CONTROVERSIA POR CINEMÓMETROS: MITOS Y REALIDADES
Arturo Luna Silva
El natural descontento por las multas que se impondrán a quienes excedan en Puebla capital los límites de velocidad en vías primarias (50 kilómetros) y secundarias (30 km/h), que medirán los cinemómetros, ha generado tanto ruido, que se han pasado casi por alto los argumentos sobre el beneficio colectivo que representa la regulación de la velocidad de los automotores en la ciudad. De uno y otro lado hay reflexiones que vale la pena atender, pero para ello se requiere la serenidad que tanto escasea en estos temas.
El malestar, en primer lugar, es por las multas, que llegan casi a los dos mil pesos.
De ahí que la crítica principal es que se trata de un “programa recaudatorio”, uno más, dicen los opositores, del Ayuntamiento de Puebla.
Si en el esfuerzo por regular la movilidad urbana no hubiera penalidades, seguramente nadie cumpliría con las nomas.
Esta relajación del comportamiento, por no decir irresponsabilidad, está en el ADN de los ciudadanos del país, del estado y de la ciudad.
Hay que reconocerlo.
Este tipo de medidas de contención a los excesos de velocidad se aplican prácticamente en todas las urbes importantes del mundo.
Pero en México y en Puebla siempre queremos ser la excepción.
Las autoridades municipales han argumentado, con razón, que un vehículo no pude eludir con éxito un evento de tránsito, contra otros automotores o contra peatones, y evitar un percance, a más de 50 o 30 kilómetros por hora, dependiendo las circunstancias.
Efectivamente, es una obviedad que a menor velocidad, los mecanismos de frenado y control del vehículo son más eficientes.
Está comprobado.
De eso no tenemos ninguna duda.
En segundo lugar, varios usuarios de redes, algunos desde la visceralidad y otros con una aportación reflexiva, han planteado si esos límites son los más adecuados.
Han reclamado que, con los cinemómetros, Puebla se convertirá en una “ciudad tortuga”.
El 22 de agosto entrarán en funcionamiento completo.
La gente está muy enojada y se expresa por las vías a su alcance, principalmente las redes sociales.
Desde ahí hay un cúmulo de llamados a que, en esta medida, haya “piso parejo” respecto del transporte público, cuyos choferes están tan, pero tan acostumbrados a ignorar y violar consistentemente las normas viales.
Todas.
De acuerdo con las autoridades municipales, en promedio 65 por ciento de los conductores lo hace a exceso de velocidad.
Del transporte público y del transporte privado.
Hay un recuento también de accidentes que reporta que, en lo que va de 2022, se han registrado por esta como principal causa, 3 mil 358.
Efectivamente, esta medida, que pega en el bolsillo, terminará por inhibir los excesos en el tránsito.
Los cinemómetros representarán un paso más a la regulación de la movilidad.
También, probablemente, deberán ajustarse los horarios que tenemos cotidianamente, para salir con mayor antelación hacia nuestros destinos, por los retrasos que habrá con la disminución promedio de la velocidad.
En todo esto, si usted no quiere que lo multen, no se exceda.
Habrá después que medir los beneficios colectivos.
Mientras tanto, no reclamemos solamente el “derecho” a ser cafres.