Olvidan la defensa popular de Veracruz a 100 años de la invasión de EU
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El ejército regular abandonó el puerto sin presentar combate al invasor y fue el pueblo que de manera espontánea se lanza a las calles
Proceso informa que pintores, escritores, antropólogos, fotógrafos, dramaturgos y otros creadores miembros del Comité Veracruz 1914 y del colectivo Xilonen organizarán diversos actos artísticos y culturales independientes, en desacuerdo con lo programado por el gobierno federal y estatal a 100 años de la ocupación estadunidense en el puerto veracruzano.
El pintor y escritor Mauricio Peña Santamaria, coordinador técnico del Comité Veracruz 1914, denuncia en entrevista que las autoridades federales y estatales “han acaparado todo con respecto a los 100 años de la intrusión yanqui, que será el 21 de este mes de abril, y no permiten que participe la población civil”.
Lo mismo pasa cada año, rememora:
“La ceremonia se efectúa en la Escuela Naval Militar y no puede entrar la gente porque va el presidente de la República en turno. Ahora nos organizamos los integrantes del colectivo cultural Xilonen, pues además no se destaca que la defensa de Veracruz fue hecha básicamente por civiles, pero el gobierno hace que la Marina se lleve las palmas.”
Según el libro Invasión yanqui, de Justino Palomares, la Marina recibió la orden de retirarse, cuenta Peña:
“El general Gustavo Maass decide que se va; pero a la mitad que le pide quedarse por voluntad propia se le consideró como desertores (sic) porque no estaban acatando un mandato. Igual se quedaron militares, aunque realmente fueron los civiles quienes defendieron el puerto. También se unieron libaneses, alemanes, españoles e italianos radicados en Veracruz. Queremos destacar esto.”
Asimismo, el Comité Veracruz 1914 propone que el centenario de los hechos de 1914 abarque eventos durante los siete meses que duró la ocupación, desde el 21 de abril hasta el 23 de noviembre, “y no sólo limitarse al 21 de abril”. Bajo el lema de A 100 años de la defensa y desocupación de Veracruz, el comité ha iniciado sus actividades con la exposición colectiva 1914. Ocupación y desalojo, en la que intervienen los artistas plásticos porteños Rosario Águila, Néstor Andrade, Gloria Banda, Enrique Delón, Bruno Ferreyra, Elisa Galván, Flavio Hernández Rincón, Luis Mellado, Sergio Tenchipe y el propio Peña.
La mayoría de los exponentes tienen al menos 25 años de trayectoria y son egresados de la Escuela Municipal de Artes Plásticas dependiente del INBA-Veracruz. Dicha muestra se inaugurará en la capital del país el 26 del presente mes, en el Museo Casa del Risco del Centro Cultural Isidro Fabela (San Jacinto número 5, San Ángel).
Pueblo abandonado
Este 21 de abril se conmemorará el 100 aniversario de la defensa popular contra la ocupación estadunidense del puerto de Veracruz. Una vez más el pueblo veracruzano protagonizó una de las páginas más heroicas de la resistencia de los mexicanos frente al intervencionismo de Estados Unidos. Como ocurrió en la ciudad de México el 14 de septiembre de 1847, con ocasión de la entrada de la soldadesca estadunidense, el ejército regular abandonó el puerto sin presentar combate al invasor, y fue el pueblo que de manera espontánea, y sin un plan preciso de defensa, se lanza a las calles, levanta parapetos improvisados, se posesiona de esquinas, azoteas, balcones y campanarios, y con escasos pertrechos y unas pocas armas, se dispone, con su lucha perdida de antemano, a defender la soberanía y la dignidad nacionales.
El combate que se libra no podría ser más desigual. Estados Unidos, protegiendo sus vastos intereses económicos en nuestro país (petróleo, minas, tierras, ferrocarriles, etcétera) y pretendiendo erigirse en el árbitro supremo del conflicto revolucionario mexicano en marcha (Ver: Friedrich Katz, La guerra secreta en México, t. I, México Ediciones ERA, 1982), fondea frente al puerto de Veracruz 44 barcos de guerra, tres buques hospitales y varias unidades más de aprovisionamiento, iniciándose el desembarco, que en cuatro días llega a situar en el terreno a más de siete mil hombres. La fuerza expedicionaria contaba con los medios de guerra más modernos de la época: rifles de repetición Lee, ametralladoras Gattling y Colt, artillería de grueso calibre, ilimitado suministro de municiones y pertrechos bélicos y, además, el apoyo artillero de la flota anclada en la bahía.
Con anterioridad al desembarco, los agentes estadunidenses habían logrado neutralizar la posible participación en la defensa del puerto del Ejército federal mexicano, bajo el mando del general Gustavo A. Maass, de las tropas de Victoriano Huerta, quien dio golpe de Estado al presidente Madero, conminándolo a no resistir y a dejar la plaza. Efectivamente, en las primeras horas del 21 de abril, Maass se retira del puerto rumbo a Tejería, abandonando a la población a su suerte y llevándose el grueso de sus tropas, la mayoría de las armas pesadas y ligeras, con su dotación de municiones, llegando incluso a olvidar, en su precipitada huida, la bandera del batallón que comandaba, su espada y sus condecoraciones.
Al igual que en 1847, el pueblo inerme se vio de pronto enfrentado a un hecho consumado: la cuarta invasión extranjera en menos de un siglo, sin más medios de defensa que su profunda indignación y su decisión de resistir. Ante la evacuación de la plaza por el Ejército federal y subestimando la capacidad de respuesta de nuestro pueblo, los yanquis ocuparon, confiados, posiciones estratégicas cercanas al muelle. En los planes estadunidenses no esperaban encontrar resistencia en la toma del puerto. El poderío de la flota naval y la visible demostración de fuerza expresada en el desembarco masivo hacían difícil suponer un ataque contra las fuerzas invasoras.
No obstante, el estupor inicial y la vergüenza del pueblo veracruzano al propagarse la noticia del desembarco se desvanecen al escucharse los primeros disparos aislados: un solitario y modesto policía municipal, Aurelio Monfort, descarga airado su pistola frente a un nutrido contingente de marines, siendo inmediatamente acribillado por el fuego cruzado de la fusilería enemiga.
El pueblo reclama armas con exasperación, peleando incluso por las pocas que habían sido dejadas por el ejército. Otros se arman con algunos rifles y pistolas ofrecidas por algunos comerciantes. Algunos patriotas esperan turno, en medio del combate, para recoger las armas de los caídos: se registra un caso en el que ocho voluntarios civiles combaten con un solo rifle por horas. Grupos de voluntarios civiles y algunos militares patriotas bajo el mando del coronel Manuel Contreras se distribuyen en grupos pequeños por los edificios y las esquinas de la ciudad sitiada.
Fuentes: http://www.proceso.com.mx/?p=370193