La violencia narrada por mujeres
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La escritora Fernanda Melchor es egresada de la maestría en Estética y Arte en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, donde investiga las cualidades expresivas de la imagen fotográfica de nota roja
En 2007, Fernanda Melchor obtuvo el primer lugar del certamen Virtuality literario Caza de Letras, convocado por la UNAM; en 2012 ganó el Premio Nacional de Periodismo Dolores Guerrero, por la crónica Veracruz se escribe con Z, con historias ligadas al narcotráfico; en 2013 otras de sus crónicas sobre el puerto de Veracruz aparecieron en Aquí no es Miami (El Salario del Miedo/ Almadía/ Universidad Autónoma de Nuevo León), ese mismo año vio la luz su novela Falsa liebre (Almadía).
La escritora nacida en Veracruz en 1982, entrevistada por El Universal asegura que el realismo literario le interesa porque quiere contar historias que tengan que ver con las posibilidades del yo en la época en la que vivimos.
Melchor también es periodista por la Universidad Veracruzana, tiene diplomado en Ciencias Políticas por el Institut dÉtudes Politques de Rennes, Francia, y es egresada de la maestría en Estética y Arte en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, donde investiga las cualidades expresivas de la imagen fotográfica de nota roja.
¿Qué me interesa del realismo? La experiencia corporal. Las novelas que me gustan son aquellas donde uno puede olvidar que está leyendo un texto y entra a la corriente de la vida. En mis relatos trabajo mucho con el cuerpo. No se trata de hablar de si un personaje tiene sed, sino de cómo se siente esta sed, cómo se hincha la lengua o duele el estómago, dice la autora de Falsa liebre, historia protagonizada por cuatro adolescentes que viven la prostitución, la violencia y son víctimas del poder.
Fernanda Melchor llama a su literatura realista, más que hiperrealista. Si tuviera que definirla diría que es sensacionalista, no en el término peyorativo de amarillismo, sino de producir sensaciones en el lector. Su tema es la violencia porque está presente en toda relación de poder.
Sabe que su lenguaje es duro y crudo porque es real y al mismo tiempo no es real. Si hubiera puesto a hablar a los chavos como hablan en Veracruz está bien cañón que la gente entienda, la literatura no es poner la grabadora; por un lado está la realidad y cómo la gente habla y por el otro está la literatura, el arte y la representación. Uno debe tratar de conservar cierto sazón local sin sacrificar la comprensión, afirma la autora del blog olasdesangre.wordpress.com.
La escritora reflexiona sobre sus compañeras de ruta: Creo que la principal diferencia no es temática o formal sino estilística: lo que las escritoras de los 80 proponemos (y no sólo nosotras, sino en general todas las nuevas generaciones) son nuevos estilos, nuevas formas de trasladar la realidad, nuestras vivencias, nuestras formas de estar en el mundo, a la literatura. Para mí, la verdadera innovación que un escritor puede aportar está en este ámbito, en el de la autoexpresión.