta con cierta resignación. Pero gracias a aquel reportaje la agencia Models 1 decidió ficharla y Selfe empezó a trabajar sin descanso. «Todo lo que he vivido en estos 15 años me ha ayudado a llenar el vacío que dejó mi marido», comenta. «Me hubiese gustado que tanto él como mi madre me hubiesen visto. Sobre todo mi madre, que siempre me decía que si iba a visitarla, fuese bien vestida o, de lo contrario, no fuese», recuerda con una sonrisa y cierta nostalgia. Sus hijos y su nieta, de 17 años, están entusiasmados con su popularidad. «Siempre quieren saber todos los detalles de las sesiones», a las que va con una cámara de fotos y un diario en el que describe lo que ha ocurrido y a quién ha conocido.
«Cuando comencé como modelo, siempre tenía que llevar guantes, bolso y zapatos a juego, sacados de mi propio armario. También teníamos que maquillarnos y peinarnos nosotras mismas. Nos enseñaban etiqueta, cómo comportarnos en la mesa o cómo salir de un coche sin enseñar nada», cuenta. Ahora, sin embargo, «la gente no saca partido a la ropa y muchas chicas llevan cosas que no les sientan bien, solo para seguir las tendencias. No lo entiendo», afirma con rotundidad. Explica cómo un día, esperando en la estación londinense de Liverpool Street, se quedó absorta observando a las mujeres pasar. «Muchas iban de negro, con vaqueros o con el pelo mal cuidado, además de tener sobrepeso». Algo que, afirma, no existía en su época. «Antes se hacía más vida al aire libre y se caminaba más».