De deberes y necesidades están llenos los hogares y las escuelas
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El discurso en nuestra sociedad, en el ámbito formativo, está lleno del “deber ser” y de lo que “se necesita” para superar los problemas.
En la familia, cuando estamos en el terreno de lo deberes, se nos dice cómo debemos comportarnos, cómo y qué debemos comer, qué debemos tener y qué debemos hacer. Pero muchas veces el ejemplo que damos los padres no ayuda, nos alimentamos desordenadamente, fumamos, bebemos más café y alcohol que agua, no hacemos ejercicio y hasta decimos las malas palabras que nuestros hijos no deben decir porque todavía no saben cuándo y dónde decirlas. ¿En dónde quedó el deber ser si no predicamos con el ejemplo?
En la escuela, aunque cada vez menos o con menos claridad y firmeza, hay una serie de normas de conducta que hay que seguir. Pero más allá de eso, el deber ser predomina sobre la práctica o sobre datos de la realidad social que vivimos. Me explico con algunos ejemplos:
En la primaria nos enseñan a calcular áreas, perímetros y volúmenes a partir de fórmulas y cálculos escritos en el pizarrón o en un Power Point. ¿Por qué no practicar primero con una cinta métrica y medir diferentes cuerpos de diferentes maneras?
En secundaria y bachillerato, en las pláticas para evitar el embarazo y las adicciones, en lugar de usar videos aterrorizantes por las imágenes o el discurso aburrido del invitado experto en el tema, dejamos que los estudiantes realicen una investigación en la que tengan que consultar datos estadísticos sobre el fenómeno en cuestión y les pedimos que hagan una reflexión y propuesta de conducta a partir de los datos que encontraron. He escuchado a muchos profesores decir: “sí reflexiono con mis estudiantes sobre ese tema, les pongo ejemplos y les digo lo que puede suceder y cómo evitarlo”.
Y en las universidades, en donde se desea desarrollar competencias profesionalizantes, todavía hay muchas clases con Power Point, el profesor ya no tiene que resolver el ejercicio en el pizarrón o reconstruir con algunas ideas clave la manera en la que resolvió el caso o el problema, pues ya tiene su clase preparada con una presentación, que además le servirá muchas veces en el futuro. Aún en un laboratorio de diseño, con el cañón se proyecta paso por paso cómo se diseña cualquier objeto, incluso un objeto interactivo. En contraparte, es cierto también, aunque desafortunadamente con menos frecuencia, que muchos profesores hacen que sus estudiantes trabajen con casos reales, con o sin simuladores, desarrollando proyectos en los que se realizan diagnósticos, e incluso intervienen dependiendo del semestre, en escenarios reales y con actores reales; en estos casos, el reto es que los estudiantes partan de un verdadero diagnóstico de necesidades para formular sus propuestas y no se basen en lo que ellos suponen que las personas necesitan.
Transformar la cultura del “deber ser”, apoyándonos en el imaginario de lo que “se necesita”, implica que los profesores abandonemos una zona de confort en la que controlamos el proceso con lo que “sabemos”. “Debemos” y “es necesario”, que nos arriesguemos a acompañar a los estudiantes, transfiriéndoles la responsabilidad de manera planeada, para que ellos toquen, midan, interpreten y piensen “la realidad” a partir de pequeños trozos que ellos pueden delimitar con nuestra orientación.
Deshacernos del “deber ser” y del “es necesario”, es un ciclo difícil de revertir, hasta en la literatura especializada. Cuando mis estudiantes de licenciatura y posgrado en educación investigan los temas, que les ocupan y les preocupan, en fuentes arbitradas, encuentran más artículos y libros que hablan de lo que se necesita para resolver muchos tipos de problemas en educación, y por supuesto encuentran muchos textos prescriptivos, escritos por expertos y por no tan expertos, en donde se describen estrategias recomendables y deseables, pero muy pocos parten de un diagnóstico.
Por supuesto, que hay que revisar también los procesos de formación de profesores; privilegiando la relación investigación-acción de la práctica docente, diseñando una oferta diferenciada de acuerdo con los años de experiencia docente y llevando al profesor a que se ejercite diseñando actividades de su curso para sus estudiantes.
Lo que “es” puede ser mucho más rico que lo que imaginamos que “debe ser” y el “se puede”, puede ser un pensamiento trasformador de la práctica docente.
La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.
Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com
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