Nicole Kidman reencarna a la princesa Grace de Mónaco
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La historia está ambientada en plena crisis económica y política entre Francia y Mónaco
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La grandísima actriz de la época dorada de Hollywood, Grace Kelly, a sus 33 años y en lo más alto de su carrera cinematográfica, se convierte en Su Alteza Serenísima la Princesa Gracia de Mónaco tras enamorarse y casarse en 1956, rompiendo todos los protocolos de la época, con El Príncipe Raniero III. La difícil adaptación por el repentino cambio de vida, del Hollywood más glamuroso al reinado más protocolario, pondrán en tela de juicio si Grace Kelly está preparada o no para asumir su papel dentro del Palacio Grimaldi y si el pueblo acabará aceptando a una princesa diferente e inesperada.
La historia está ambientada en plena crisis económica y política entre Francia y Mónaco en la que, se supone, la actriz estadounidense estuvo involucrada.
Olvier Dahan (Un gran equipo, 2012) retrata una etapa de la vida de Grace Kelly, una única etapa en plena adaptación a la vida de palacio y en la que tuvo que enfrentarse a la dura tarea de dejar definitivamente su vida de actriz y, a su vez, lidiar con la crisis política que tuvo en vilo a Francia y a su nuevo país a finales de los sesenta. Es una pena porque hubiese sido más interesante ver la vida de Grace en su etapa de actriz y posterior enamoramiento con el príncipe de Mónaco.
Dejando aparte todo lo que Grace de Mónaco ha generado fuera de las salas, estamos ante un biopic totalmente al uso. El director Olivier Dahan se centra totalmente en el personaje de Grace Kelly, tanto es así que los primeros y primerísimos planos de una esforzada Nicole Kidman (Stoker, 2013) acaban siendo tediosos y aburridos. Se nota que Kidman intenta dotar a su personaje de matices pero Dahan se equivoca en evocar toda su mirada en ella. Tim Roth (Funny Games, 2007), un Raniero sorprendentemente bien interpretado y creíble (no porque no crea que Roth es un buen actor, que sin duda lo es, si no porque la elección de casting sorprendió a todos por su poco parecido con el príncipe de Mónaco) acaba teniendo poco peso en una historia que pedía a gritos algo más de su presencia.
La narrativa es totalmente clásica: de forma muy rápida y agradecida, el director francés nos muestra a una Grace Kelly ya casada y con hijos pero todavía inadaptada; el personaje que interpreta Frank Langella (Una amigo para Frank, 2012) se convierte en su mentor; Grace Kelly encuentra aliados para llevar a cabo su cometido; el mentor sabe que ya no puede enseñarle nada más pues la alumna está preparada para enfrentarse ella sola a su gran cometido. Relato clásico y básico donde los haya.
Fuente: http://losinterrogantes.com/cine/criticas/critica-pelicula-grace-de-monaco