Impacto emocional frente a las pérdidas
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A pesar del progreso tecnológico, del incremento en la expectativa de vida, de los avances en la medicina, no ha sido ni será inevitable la muerte, experiencia que nos ofrece emociones que en muchas ocasiones desconocíamos, nos pone frente al dolor de una manera vulnerable y más aún cuando la muerte es de un ser querido pues nos confronta con nuestra propia vida.
A pesar del progreso tecnológico, del incremento en la expectativa de vida, de los avances en la medicina, no ha sido ni será inevitable la muerte, experiencia que nos ofrece emociones que en muchas ocasiones desconocíamos, nos pone frente al dolor de una manera vulnerable y más aún cuando la muerte es de un ser querido pues nos confronta con nuestra propia vida.
V. Frankl manifiesta que existen tres rasgos inherentes a la muerte: la temporalidad, es decir que se va a vivir determinado número de años; la finitud, es decir que no somos eternos y finalmente la irreversibilidad, una vez presentada la muerte no hay vuelta ni retorno.
El proceso que se vive frente a una pérdida se conoce como duelo, es decir una secuencia de reacciones emocionales que permite protegernos ante la amenaza de las pérdidas inminentes, cada persona lo vive de manera diferente ya que tiene que ver con diversos determinantes como: el tipo de relación que tenía con el difunto, el género, el parentesco, la edad, el grado de dependencia, el soporte social con el que cuenta, sus vivencias previas a nivel cultural, familiar y religioso, entre otras.
La psiquiatra Elizabeth Kübler-Ross nos habla de 5 etapas por las que atraviesa una persona que vive un duelo, las cuales de alguna manera ayudan a reencontrar el equilibrio emocional, dicha secuencia no ocurre de manera cronológica, en ocasiones pueden cambiar su curso, detenerse o atravesar distorsiones. Vayamos clarificando estas etapas, en las cuales podremos experimentar síntomas tanto físicos como emocionales.
Negación de la noticia; en esta etapa se presenta un estado de shock, es un momento de incredulidad y confusión, incluso se experimenta una parálisis que pareciera indiferente y distante, en ocasiones se presentan expresiones de rechazo frente a la muerte, la negación como mecanismo de defensa es muy útil pues permite asimilar la realidad de forma paulatina.
Ira; se presentan lamentaciones, arrebatos, llanto insólito, desesperación, se busca a un culpable de la muerte, Dios, un médico, un descuido, se plantean preguntas como ¿por qué a mí? ¿Por qué ahora?, en ocasiones dialogar y llorar ayuda a canalizar la ira, en esta etapa todo parece mal y la ira se desplaza a todas direcciones buscando encontrar una respuesta.
Negociación; se busca negociar con Dios, con la vida o con los médicos a cambio de promesas o sacrificios, el sentimiento que más aparece en esta etapa es el de volver atrás imaginar regresar el tiempo, se repiten los hubiera…, un deseo por recuperar el tiempo.
Depresión reactiva; se presenta desolación, impotencia, vacío existencia, nostalgia, desasosiego, lamentaciones, comienza a dejar ver su depresión con llanto excesivo, desánimo, una tristeza excesiva que en ocasiones se presenta con síntomas fisiológicos como disminución de apetito y peso, sueño excesivo o dificultad para dormir, desinterés por el cuidado personal, las defensas disminuyen por lo que se pueden presentar enfermedades virales, aunque en todas las etapas se requiere acompañamiento en esta es muy importante el apoyo emocional.
Aceptación de lo sucedido; Se acepta la pérdida, en muchas ocasiones esta aceptación es acompañada de preocupaciones y tareas pendientes que el difunto a dejado, situaciones familiares, económicas o espirituales, el dolor por la ausencia toma un nuevo significado.
En lo que respecta a la duración del duelo, es variable y dependerá de distintos factores, puedo durar de 6 meses hasta dos años, no se vive este proceso de manera similar cuando el fallecido es un niño o un adulto, si es por enfermedad terminal o accidente, si es un suicidio o un homicidio, si es la pareja, un hijo o un hermano, si es una muerte repentina o anticipada; en lo que sí se puede coincidir es que frente a la muerte se replantea la propia vida, se asumen nuevas responsabilidades y se reorganizan las emociones.
Finalmente, es importante identificar que no estamos preparados para enfrentar la pérdida de una manera sana, de modo que, será importante buscar apoyo profesional que nos permita aceptarla, trabajar las emociones que se generaron, encontrar los mecanismos que nos permitan adaptarnos a la ausencia y recolocar todo ese amor que teníamos por la persona amada.
La autora es alumna de maestría de la Universidad Iberoamericana Puebla.
Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com
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