Vuelven los muertos para andar las calles de Huaquechula, Puebla
joomla.2019
Las ofrendas monumentales se convierten en la puerta del inframundo al plano terrenal
Huaquechula, Pue.- En esta comunidad poblana de ancestral y mística memoria, los pasos de los muertos vuelven a andar sus calles en estos días en que el plano terrenal de funde con el inframundo.
La creencia popular, muy subrayada en este poblado milenario, hace ver con alegría que las almas cruzar esa puerta inmaterial que les abren sus deudos con las ofrendas monumentales, que son referente nacional e internacional y cuyo origen se pierde en los siglos, desde los primeros asentamientos de indígenas xicalancas y teochichimecas, en el año 1110.
Los también llamados altares monumentales -que miden entre 2.5 a 5 metros, en algunos casos- son una puerta al más allá, para el paso de los difuntos del inframundo a la tierra, a través de los espejos en que se reflejan las fotos de los difuntos, con los que se abre un portal a los muertos que han dejado el mundo terrenal durante este año.
Sin importar la humildad y la pobreza, las ofrendas recuerdan que los muertos ahora están aquí, andando los mismos caminos de los vivos, al menos por unos días.
En este lugar, a una hora de la capital poblana, hacia la Mixteca, las ofrendas combinan la espiritualidad prehispánica con la religiosidad que trajeron los españoles a la nueva tierra.
El sincretismo se convierte en arte local y deslumbra a los más de 80 mil visitantes que se esperan en este 2018, según el cálculo del actual ayuntamiento.
Esta expresión de la cultura de Huaquechula ha tenido incluso reconocimiento internacional, al participar en exposiciones en museos de Londres, Inglaterra, Irlanda y Canadá.
El sincretismo
La forma piramidal de los altares evocan a los ancestros indígenas, que alternan con las figuras rituales del catolicismo: vírgenes en caso de las mujeres, Cristos en caso de los hombres.
Sus tres niveles recuerdan el mundo terrenal en la parte baja; el espiritual en la parte media y la gloria, en la parte alta.
Entre ellas, están los característicos niños que lloran las ausencias ocurridas entre octubre de 2017 y este septiembre de 2018. Son los muertos recientes los que pueden volver y quienes son recibidos en las casas de este poblado.
En los altares también están la comida y bebida favoritas de los difuntos, especialmente con las piezas de pan, hojaldras y rosquetes, que simbolizan el rostro del fallecido.
Es característica la colocación de un espejo y a contraposición una foto del difunto, en la parte baja, que simboliza el paso desde el inframundo, la separación de nuestra materia y el espíritu, el más allá.
De los accidentados hasta la despedida
Las fiestas de muertos, que culminará el 2 de noviembre con tapetes de flores para recibir y despedir a los difuntos, comienzan el 28 de octubre con el levantamiento de altares a los accidentados, o aquellos que fallecieron violentamente.
Este 2018 Huaquechula tendrá 35 “ofrendas nuevas”, en honor a quienes fallecieron en el transcurso de octubre de 2017 a septiembre de 2018.
Con la secuencia de los días, luego vendrán las ofrendas a los niños, el 1 de noviembre.
Después a los demás difuntos, para terminar precisamente el 2 con la despedida de quienes regresarán al inframundo, con el ofrecimiento de comida en las casas, en los que todos son bienvenidos, locales y turistas, conocidos o desconocidos y, por supuesto, muertos y vivos, describe Dominga, quien en su altar recuerda a su hijo Vicencio, conocido entre sus amigos como “Mariano”, quien falleció en un accidente apenas en agosto pasado.
El origen
Carlos Ismael Ponce Vargas, director de Cultura y Turismo del Ayuntamiento de Huaquechula, describe en entrevista que “los altares monumentales tienen como antecedentes los que se hacían en la época colonial para la Semana Santa, y luego se utilizaron en la celebración de muertos”.
“Además está la idiosincrasia y la cosmovisión de la ciudadanía de Huaquechula, puesto que todo el altar está repleto de simbolismos, que nos explican el trascender de las ánimas, desde el momento en que fallecen hasta llegar a la gloria.
Esta tradición fue declarada Patrimonio Cultural del Estado de Puebla el 6 de agosto de 1997.
Ponce Vargas asegura que a pesar de la llegada masiva de turistas y comerciantes en torno a la celebración de muertos, las familias de Huaquechula “siguen manteniendo bajo recelo nuestras costumbres y nuestras tradiciones; siguen siendo íntimas y celosamente resguardadas”.