El paraíso escondido de la Costa Maya en Quintana Roo
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Una laguna encantada es lo que te espera entre los municipios de Chetumal, Bacalar y Majahual
En Quintana Roo no todo es Cancún y Rivera Maya. Para conocer el lado más virgen y natural del estado hay que viajar hacia el sur, la Gran Costa Maya. Arrecifes, aguas turquesas, zonas arqueológicas y una laguna encantada es lo que te espera entre los municipios de Chetumal, Bacalar y Majahual.
1. Rappel en el cenote del cocodrilo dorado.
Pocos saben que a 30 minutos de Chetumal, la selva esconde entre cañaverales una entrada al inframundo maya. Se trata de un cenote de 40 metros de diámetro en el cual se puede practicar rappel sobre una pared de 70 metros de altura. La aventura permite internarte en senderos habitados por tucanes, pájaros carpinteros y monos aulladores. Considera quedarte hasta el atardecer, cuando los rayos del sol iluminan los ojos de los cocodrilos. Está permitido acampar en las orillas del cenote. Los recorridos se contratan en Chetumal.
2. Esplendor maya.
Chetumal está rodeado por tres principales zonas arqueológicas: Kohunlich, ciudad habitada por la élite gobernante y donde se construyó el Templo de los Mascarones; de Dzibanché, se cree que en su periodo de esplendor compitió en dimensiones y poder político con otras ciudades como Calakmul, y Kinichná, con su acrópolis de tres niveles donde se encontraron ofrendas de jade. Las tres zonas se pueden visitar en un mismo día.
3. La laguna de los siete colores.
Una paleta de azules se abre ante los ojos de quien visita Bacalar, el único Pueblo Mágico del estado. La laguna, de aguas pocas profundas, es un atractivo que se debe recorrer en lancha o kayak para descubrir los siete cenotes que se conectan a través de este cuerpo lacustre. El más importante es el Cenote Azul, con 100 metros de profundidad. Para explorarlo es necesario contar con equipo de buceo o bien, rentarlo en el muelle de la laguna.
4. Contra los piratas.
Los cañones del Fuerte de San Felipe salvaron por muchos años a Bacalar y Chetumal de los saqueos despiadados de piratas ingleses, franceses, holandeses y africanos. Es por eso que se debe recorrer el ahora museo con cabinas, sables e instrumentos de navegación. Permanece abierto de martes a domingo, de 11 a las 19 horas. Entrada gratuita.
5. Arrecifes y barcos hundidos.
Muy cerca de la frontera que divide a México de Belice (a 50 kilómetros) se encuentra un edén llamado Mahahual, puerta de entrada al segundo arrecife más grande del mundo: Banco Chinchorro.
La barrera coralina, de mil kilómetros de extensión con barcos hundidos, es un rompeolas que convierte sus playas, casi vírgenes, en piscinas de agua turquesa y una extensa alfombra natural de arena blanca y suave. Sus habitantes han construido hotelitos y bungalows ecológicos que no superan los tres pisos, así no rompen con la armonía del entorno. Los restaurantes son en su mayoría palapas para saborearse la pesca del día.
6. La última playa virgen del Caribe.
Xcalak es más que una playa, es un santuario natural de los manatíes, manglares, medusas y estrellas de mar. La zona también es frecuentada por delfines y al realizar esnórquel se pueden observar langostas, caracoles marinos, esponjas y un sinfín de peces tropicales. En esta zona se encuentra la división natural que marca la frontera entre México y Belice conocido como Canal Boca Bacalar Chico.