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La Monarca, la fiel mariposa

Karina Cruz Ruiz

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Karina Cruz Ruiz KARINA CRUZ RUIZ 5 de marzo de 2009

“¿Por qué se te ocurrió venir a ver hasta acá?”, me preguntó mi inquieto sobrino de 6 años mientras apretaba el paso al tiempo que su corazón latía a ritmo por demás acelerado. “¿Fue para caminar mucho o sólo para ver las mariposas?”, insistió el primogénito de mi hermano mayor.

Después de casi una hora de haber caminado cuesta arriba, Max y los cientos de personas que refunfuñábamos en el trayecto, entendimos el motivo por el que se viaja desde cualquier parte del mundo sólo para llegar hasta ese rincón de Morelia.

Y es que mientras te vas adentrando en el bosque que alberga al Santuario de la Mariposa Monarca, más de diez dan por hecho, movidos más por la negatividad que por el escepticismo, que cuando se llegue a la cima sólo va a haber unas cuantas mariposas (por aquello de ser una especie en peligro de extinción).

“Para que cuando tengas hijos, les puedas contar  lo que estás viendo, porque quién sabe si este santuario aún exista en unos años más”, le respondí a Max segundos después de haber llegado a ese maravilloso rincón donde miles de monarcas revoloteaban entre los rayos del sol.

Fiel a su destino, cada año a fines de octubre, millones de mariposas monarca llegan a los bosques michoacanos después de un largo viaje de 4 mil 500 kilómetros provenientes del norte de Estados Unidos y Canadá.

Por capricho de la naturaleza, estas especies naranjas eligen año con año hibernar y reproducirse a 33 kilómetros de Zitácuaro, para una vez que entre la primavera regresen al norte del continente, cumpliendo así con un ritual que data desde tiempos prehispánicos.

El Santuario de la Mariposa Monarca está enclavado en el municipio de Angangueo, palabra que tiene tres significados: “Dentro del Bosque”, “A la entrada de la Cueva”, y “Cosa muy alta”. El rincón de las monarcas se ubica a 2 mil 350 metros sobre el nivel del mar.

Así que si no tienes nada que hacer, bien puedes escaparte este fin de semana a esta mágica reserva natural. Puedes hacerlo por tu cuenta o por alguno de los paquetes que ofrecen las agencias de viaje, en Puebla todas lo tienen por $500 en promedio.

Basta con sólo un día y no más de $200 pesos para pasar un día mágico y exquisito. Iniciando muy temprano con un atole de guayaba o zarzamora caliente y quesadillas. Para el camino es importante el agua. Si eres de los que las emociones fuertes alborotan su ritmo cardiaco, no te preocupes, por otros $200 pesos cuatro fuertes nativos te llevan cargando en camilla ¡hasta la cima!. Para el regreso es básico el pulque, los elotes, las andrinas (fruta que para mí es una ciruela roja pero en pequeña), o hasta un menú típico. Por supuesto los manteles bordados y souvenirs de todo tipo con mariposas son la constante. Lo mejor: a muy bajo costo.

Karina Cruz Ruiz
Karina Cruz Ruiz
Comunicóloga y Psicoanalista con 22 años de trayectoria interdisciplinaria. Fan de las historias de vida, el cine, la música y la literatura.